
1.
Quién haya visto la película de Tarantino “Bastardos sin Gloria”, recordará el papel del siniestro y cínico coronel de las SS hitleriana Hans Landa, interpretado por un magnífico Christoph Waltz. Un hábil manipulador de sentimientos, un déspota sin escrúpulos con tal de lograr sus objetivos. Su papel lo definía como un exterminador de judíos en territorio francés, concretamente en el París ocupado.
El último trabajo de Paul Thomas Anderson “Una batalla tras otra” (“One Battle After Another“), define por sí sola, los tiempos por los que transitamos. Un conflicto tras otro, unos más notorios que otros, con personajes tan siniestros, y manipuladores como el propio Landa, sólo que estos tienen nombres reales, comenzando por Vladímir Putin y Donald Trump. La norma vuelve a repetirse. La realidad supera a la ficción y está, tan sólo nos señala el triste y peligroso fangal en el que nos movemos, y junto a quienes lo hacemos. Mientras la mayor parte de los venezolanos celebraban el secuestro del dictador Nicolas Maduro Moro, esperando a su vez, que la oposición liderada por la reciente premio Nobel de la Paz, María Corina Machado y el presidente Edmundo Gonzales Urrutia, asumiera un papel preponderante en el restablecimiento de la democracia.
Pero Donald Trump ya había urdido sus planes, y acuerda con la hasta ahora vicepresidenta chavista Delcy Rodríguez, no la restitución democrática, ni la liberación de los presos políticos, sino un proceso continuista del régimen izquierdista, hasta que la administración estadounidense considere que están dadas las condiciones, para realizar un nuevo proceso electoral. Es decir, Trump ignora el fraude que mantuvo a Maduro al frente de Venezuela, en detrimento del triunfo mayoritario que obtuvo Edmundo Gonzales Urrutia en las urnas, algo que las izquierdas latinoamericanas trataron de ignorar, salvo el presidente chileno Gabriel Boric.
Trump va mucho más allá, se desdice y pone en duda la existencia del Cartel de los Soles, a quién hasta ahora situaba a Maduro como uno de los dirigentes de esta organización dedicada principalmente al narcotráfico. No esconde tampoco, a viva voz, que su interés en restablecer cierto orden en Venezuela, va de la mano por reacondicionar las estructuras petroleras, administrar sus recursos y también los del gas natural que el país caribeño posee.
2.
En 1999, el propio Paul Thomas Anderson había estrenado su película “Magnolía”. Una suerte de caleidoscopio psicológico en torno a diferentes personajes y contextos, situándonos frente a un escenario tan incierto como de inciertos eran los caminos de sus protagonistas.
Como escena cumbre en los momentos finales de esta, Anderson inundaba la pantalla con un chaparrón de ranas sangrientas, cayendo como una metáfora surrealista, sobre la imprevisibilidad de nuestras vidas.
Trump y Putín la han hecho aún más imprevisible, y sería una estupenda trama para elaborar un film sobre dos personajes totalmente enajenados en sí mismos, ridículos y tragicómicos, si detrás de esos comportamientos, no hubiese un manto mucho más oscuro, signado no ya por los consabidos intereses económicos y geopolíticos, sino por la maldad.
La que se encargó en descifrar Hannah Arendt, sólo que aquí, si partimos de su concepción de la “banalidad del mal”, esta no proviene desde personas normales que sólo acatan órdenes. Estos las dictan.
3.
Ignoro que afectaciones traumáticas han tenido ambos (las tuvo Hitler, las debe haber tenido Stalin), para desembocar en estas personalidades funestas, egocéntricas, con delirios de grandeza, convertidos en un peligro para la humanidad. Ninguno alcanza la estatura intelectual ni guerrera de un Julio Cesar o de un Napoleón, y ya que Trump no cesa de denigrar a Europa, tampoco puede equipararse a ninguno de los grandes estadistas que el continente europeo ha tenido, y lo señalo en pasado, porque conocedor de esas realidades, los políticos actuales, no se equiparan a ninguno de sus antecesores.
De la misma manera, Trump denigra a sus propios Padres Fundadores, y con sus luces y sombras, a todos aquellos presidentes que fueron sus precursores. Los que creíamos que tras Nixon o Bush hijo, lo habíamos visto todo, nos equivocamos. Reagan no era John Wayne, el pistolero aún estaba por venir.
