
Durante el mes de febrero se presenta en Montevideo la 9º edición del Festival Internacional Temporada Alta de Girona, que reúne este año propuestas de compañías de Argentina, Colombia, España, Francia, Portugal y Uruguay. El Festival se presenta en Sala Verdi y, a partir de este año, se suma a la programación de las Salas Lazaroff, Centro Cultural Terminal Goes, Centro de Exposiciones Subte y del Mercado Agrícola de Montevideo.
Para conversar sobre el Festival y las propuestas que se presentan en esta edición, entrevistamos a Gustavo Zidan, director actual de Sala Verdi y del Festival.
¿Qué es el Festival Internacional Temporada Alta de Girona?
El Festival Temporada Alta de Girona es un festival que se desarrolla en la ciudad de Girona, en Catalunya, España; una pequeña ciudad que está a 100 kms de la ciudad de Barcelona. Es un festival que se realiza desde hace 31 años, dura 2 meses (de octubre a diciembre), muy enfocado en la escena contemporánea y que cuenta con producciones propias.
Desde hace unos 10 años decidieron hacer una extensión del festival en Latinoamérica. Esto surge porque históricamente han tenido una mirada sobre Latinoamérica en su programación: han programado muchos espectáculos latinoamericanos. Además, tenían un buen vínculo con Claudio Tolcachir, de la compañía Timbre 4 de Buenos Aires, y un día, tanteando, nos dicen: “uds vienen mucho para acá, ¿cuándo vamos a ir nosotros para allá? Y los muchachos de Timbre 4 le dijeron: “vengan”. Y vinieron. Esto fue hace 11 años.
Un par de años después, coincidiendo con mi incorporación a la dirección de Sala Verdi, y la relación que tenía con la gente de Timbre 4 de cuando fui productor de Gatomaquia, una obra que hacíamos hace muchos años con Héctor Vidal, y de coincidir con algunos espectáculos en giras internacionales. Cuando se enteraron que estaba en la Sala me dijeron: estamos trabajando en la idea de extender el Festival en Latinoamérica, ¿te interesaría? Decidimos sumarnos, aunque no entendíamos mucho de qué se trataba. Pensé que podía ser algo de una vez, para probar, experimentar, pero acá estamos: consolidados ya con nueve ediciones del Festival arriba.
El Festival forma parte de la programación de Sala Verdi. Es parte del concepto que tenemos de la sala. En esta edición tomó otra dimensión: hay más espectáculos y más espacios. Usualmente andamos en un formato de siete u ocho propuestas y este año llegamos a trece.
El festival tradicionalmente era en la Sala Verdi y, eventualmente en algún punto más de apoyo, que alguna vez fue el Centro Cultural de España y el Centro Cultural Terminal Goes. El año pasado se presentó alguna propuesta en Casa Caprario (casa que tiene en comodato la Intendencia de Montevideo).
¿Cuál es el criterio que utilizan para la selección de las propuestas que se presentan en el Festival?
Un festival es una elección, siempre hay un director responsable, nada ocurre por azar. El Festival de Girona tiene un enfoque fuerte sobre la escena contemporánea, las nuevas tendencias, los nuevos lenguajes y nuevas formas, y la posibilidad de apuntar a jóvenes creadores, conviviendo también con creadores de mucha trayectoria. Por mencionar algunas referencias latinoamericanas, ha contado con la participación en su programación de referentes como Claudio Tolcachir, uno de los referentes más fuertes del teatro latinoamericano, Gabriel Calderón y Sergio Blanco.
Es un festival que además tiene producciones propias. No sólo presentan propuestas internacionales, sino que también producen algunos de los espectáculos que programan. Es un festival que tiene mucho público y, a pesar de que Girona es una ciudad de 100.000 habitantes, tiene mucho impacto en todo su entorno. El 80% del público del festival es de un entorno de pequeñas ciudades que están ubicadas en el entorno de Girona. El otro 20% puede venir, dependiendo del contenido de la propuesta de Barcelona o de Madrid o de ciudades más grandes de España.
¿Cuál te parece que es el aporte y la revelancia que tiene la realización de este Festival en Uruguay?
La extensión de este festival europeo en Latinoamérica alcanza a 3 ciudades lo que lo convierte en un hecho bastante inédito: un festival que tiene una extensión intercontinental en 3 países, en 3 ciudades (Buenos Aires, Montevideo y Lima).
