
El estreno de la versión original fue el 31 de agosto del año 2000. Otro país, otra época, otro contexto. Y en este caso, la expresión más cabal del nueno cine argentino, un movimiento rupturista y de vanguardia que tomó distancia de las habituales producciones surgidas al despertar de la recuperación democrática, entre mediados de la década del 80 y mitad de los años 90. Ese colectivo se caracterizó por trabajos más realistas, centrados en los planos secuencias y siguiendo las circunstancias de personasjes sometidos a la incertidumbre, mediante una trama que no tiene linealidad en el relato sino que apuesta a formas inesperadas de construir sus historias. En síntesis, se pone de manifiesto el azar, el individualismo y la fragmentación del sujeto moderno.
Sin embargo, y hasta desde un punto de vista filosófico, existe una permanencia que sobrevive a los cambios y las continuas transformaciones de una sociedad local atravesada por los impactos de la aldea global. En pleno neoliberalismo, etapa de despersonalización, vacío existencial y caída de las utopías, sobrevive la épica de los sectores marginales.
En ese contexto, Nueve Reinas fue la película más lograda, superlativa y trascendental de Fabián Bielinsky, un director de inconmensurable talento que sólo ha dirigido dos películas (la otra, El aura, estrenada en 2005), antes de fallecer en 2006, a los tempranos 47 años de edad como consecuencia de un ataque al corazón.
Con un elenco calificado, en el que se destacan Ricardo Darín, Gastón Pauls y Leticia Brédice, dueños de actuaciones consagratatorias que les valieron importante reconocimiento de la crítica a nivel general, el argumento es tan sencillo como conocido, atrapante y a la vez descriptivo de modos de ser que están instalados en la argentinidad: un thriller policial, con dos delincuentes que unen sus habilidades para estafar a las personas o grupos empresarios, es el eje de una narrativa que inspira el delirio y la adrenalina de salvarse solos a como dé lugar, aspirando a ser millonarios en menos de 24 horas.
La película muestra las calles céntricas de una Buenos Aires siempre tumultuosa y expone la idiosincrasia del porteño, un estereotipo que oscila entre aspectos como la verborragia, la arrogancia, la queja y las malas artes, cultivando una extraordinaria capacidad de supervivencia que puede llevar tanto a la cima como al ocaso.
El éxito de taquilla que tuvo el film se explica a través de una dinámica que atrae permanente la atención del espectador. Los diálogos ocurrentes, el humor ácido, las situaciones desopilantes y el misterio que rodea a todas las situaciones que se suceden, dan la idea de una realización que en algún punto supone la presencia de conocimientos previos y propios de una cultura capaz de entenderse a sí misma, en medio de ese vendaval de contradicciones y arrebatos que muchas veces crean la ilusión de algo así como un gen argentino. También, las formas inescrupulosas de los personajes, dispuestos a todo sin medir las consecuencias, son probablemente la muestra de los deseos reprimidos de un público que logra identificarse con los personajes.
Casi 25 años después, Nueve Reinas -que debe su título al nombre de unas estampillas sospechadas de tener enorme valor para el mercado- volvió a estrenarse en los principales cines del país, posicionándose en la cima de las boleterías, un fenómeno esperable por la calidad del producto pero no por eso menos sorprendente al convocar a las nuevas generaciones para que asistan a las salas.
En modo retro, la película ocupa un lugar central en los programas de TV, notas de diarios y portales de Internet. Incluso, se revelan detalles poco difundidos de las circunstancias que acompañaron al acontecimiento. Por ejemplo, que Bielinsky -quien, en 1997, tardó ocho semanas en escribir el guión- rodó la película luego de haber ganado un concurso de jóvenes promesas entre 354 aspirantes en 1998.
La película fue nominada a 29 premios, de los cuales obtuvo 21. Se convirtió así en una pieza clave, de culto y a la vez clásica por no perder vigencia.
Recientemente, en diálogo con La Mañana de Víctor Hugo (AM 750=, Leticia Brédice compartió sus sensaciones ante el estelar momento: «Que se reestrene (…) es un momento glorioso (…) Fue impresionante [la carrera de Bielinsky], pero nadie la aceptaba Nueve Reinas, hasta que ganó un concurso donde todo era gratis. Todo era a su favor (…) Un cine que nos represente. Donde nos sintamos todos acompañados con una historia fantásticamente contada. Es nuestra historia, nuestra vida, nuestra identidad, nuestro cine”.
Nada es casual.
Más allá del paso del tiempo, hay contextos semejantes.
En pleno gobierno que apela a la ideología de derecha, buscando la desfinanciación del cine y el silencio de la cultura, hay un acto revolucionario que dice mucho sin renunciamientos. Ese cine que muestra a los buscas excluidos del sistema, a los desposeídos, a los postergados, es el mismo que aparece hoy, convocando a multitudes que, tan pronto como inesperado, comienzan a saber qué se siente vivir nuevamente así.
Por eso y mucho más, larga vida a Nueve Reinas.














