4.
Llama la atención la anestesia colectiva de los ciudadanos del mundo. Sobre todo la de aquellos que habitan las sociedades modernas, que deberían ser no sólo los mejor informados, sino también los más preocupados por los sucesos que ocurren en el panorama internacional, por más refugios atómicos que muchos hayan construido.
Tres cuartas partes del mundo vive bajo la sumisión mediática. La era de la telefonía digital, de las selfis y plataformas, los videojuegos, la supuesta democracia al acceder a ciertas fuentes de información y la libertad de circulación de esta, sólo nos ha hecho más dependientes de las nuevas tecnologías. No porque sean malas en sí, sino porque han terminado por doblegarnos, vendiéndonos sus encantos de conectividad, sin saber quién es la boa y quién el encantador de serpientes.
Acaso la propia IA no nos proporciona imágenes graciosisimas de Trump, Putín, Maduro, Netanyahu, quitándole dramatismo a sus actos, jugando con la ironía y la desmitificación de los mismos por un lado, pero llevando sus actos hacia una banalidad que de no tomarse en cuenta, quizás un día nos encontremos con que Groenlandia ya ha sido tomada por las tropas estadounidenses, las Fuerzas Delta sé han hecho con el Canal de Panamá, que Putín ha vuelto (como hizo Stalin) a traspasar las fronteras polacas y pulverizar Kiev, China ha ocupado Taiwán, Corea del Norte ha bombardeado a Japón, India y Pakistán se enfrentan unos a otros, Isis toma África bajo su estandarte para desde allí reconquistar la península ibérica, Europa se hunde en sí misma y la Comunidad Europea pasa a ser un trozo de historia bajo un fresco de Carlomagno, Irán tiene sus misiles atómicos y se autodestruye junto a Israel. Milei “demuele hoteles” al grito de “Viva la Libertad, Carajo”, Lula y el resto de la izquierda latinoamericana le enciende velas al Dios Momo, porque el Vaticano ha cerrado sus puertas y se han llamado a reclusión perpetua.
5.
En un reciente artículo en la plataforma substack.com, Patti Smith señalaba la coincidencia de fecha y año del deceso de Albert Camus, con la del nacimiento de su amigo el compositor y ex cantante de REM Michael Stipe.
El comentario de Smith aludiendo al 4 de enero como fecha del fatal desenlace del laureado escritor, y la sincronía con el nacimiento de Michael Stipe, hizo no sólo que escribiese mis primeras observaciones en Substack, sino que pensase en este artículo. Esas palabras han sido el disparador que me han llevado a releer las páginas de “La Peste” en mi vieja edición de 1973, del Premio Nobel de literatura de 1957.
Casualmente el año de mi nacimiento. Entonces pensé en Orán, la ciudad en la costa norte de Argelia donde transcurre la novela de Camus, y en el Dr. Bernard Rieux al salir de su habitación y encontrarse con una rata muerta en el relleno de su escalera. Esas ratas que hoy circulan en Gaza, en Ucrania, en Sudán, en los propios Estados Unidos aunque quizás por tener el mismo pelaje, Trump no las vea, y en todas aquellas pequeñas confrontaciones que ni siquiera imaginamos.
Aquellas que vagaron por Sarajevo, por los Gulags soviéticos, por los campos de exterminios nazis, por las trincheras de la Línea Maginot, por las selvas de Vietnam, por las mazmorras de las dictaduras latinoamericanas, incluida la cubana y nicaragüense. Caracas convertida en Omán, así como lo fue Washington en el 2021 cuando fue tomado el Capitolio por los que abogan por una MAGA (acrónimo de “Make America Great Again”), en menosprecio de los derechos de los demás. Trump ha convertido al mundo en nuevos discípulos de “The Apprentice”, y desde esa óptica manipula su personal visión del espectáculo.
