
Son las cuatro de la mañana y Rodrigo Zapiola intenta explicarme, con sus rudimentos de beatbox, las arritmias que imaginó para el sonido de S.E.U.D.O., acrónimo de Sistema Emocional Uruguayo Directo al Oído. Una banda emergente de Montevideo que irrumpe en la escena musical con una propuesta compleja y contundente. Su sonido se enraíza en el grunge, fusionando su intensidad característica con matices propios de la música uruguaya, dando como resultado una identidad sonora única.
Este es un proyecto en el que el crisol de talentos que componen la banda son capaces de interpretar la magia que sucede en su cabeza todo el tiempo, algo que yo, al parecer, sigo sin lograr. Dibujante, músico y cineasta, conversar con Zapiola es un desafío tan hermoso como lo fue la grabación del primer disco de S.E.U.D.O, Bienvenida diferente, editado en vinilo y producido por Totey. Disponible en plataformas como Spotify, Amazon Music y Apple Music, el álbum condensa años de búsqueda y experimentación.
La banda, integrada por Pablo Deferrari (bajo), Diego Osorio (guitarra) y Rodrigo Zapiola (guitarra y voz), comenzó sus ensayos en 2019 con Elías Castro en batería. Sin embargo, con la pandemia de COVID-19 y la imposibilidad de tocar en vivo, optaron por un enfoque más introspectivo: grabar lentamente su disco debut. Zapiola, inquieto y comprometido con el proyecto, llegó a presentar algunas de sus canciones en una parrillada donde es habitué, guitarra acústica en mano, pero acompañado por los espíritus de sus compañeros de banda.

Inundado de influencias que abarcan todas las épocas y estilos, pero fiel a su generación como precoz abanderado del Grunge —tanto en estética como en sentir existencial—, el sonido de Bienvenida diferente nos transporta a una atmósfera noventera, donde el eco de Alice in Chains resuena con el matiz local de Buenos Muchachos.
El sonido de S.E.U.D.O. se compone de dos guitarras filosas y metálicas, riffs bien pesados y rockeros, pero también hay guitarras acústicas y criollas dulces y melancólicas, explorando territorios del pop rock, el folk rock e incluso la chacarera y el folclore. Diego, con un estilo más definido y digitado, busca notas dulces, pero en general su guitarra es “una vieja eléctrica, furiosa y a la vez juguetona y saltarina, sonando en una cueva bien áspera”, según se bromea en el grupo. Rodrigo, en cambio, tiene un enfoque más tosco y sucio, con momentos casi bestiales, jugando con acoples y arreglos delicados dispersos. Su voz oscila entre el espasmo gutural y la sensibilidad tanguera del siglo XXI, mezclando el blues con la melancolía existencialista. Pablo, en el bajo, aporta una base permeable y climática, con tintes funk pero también protagonismo melódico.
Lo inesperado tiene su espacio en la banda. Rítmicas poco convencionales, como el estribillo de Parten olas o los versos del tema que da nombre al disco, revelan una búsqueda constante de identidad. Aunque las canciones nacen de Zapiola, la comunicación entre los músicos es instintiva, y sus influencias se entrelazan con naturalidad: Diego aporta su devoción por Radiohead, Pink Floyd y Tool; Pablo, su admiración por Hendrix, Parliament Funkadelic y el jazz fusión. Todo esto se combina con el ADN de la banda, un cóctel sonoro donde conviven Tori Amos, Zitarrosa, Smashing Pumpkins, Rubén Rada, Soda Stereo, Janis Joplin, David Bowie y hasta bandas sonoras y música kitsch en 8 bits. El grunge clásico —Alice in Chains, Soundgarden, Pearl Jam, Nirvana— y la omnipresente influencia de The Beatles están ahí, pero el objetivo no es imitar, sino evolucionar.

El viaje sonoro de Bienvenida diferente comienza con Cortina de plumas, un tema que rompe el silencio como si nos transportara a los tiempos en que MTV dominaba las pantallas catódicas de los adolescentes, en lugar de encogerse en un teléfono celular. Luego, Niña luz quiebra la voz y nos sumerge en un territorio poco explorado en el rock alternativo latinoamericano, un sonido que solo había sido rozado, años atrás, por la banda maragata Pólvora en Chimangos.
S.E.U.D.O. no es solo una banda con talento, sino con una visión clara. No buscan replicar, sino reinterpretar, trayendo al presente una energía que el rock alternativo latinoamericano ha sabido canalizar: la nostalgia, la angustia y la belleza de lo efímero.
La producción del álbum es meticulosa, permitiendo que cada instrumento brille sin saturar el espacio sonoro. Los arreglos denotan madurez artística, equilibrando innovación y esencia. Y las letras, honestas y viscerales, exponen una bipolaridad emocional, una necesidad de romper el vacío con distorsión:
Consumí, me arruiné
Rasco mi cerebro
Hay neuronas en mis uñas

El 2025 los espera con grandes planes: la presentación formal del disco y la filmación de otro videoclip antes de fin de año. Bienvenida diferente no solo marca un hito en la carrera de S.E.U.D.O., sino que enriquece el panorama musical uruguayo con una propuesta fresca y provocadora.
Pasaron varios ómnibus aquella noche mientras el hermoso espíritu de Zapiola utilizaba todos los recursos a su alcance para hacerme entender su visión artística. Ojalá, estimado lector, tuviera la suerte que yo tuve de compartir con él aquella espera noctámbula. Por suerte, siempre puede acudir al disco debut de S.E.U.D.O. y asomarse a esa hermosa sensación.














