La motivación del festival no es una sola sino muchas. Siempre es un aporte a la comunidad artística, a la actividad teatral, abrir las puertas de tu casa y que entren nuevos aires, nuevos vientos, nuevas formas. Incluso, a veces, hasta para chequear y contraponer y ver en qué situación está uno en cuanto a esos nuevos lenguajes, nuevas tendencias.
Desde el principio el Festival aportó el vínculo con Catalunya, un lugar muy potente de la escena española, que ocupa un lugar importante también en la escena europea. A su vez, no nos hemos limitado a las propuestas catalanas: empezamos a proponer espectáculos y propuestas que dialoguen, que estén en la misma línea de esas formas, de esas corrientes estéticas, de esas corrientes teatrales. Para que tengas una idea, de 13 propuestas que tenemos programadas, solamente 3 vienen de Catalunya. A su vez, en el caso de las propuestas que vienen de Catalunya, como ya existe un vínculo, están moldeadas para que se adapten a lo que es nuestro perfil como espacio, como sala. Ya nos conocemos y tenemos esa ductilidad a la hora de armar la programación.
En Buenos Aires hay corrientes de público mucho más diversas, que tienen como otro ejercicio, otra gimnasia de ver cosas mucho más variadas. Es un público al que este festival le queda comodísimo. En cambio, nosotros tenemos como una corriente de espectadores de repente un poquito más conservadora y está bueno también poner la intención de generar ahí esa contracción entre lo que somos y lo que entra. Esta función siempre la han cumplido los festivales. De hecho, ayer, en una entrevista, un periodista citaba lo que eran las antiguas muestras de teatro que hacía la Asociación de Críticos Teatrales del Uruguay en la época casi pos dictadura, en la época de la reapertura democrática. Hoy vemos que muchos artistas y muchos creadores que llegaron en esos festivales, en esas muestras, dejaron su impronta en forma muy fuerte, muy acentuada. Por ejemplo, el vínculo que generó el director teatral Adhemar Freire con el teatro uruguayo, con la Comedia Nacional y con el Teatro El Galpón. Espectáculos que marcaron formas, como la llegada por primera vez de La Zaranda, un grupo emblemático de España o el Periférico de Objetos, que fue un grupo totalmente rupturista argentino y tuvimos la oportunidad de ver. Grandes creadores que te permiten tener la posibilidad, como en toda actividad, de ver otras cosas, otras propuestas: algo te dejan.
No sólo al público, sino también a la propia comunidad artística
Sin duda, para tu actividad pesa muchísimo y tratamos de que así sea. Tratamos de contar con la presencia de artistas, actores, directores y dramaturgos en la platea. Nos importa mucho que ese público asista porque, por más que el Festival tenga una dimensión que lo coloque con cierto relevamiento dentro de la cartelera montevideana, no se trata de una propuesta masiva. Entonces ese costado del festival para nosotros es fundamental y tratamos de acentuarlo, de ponerlo en valor.
¿Consideran que en estos años el Festival ha ido permeando en el público y en la comunidad artística de nuestro país?
Como te decía, estoy desde hace 12 años en la Sala y desde hace muchos años trabajo con el exterior y frecuento ferias y festivales internacionales. De hecho la Sala forma parte de la Red Eurolatinoamericana de Artes Escénicas, de la cual somos miembro fundador, que tiene 10 años. El vínculo que tenemos con el exterior es fluido y muchas propuestas que han pasado por la Sala hemos estimulado y participado para que puedan internacionalizarse, para que puedan estar en el exterior. En enero estuve en el Festival Santiago Off, en Santiago de Chile. Estaba la ministra de cultura de Chile y, haciendo referencia al Festival de Santiago, decía que “el Festival es un acto de tenacidad”. Y es un poco eso. Yo creo que hay que hacerlo. Como organismo público creo que tenemos casi la obligación de correr los riesgos de plantearlo.
En cuanto a las temáticas, en este festival, por ejemplo, hay dos propuestas que vinieron de España que nos aproximan a una temática que nos puede parecer periférica, que de repente no la encontramos en el cine, e incluso no la encontramos a veces en el debate político.
Una es Altsasu. Altsasu es un pueblo de Navarra, un pueblo vasco, una ciudad chiquita donde hace como 8 años hubo una situación que tuvo mucha trascendencia mediática: dos muchachos, guardias civiles, que estaban en un baile tienen una pelea con otros muchachos. Esa pelea empieza a tomar trascendencia y se la empieza a encuadrar, a caratular, de un acto terrorista, vinculado con el tema del independentismo vasco y los muchachos que participaron en la pelea terminan con 8 a 10 años de cárcel. Muchas veces hemos escuchado, hemos oído hablar del problema vasco. El teatro te da la posibilidad de abordar ese tema.

