![]()
Música En libros
Fuera de Control 1987
Alfonso Carbone y Raúl Forlán Lamarque
Editor Forum Gráfica. 1987
Hoy inauguramos este espacio de música y libros, un espacio para hablar de libros donde la música es la protagonista.
La edición de libros dedicados a la música que no sean de estudio, aquellos que cuentan historias de bandas y hechos musicales, los que hacen protagonistas a los músicos a través de entrevistas o los que narran historias e hitos que marcan el recorrido de la música popular de nuestro país es relativamente nueva, si bien puede haber excepciones, es un proceso que viene en franco crecimiento desde hace no más de cuarenta años.
En este espacio reseñaremos libros de distintas épocas, presentaremos novedades e iremos al rescate de algunos que quedaron en el baúl del tiempo, como el que presentamos hoy.
Se trata del primer libro que aborda el rock de los ochenta. Su nombre es Fuera de control, en la tapa aparece la firma de Alfonso Carbone, aunque en el interior se confirma como un trabajo en conjunto con el periodista Raúl Forlán Lamarque. A cuarenta años de la salida del disco Graffiti y del primer recital Montevideo Rock considero un buen momento para encontrarnos con este trabajo.
A diferencia de Alfonso que estuvo buena parte de la dictadura viviendo en Europa, Raúl se mantuvo en el país, fue uno de los pocos periodistas culturales que sostuvo la información de lo que pasaba a nivel cultural acá y en el mundo.
En un artículo para la diaria en 2019, cuando Raúl habría cumplido sesenta años, Roberto López Belloso lo presentó de la siguiente manera:
Forlán, desde las páginas culturales de Jaque y el suplemento dominical de El Día primero, desde el recién alumbrado diario La República después y desde una columna en la revista de la Cinemateca Uruguaya en paralelo, se volvió un cronista de ese tiempo. Menos y más que un cronista. Menos, porque en algunas de sus primeras posturas fue un cronista tuerto que colocaba el acento en solo una de esas múltiples dimensiones. Más, porque no solamente dio cuenta de su devenir, sino que además contribuyó a definirlo. En artículos y conversaciones, aportó nombres de bandas punk y de escritores malditos, se volvió un canal por el que las redes neuronales de la contracultura vernácula se conectaban entre sí. Escribió con Alfonso Carbone el libro Fuera de control (1987), donde fue analizando el fenómeno rock a medida que ocurría. Colaboró en revistas, como Nueva Viola, y fanzines, como GAS. Para ganarse la vida, trabajó un tiempo en la oficina de prensa de Presidencia de la República, durante el primer gobierno de Julio María Sanguinetti. Tuvo un micro fugaz en Canal 5. Cubrió el verano puntaesteño para La República y pasó largos retiros en el balneario, en ocasiones viviendo en el área de empleados del hotel San Rafael. En su vida todo pareció ocurrir a la vez.
Hablar de Alfonso es más fácil, quienes hemos seguido el rock uruguayo sabemos su rol fundamental en todas y cada una de las piezas que componen esa delicada ingeniería.
El libro abre con un panorama de la realidad del rock en el Uruguay de 1981, exactamente el 4 de diciembre, cuando se inauguraba en el Velódromo Municipal un festival llamado Mont Rock, un emprendimiento ambicioso que buscaba convertirse en el Woodstock nacional, con 57 bandas concursando durante tres días y la presencia de músicos de la talla de los hermanos Fattoruso con Barcarola o Almango. El empresario Raúl Edmundo San Martín fue el responsable de la organización de este festival que fracasó absolutamente, de los tres días pactados se efectivizaron dos con una concurrencia no mayor a las mil personas. Todo indicaba que en Uruguay no había público para el rock, pero la sorpresa fue grande cuando apenas una semana después, en el estadio Luis Franzini se juntaron dieciséis mil personas para ver a Serú Girán, Nito Mestre y la reunión de Sui Generis.
El libro aborda los primeros pasos de lo que fue el rock de los ochenta, primero a través de The Vultures, la banda de Gustavo Parodi y Hueso Hernández que fuera la simiente de lo que un año después se convirtió en Los Estómagos. Hay detallada y valiosa información sobre los primeros tiempos de la banda, el primer toque en la ciudad de Pando, las presentaciones en el Templo del Gato, las peripecias en el festival de San José, donde se presentaron a último momento con «Penicilina» y su versión de «Cambalache», ganaron el concurso, obtuvieron el premio mayor, un diploma que habilitaba la grabación de un disco que se grabó y nunca se editó, y con eso terminó una primera etapa de Los Estómagos y propició la salida de su novel guitarrista, Andy Adler. Todo contado por Gabriel Peluffo y Gustavo Parodi, con la frescura narrativa de hechos ocurridos apenas un par de años antes.
La historia sigue con Ácido, la banda volcada al heavy metal, con fuerte influencia de Pappo y su grupo Riff. Ácido también participó del Festival de San José, los comienzos de la banda son contados por su baterista Álvaro Varo Coll.
