El desafío de educar desafiando

¿Qué es enseñar? y ¿qué es lo que debe hacer quien enseña? son las cuestiones que motivan esta reflexión. Hoy día el rol del educador se identifica muchas veces como un coordinador o un facilitador que media entre los diferentes individuos que intervienen del proceso de enseñanza-aprendizaje. Pero dónde queda entonces el compromiso de enseñar. “Quien dice que el educador no tiene la responsabilidad de enseñar, es un demagogo o miente o es incompetente… pero la cuestión es saber si el acto de enseñar termina en sí mismo o, por el contrario, el acto de enseñar es sólo un momento fundamental del aprender” , decía el pedagogo brasileño Paulo Freire quien sentó las bases para una educación más participativa y dialógica.

Sin abandonar esta pedagogía freiriana, vale reconocer que el de facilitador es un concepto muy de moda y atractivo a la vez. Dándole alguna vuelta de tuerca más, y celosos de sus ínfulas de veddetismo, la idea es criticarlo un poco. Este concepto de facilitador puede ser visto como un arma de doble filo: por un lado, es una denominación alternativa a una imagen autoritaria del docente o educador muy asociado al modelo “bancario” de la educación donde el docente “depositaba” sus conocimientos en las cabezas de los alumnos; por otro lado se da a entender que el facilitador forma parte y motiva los conocimientos de un grupo donde las relaciones son más democráticas o igualitarias. Este facilitador sólo se dedica entonces a “facilitar” el proceso, lo que puede quitar compromiso a su rol de educador siendo incapaces de explicitar claramente sus puntos de vista. Estarían por fuera del grupo y sus compromisos, y lo que es peor, pueden considerar que están por encima del grupo al dominar los conceptos y su complejidad.
Todas estas consideraciones nos van adentrando hacia la postura a abordar aquí, perteneciente a Oscar Jara, un educador popular y sociólogo costarricense, para quien el rol de educador-docente-facilitador debiera evolucionar hacia un concepto más que nada de “desafiador”.
Pero ¿qué es ser desafiador? Para Jara ”pensarnos como “desafiadores” o “desafiadoras”, supone colocarnos como actores y actoras del proceso: es decir, sujetos activos y comprometidos con las personas con quienes trabajamos, con su contexto, sus dilemas, sus opciones y alternativas posibles. Por eso, tal vez el primer “desafío” viene por parte del grupo hacia nosotros/as; son ellos y ellas quienes nos desafían con sus preguntas; sus intereses (o su desinterés); sus conocimientos, afirmaciones o negaciones sobre los contenidos a trabajar; su percepción sobre nosotros/as: sobre nuestro papel, nuestras capacidades o nuestros comportamientos; sus expectativas, sus palabras o sus silencios…”
Contextos difíciles, dilemas, negatividad frente a los contenidos, intereses distintos y desintereses similares, pero sobre todo desinterés y desmotivación son ingredientes ya más que diagnosticados entre los estudiantes del sistema educativo nacional, principalmente en lo que a Secundaria refiere. Por lo pronto ese escenario desfavorable otorga a los docentes la posibilidad de intentar aplicar estos conceptos. Sería algo así como “desafiar” al propio modelo agonizante desde adentro, ya es el propio modelo repleto de vicios quien también se establece como un reto primario.
Ese temido caldo de cultivo parece entonces propicio para ponerse a trabajar y experimentar con las herramientas que Jara plantea. “Su sola presencia en un espacio educativo significa ya un desafío para nosotros/as” continúa el tico. Deberíamos considerar aquí también, la cada vez más frecuente ausencia o la presencia sin justificación por parte del asistente, también como desafíos. En estos casos quizás se parte desde un nivel más bajo, pero aún así el concepto de Jara parece no perder vigencia.

Curiosos
Si entendemos la curiosidad como el deseo de conocer lo que no se sabe, la estimulación y la motivación al sentido crítico, de inquietud y de inconformismo debería ser el norte de un desafiador.
“Es necesario desarrollar una pedagogía de la pregunta. Siempre estamos escuchando una pedagogía de la respuesta. Los profesores contestan a preguntas que los profesores no han hecho.” decía Paulo Freire dando un concreto soporte a Oscar Jara para el que hay que “educar para la curiosidad”. Lo que significa generar condiciones para el aprendizaje crítico necesitando para ello del compromiso por parte del educador con todo el proceso de construcción de capacidades. Esto obliga al desafiador a “asumir el riesgo de compartir búsquedas y preguntas y no sólo afirmaciones o negaciones”. De esa forma, en el sutil equilibrio de desafiar (con los limitados saberes propios) y ser desafiados (con los saberes que también tienen los otros), es donde se originan las posibilidades para la construcción del conocimiento.
El desafiador aparece entonces cuando cada uno se propone desafiar las propias reglas que el conocimiento establecido creó para resguardase. Enseñar a desafiar esas reglas, esas verdades rígidas es la manera de que todos podamos construir conocimientos de manera lógica. La motivación y la curiosidad se transforman en el combustible para el salto cualitativo, y es el desafiador quien ya habiendo superado su etapa de facilitador se encarga presentarlas ante el que aprende, siendo capaz de desafiar y teniendo la humildad para ser desafiado.

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Mauricio Conde

Mauricio Conde

Nació en San José el 23 de mayo de 1983. En 2010 conoció a Federico Meneses, impulsor de óbolo cultural y más tarde de cooltivarte.com, y se incorporó como co-director y editor responsable de ese medio digital. En COOLTIVARTE también redacta y diseña artículos, entrevistas e información sobre el quehacer artístico y cultural existente en el país. Siempre curioso por seguir aprendiendo elementos vinculados a la cultura, el arte y la educación.