
Desde un punto de vista ético, la especie humana -para bien o para mal- no tiene límites. Mientras hoy se debate entre los cuidados del ambiente y su autodestrucción, también ha logrado perdurar a través de las épocas: logró generar adaptaciones para sobrevivir al medio, desde agruparse en comunidades, crear lenguajes y cazar animales, hasta construir ciudades.
Asimismo, supo crear sistemas de pensamiento que mejoraron sus condiciones de vida. En este sentido, la ciencia es un aspecto fundamental de su desarrollo al tratarse de un conjunto de conocimientos que se reproducen y están en permanente actualización gracias a mentes brillantes que trascendieron a su propio ámbito de influencia.
Determinados inventos y descubrimientos han marcado el pulso de un ser indudablemente apto para resolver problemas o buscar alternativas.
Y en ese camino hacia lo inconmensurable, la astronomía sigue deslumbrando con avances propios de una ficción que logra realizarse.
Desde mediados del siglo XX, hay un camino vertiginoso que no se detiene.
En algún momento fue explicar el origen del universo a partir de una teoría con aspiración de ser probada a partir de causas, consecuencias y predicciones en retrospectiva.
Luego, fue la travesía de llegar a la Luna.
Ahora, viajar aún más lejanamente en el tiempo.
Por estos días los ojos del mundo están puestos en el Telescopio espacial James Webb, lanzado al espacio en 2016 y fabricado con lentes especiales capaz de observar en detalle el amplio espectro del cosmos.
La NASA ha publicado imágenes inéditas, fotografías que guardan fidelidad con galaxias que ya no existen pero cuya luz siguen resplandeciendo.
Científicos calificados logran emocionarse al ser testigos de un hito que todavía no se logra dimensionar pero que guarda relación con un instante histórico: esos pictogramas datan del tiempo en que la Tierra se estaba creando.
El hallazgo está a la altura de los más grandes eventos de la ciencia.
Con él, seguramente la humanidad conocerá más de sus inicios, pudiendo incluso predecir otros interrogantes que en la actualidad siguen sin ser abordados.
El universo, ese gigante que no cabe en la mente, a veces se vuelve pequeño hasta caber en una sola persona, llena de dudas, miedos, sueños y certezas.
Aquí, en cada subjetividad, también habita esa incertidumbre por dar un salto al vacío.
Todavía nos cuesta asumir que somos Uno con la inmensidad, apenas ínfimo suspiro en un mayúsculo organismo que según los cálculos establecidos se jacta de seguir en expansión.
Fotos: NASA
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