
La locutora comunista – Marcos Grajales – Editorial Estuario
Se trata del Premio Nacional de Literatura Inédita en 2004, que recibió un incentivo para su edición.
El libro intercala la narración con una serie de cuentos breves que podrían leerse por separado, si se quiere.
“Cuando la radio se apaga, el cuento vuela en el éter, y los oyentes, desesperados, manotean atrapando sus pedazos dispersos.”
La trama nos hace vivir el día a día del protagonista, un locutor con un trabajo nocturno y una tragedia vital que le atraviesa. No es casual la profesión de Bruno: las referencias a la radio, la voz, la respiración, la locución, la relación con oyentes y también con productores, operadores y colegas, es constante. Cómo se puede estar tan atento a la dicción de las personas y personajes, es francamente meticuloso.
También los olores, los aromas están muy presentes. Y los sonidos. No solo de los seres humanos, también de la ciudad en sus distintos horarios, el barrio es un personaje más.
Grajales tiene una forma de escribir que logra que nos detengamos en algunos conceptos. Queremos estar ahí, odiamos la facilidad con que describe situaciones aparentemente cotidianas, de una forma exquisita. La imagen de la música goteando, qué genialidad por favor.
La novela toca temas universales como la muerte, el duelo, la soledad. Pero también tópicos vigentes como el feminismo, la nueva masculinidad, la relación entre los sexos en el siglo XXI, la salud mental, los dispositivos, mezclados con situaciones que el autor trae desde el anterior siglo: los grabadores a cinta, los porteros de edificios, la dictadura. Borges, Kieslowski y Preisner conviven con Marley y Mocchi. Y el jazz, local y universal, presente todo el tiempo y mezclado con la programación musical de la radio.
¿Qué hacen los oyentes de radio? ¿Cómo es el vínculo con el aparato, con la programación, con la audición? Hay cuentos sencillamente geniales, con el aditivo de ser extremadamente cortos, y que pone en palabras conceptos que podríamos haber pensado nosotros mismos. “El oyente no estudia para escuchar, simplemente escucha”.
Una novela que te tiene en vilo, con un componente policial, una persecución que se da sin prisa pero sin tregua a través de las páginas que hace que te preguntes cómo carajo va a terminar, pero al mismo tiempo no quieres saberlo, así de disfrutable es esa relación entre cazador y presa.















