La otra propuesta es Moria, que está en la línea de lo que se llama teatro inmersivo, que es el teatro de estar como en la situación. La obra Yo Soy Fedra, de Marianella Morena, lo tiene porque estás en el cuarto de Fedra, compartiendo la respiración de Fedra. Moria es la recreación de una carpa, de una tienda del campamento de refugiados Moria en Grecia. Es un campamento de refugiados para personas que vienen de Asia o Africa intentando entrar a Europa, donde los tienen hacinados. El tema inmigratorio europeo es un problema crucial que transversaliza a toda Europa y lo están viviendo como un problema importante y no logran resolverlo. Y el teatro te da la posibilidad en un festival de tener un acercamiento a ese tema.
¿Qué perspectivas o planes tienen para los próximos años con respecto al Festival?
En estos 12 años que estoy al frente de la sala deben haber pasado por acá 100 propuestas internacionales. El festival, por la forma en que se planteó y de la forma en que creció, nos dio más visibilidad; le dio más visibilidad a lo que hacemos. Y vamos a seguir con eso. Tenemos una temporada este año que pretende otras cosas. Creo que lo que hay que seguir haciendo es generar músculo, creando el hábito, ampliando las posibilidades; me gusta, y quiero pensar en términos de ampliar el paladar del espectador. Que sepas que si tenés ciertas curiosidades o ciertos estímulos por tratar de ver algo nuevo, te vamos a dar la oportunidad en febrero de hacerlo de forma concentrada.
En el resto del año hay otras propuestas. Por ejemplo, a fines de mayo, traemos una compañía de danza contemporánea danesa. También van a venir unas propuestas de teatro gallego de Galicia y tenemos programada una semana de Chile en Montevideo.
Si tuvieras que hacer un balance, ¿cuál sería tu valoración general del Festival?
La valoración general es que es un Festival con un nivel artístico muy bueno que cumple con las premisas que nos planteamos de tratar de aportar nuevas miradas, nuevas corrientes, nuevas formas de hacer.
Sigue siendo un acto de tenacidad poder continuar, poder seguir. Lo que estamos haciendo es tratando de generar un espacio para que estas cosas sucedan y por supuesto siempre nos gustaría que más cantidad de gente pudiera frecuentarlas, pero estamos conformes con los niveles de convocatoria.
Para terminar, ¿qué sería imperdible de la programación del Festival?
Todas las propuestas despiertan un interés entonces me sería muy difícil poder decirlo. Si me queda claro que me sorprendió la acogida que tuvieron las dos propuestas de las que te hablé que abordan una temática política fuerte, que uno puede pensar que están lejanas y realmente tuvieron una acogida, una recepción por parte del público montevideano muy buena. Pero después, cada una de las propuestas genera un grado de interés. Por ejemplo, en estos días va a suceder una instalación (Vanitas) que es una reminiscencia del lenguaje pandémico de alguna manera, porque es una propuesta que está entre lo audiovisual y el teatro. Está más vinculada a la danza, al movimiento y a todo el tema de lo que es la piel, el cuerpo. Es un trabajo de un coreógrafo francés con una bailarina argentina y va a suceder en el Subte que no es un espacio donde habitualmente se haga teatro.
También tenemos la propuesta Bailemos que se acaba el mundo, con un lenguaje también pandémico, en la que la gente participa en forma presencial, los actores están y conectan contigo pero lo hacen a través de un auricular.
Es todo un esfuerzo pero está la convicción de que hay que hacerlo, algo va a dejar y algo ya ha dejado: el Festival ya ha generado cosas.
Sitio web: https://salaverdi.montevideo.gub.uy
¿Ya tenés tu entrada? BAILEMOS es una obra audio-interactiva para bailar con el público (cupo de 40 personas por función)
La obra consiste en una experiencia para un grupo de espectadores a quienes se invita a bailar como si fueran a un baile de club del pueblo. 👇🏼 pic.twitter.com/VfPUtHYtBk
— Sala Verdi (@SalaVerdi) February 16, 2023















