Su narcisismo lo convierte en una marioneta de sí mismo, y por eso es aún más peligroso, porque tiene un confín de adherentes que lo cobijan y festejan como al chimpancé del circo. También el 4 de enero el periódico digital The Kyiv Independent (según el The Daily Digest) publicó opiniones del comentarista político John Bolton, ex embajador de Estados Unidos y ex asesor de seguridad nacional del propio Donald Trump en su primer mandato, sobre la estrategia de Putin para este año. Bolton realiza diversas puntualizaciones, entre ellas las de que “Putin no negociará la paz a menos que Rusia vea que puede perder la guerra”. También sostiene que el ex integrante de la KGB y ex discípulo de Boris Yeltsin “no está dispuesto a ceder en sus ambiciones en Ucrania…y que su estrategia es seguir luchando a cualquier precio”.
Pero lo más interesante que describe Bolton, es como Putin ha evaluado a sus oponentes extranjeros y al propio Trump. A los europeos los considera ineficientes y su relación con el presidente estadounidense transita por una cinta de doble faz, entre la supuesta complicidad y la fina ironía. Ninguna de las medidas tomadas por Trump ha afectado considerablemente a Rusia, por más que gran cantidad de activos continúen congelados.
Según sus palabras reproducidas por The Kyiv Independent, Putin esta “seguro en su relación con el hombre del Despacho Oval…Putin a manejado con éxito a Trump, convirtiendo al presidente estadounidense en un idiota útil”. Quizás esto trastorne a Trump. El saber que su afán expansionista llega sólo hasta donde le dejen hacerlo.
Son países o lugares a los que sí puede confrontar, y no aquellos que le pueden responder con la misma cantidad de ojivas nucleares o más.
Si el 11 S de 2021 configuró un nuevo orden mundial, despertamos tarde. No es el secuestro de Maduro y la apropiación del petróleo venezolano quién da comienzo a un nuevo tiempo.
Este comenzó el 24 de febrero de 2022, cuando Rusia ante la impunidad del mundo, invadió Ucrania. Los sucesos anteriores, incluida la toma del Capitolio en Washington un 6 de enero de 2021, sólo fueron parte del preámbulo de todo lo que ha venido después. ¿Hay un pacto secreto de repartición del mundo? ¿Volver a la Doctrina Monroe y hacer de Iberoamérica su patio de juegos? ¿Expoliar las raíces europeas de nuestro continente, acaso olvidando que la independencia de su país se gestó gracias al apoyo de Francia? ¿Quién le mueve los hilos a este hijo de la sin razón, al fugado del nosocomio de la vanidades? ¿Son ignotas corporaciones que van más allá de Musk, Ellison y Bezos? Pero el Circo del ridículo no da tregua y acelera sus funciones.
En sus apariciones televisivas, el narcisismo de Trump adquiere matices de insanidad mental. Está convencido que el mundo posible (el que le permite Putin y Xi Jinping) está a sus pies, y para colmo, aparece María Corina Machado en un mensaje televisado, haciendo pública su oferta de transferir su Premio Nobel. Jamás he visto a un estadista que se precie, arrastrarse por un premio, tan abiertamente como lo ha hecho Donald.
El propio Pato Donald, el personaje de Walt Disney, tendría mucho más dignidad, y además era verdaderamente gracioso. Vuelo a la ciudad de Orán, al Dr. Bernard, a su rellano de la escalera, a las calles infectadas. “Ya es hora de que esto termine” decían algunos enfermos. “porque en tiempos de peste es normal buscar el fin del sufrimiento colectivo…El Dr. Rieux consideraba que el hábito de la desesperación es peor que la desesperación misma”. Nos hemos habituado al espectáculo, a ser impasibles, dejando de lado el pensamiento crítico.
Las humoradas de Trump, groseras y deplorables, tiene lo que muchos diariamente consumen o lo han hecho. “La culpa es de Colón” en sus diferentes ediciones es un buen ejemplo de esa chabacanería por no referirme a otros inauditos programas nacionales. Este es un espectáculo siniestro, y hoy tiene a Trump como su máximo cohorte. Un locuaz monigote que conoce su juego, un adicto al show que lo envalentona en su podredumbre.
Algo que Guy Debord ya nos había anticipado en 1967. Dicen que las ratas son las primeras en abandonar el barco, estas sin embargo han tomado el timón y poco y nada les importan los demás.














