El libro mantiene la cronología de los hechos e informa de un par de festivales de rock organizados por el músico y comunicador César Cacho Badín, uno en el Teatro de Verano y otro en el Velódromo, el primero funcionó bien, con unas cinco mil personas, el segundo tuvo poca concurrencia pese a que la entrada era gratuita. De ese festival Forlán Lamarque destaca la actuación de Zafhfaroni, la banda de jazz-rock fusión uruguaya fundada a finales de 1982 y liderada por el guitarrista Luis Firpo.
En esa cronología el libro vuelve con Los Estómagos, aborda los cambios que produjo la llegada y salida de Andy, su casi separación en 1984 (estuvieron quince minutos separados por las diferencias musicales entre Parodi y Peluffo por un lado y Mariot y el Hueso por el otro) y la grabación del primer disco de la banda, con detalles interesantes y precisos de fecha, lugar de grabación y anécdotas del proceso.
Ya estamos en 1984, aparecen en escena Los Traidores, la banda debuta en Lazy Ranch un día en que se presentaban Los Estómagos y le ceden el escenario durante su pausa. Tocaron tres temas de espaldas al público, «no nos dio para encarar», afirma Nattero, el responsable de contar la historia de Los Traidores en el libro.
El capítulo cierra con una breve historia de Zero que también comenzó en 1984.
En 1985 con la grabación y difusión del tema «Fuera de control» de Los Estómagos comienza verdaderamente el fenómeno del rock nacional post dictadura, las canciones empiezan a entrar en las radios y competir en los charts junto a las argentinas y de otras partes del mundo, el movimiento tomó impulso y el libro describe los pasos que siguieron. La grabación del disco Graffiti y su presentación en el Teatro de Verano, la realidad de las empresas grabadoras, la apertura de los medios de comunicación, la llegada de los primeros video clips y los programas dedicados a su difusión.
Continúan los testimonios de Renzo Teflón de Los Tontos y sigue con un breve comentario sobre el Montevideo Rock y un panorama discográfico donde se adivina la pluma de Alfonso Carbone dando cuenta del estado actual de las bandas y lo que vendrá a nivel de edición.
Luego hay una serie de citas de Los Estómagos, Los Traidores, Los Tontos, Ácido y Neoh 23 tomadas de entrevistas realizadas por Alfonso Carbone, el capítulo se llama «Las frases: citas citables».
Finalmente se hace una valoración del panorama actual del movimiento del rock uruguayo, sus influencias, el corte generacional que implicó la dictadura con la consabida ausencia de modelos nacionales. Los protagonistas del rock uruguayo de los ochenta se criaron bajo una generación de generales, afirma el libro y agrega que “se formó sin modelos puntuales ni padres intelectuales interiores”.
Bajo el subtítulo «Hijos del imperio y del no future» se desgranan los conceptos que han influenciado al naciente rock de los ochenta, más emparentado con los Sex Pistols que con Psiglo, una generación punk inglesa que fue parricida, que renegó del rock sinfónico e incluso de los Rolling Stones.
Acá no hubo una crítica, no renegaron, simplemente no los conocían y con tal desconocimiento no hay parricidio posible. Pero el rock es uruguayo, porque tiene una enorme carga emotiva, coyuntural y precisa en su geografía, que encaró en sus letras los temas que preocupaban a los jóvenes de acá, que referenciaban las cosas que pasaban acá, entonces ese espíritu anglosajón caló hondo, pero permitió una antropofagia hecha de carencias y temas comunes al ser joven en Montevideo en los ochenta y haber vivido la adolescencia en dictadura.
El libro finaliza con un capítulo, a mi criterio pertenece a Forlán Lamarque, que describe las características de la generación joven de los ochenta, las diferencias que mantuvo con algunos representantes del canto popular, la persona más visible seguramente fue Jorge Bonaldi, pero no fue el único, y una lectura de realidad que entusiasma al periodista por el crecimiento en calidad y cantidad del movimiento.
Cabe destacar que el libro contiene un puñado interesante de fotos de las bandas más populares del momento.
Este trabajo, según los autores, fue entendido como sondeos, como pequeños esbozos de percepciones personales que otros colegas ayudarán a completar. El enfoque es periodístico y no hay intención de que se lo califique como ensayo minucioso de una corriente artística.
El libro no es pretencioso, pero ofrece una visión in situ de los hechos contada por los protagonistas, los autores también lo son y ocupan un rol cardinal en la historia, cada uno desde su lugar de trabajo, lo que les da una voz más que autorizada para hablar del fenómeno y verlo con cierta globalidad. En fin, se trata de un aporte esencial para empezar a entender el rock de los ochenta.
Este espacio no pretende contarles el libro, sí recordarles que existe y estimularlos a leer, porque al final la única recomendación es que lean, está bueno leer.
Lista de canciones que ilustran el libro
Publicación original – Portal Medios Públicos – Radio – Radio Uruguay – “Espíritu Libre” conducido por Gustavo Rey