Educar nativos digitales en la cultura del espectáculo

“Es lógico pensar que existe el riesgo de brecha entre la cultura de los nativos digitales y aquella que enseñan sus profesores. Los docentes saben menos de la tecnología que sus estudiantes y, en consecuencia, los nativos digitales pueden estar siendo formados en un modo que no es relevante para ellos.”

Hoy por hoy los educadores se encuentran cada vez más con estudiantes que han nacido y crecido en la era de lo digital, los llamados “nativos digitales” (término acuñado por Marc Prensky), que no sólo tienen otra forma de aprender, sino también de interpretar el mundo y de producir sus propios mensajes.
Estos nativos digitales no sólo son muy hábiles en el manejo de las nuevas tecnologías o TICs (Tecnologías de la Información y Comunicación), sino que además utilizan las mismas para satisfacer sus necesidades de entretenimiento, comunicación y hasta de formación. Se caracterizan por la habilidad de ser multitarea, atendiendo al mismo tiempo distintos canales de comunicación abiertos. Prefieren también lo gráfico a lo textual, lo dinámico, lo vertiginoso, lo lúdico, lo visual, esperando siempre respuestas rápidas y concretas, decidiendo y actuando con rapidez. Al mismo tiempo estos nativos digitales buscan pasar poco tiempo con una tarea concreta, lo que les lleva a una falta de concentración importante y de atención, tendiendo siempre a cambiar a una nueva “ventana” que les dé respuestas inmediatas. Estos alumnos sin duda están mucho más predispuestos a usar estas nuevas tecnologías también en su proceso de aprendizaje, pero no es tan clara la predisposición de la otra parte (educadores e instituciones educativas) a considerarlos verdaderamente como parte de la enseñanza.

Sumado a ello, esta generación ha crecido frente a medios de comunicación masivos y estructurantes de la cultura popular. A decir del catalán Joan Ferrés, Doctor en Ciencias de la Información y docente quien ha investigado este tema, han nacido y crecido en una “cultura del espectáculo”. Esta es una cultura que da privilegio a la imagen, donde se potencia lo sensorial, lo narrativo, lo dinámico, lo emotivo y lo sensacional o espectracular. A contramano de estas características la enseñanza plantea la palabra escrita y del libro, donde el mundo es representado de modo conceptual, reflexivo, estático y analítico.
Uno de los desafíos entonces del educador, es reducir esa brecha que nos presenta la cita que encabeza este artículo. Plantearse a su vez el cómo pararse ante esos destinatarios y cómo flexibilizar, sin perder la rigurosidad intelectual, un sistema educativo que cada vez menos se acompasa con las velocidades, intereses y atracciones que brindan las nuevas tecnologías que las nuevas generaciones manejan tan naturalmente.

Muchas de estas características que comparte la generación de nativos digitales están enmarcadas en un contexto más general, que a nivel cultural podemos considerar como el de la pos-modernidad. Elementos como lo son la fragmentación, la falta de coherencia, la yuxtaposición de elementos que en apariencia no tienen nada en común, el collage, el presente perpetuo, la hibridación y la cultura popular, el descentramiento, la desconfianza ante los relatos, la importancia de la tecnología, y el consumo. La era del video-clip y el reino del zapping si quisiéramos ser más gráficos. Más desarrolladas aún en los más jóvenes o nativos digitales, encontramos características como pueden ser el gusto por lo concreto (o hasta un repudio por lo abstracto), el gusto por lo dinámico y una voracidad sensorial creciente. Dentro de estos rasgos es que lo estudiantes de hoy día desarrollan sus actividades y conforman su conocimiento, por lo que tenerlos presentes es necesario para desarrollar una estrategia educativa efectiva.

Considerando estas características, parece lógico que un primer conflicto que se da en esta coyuntura de desarrollo tecnológico y su influencia en las maneras de aprender, es el que enfrenta a estos nativos digitales con los que se han tenido que adaptar a la tecnología y tratan de equiparase a esta nueva lógica. Son los que Prensky llama “Inmigrantes digitales’’. De este lado se ubican muchos de los educadores de hoy día, pero también padres y otros actores que inciden en el proceso de enseñanza-aprendizaje de los más jóvenes. Esta precisión es importante por lo difícil que es agruparlos ya que la sensibilidad hacia la incorporación de las TICs en la educación no es para todos igual, y las resistencias son de diferente grado. Pero considerando que estos inmigrantes digitales intentan acercarse al idioma de los nativos aunque sea con algunos “acentos”, es bueno pensar en las diferencias sobre todo de posturas frente a los conocimientos y la forma de adquirirlos.
Es así que notamos la centralidad que las TICs ocupan en las vidas de los nativos digitales, generando una dependencia muchas veces incomprendida y hasta considerada dañina desde la otra perspectiva. Por su parte los nativos digitales se orientan a compartir y distribuir la información de forma natural, algo que se enfrenta a una postura más reservada los inmigrantes digitales, quienes tienen una tendencia a guardar más en secreto su conocimiento, quizá por aquello de que “el conocimiento es poder’’. Como ya se mencionaba, otra de las tensiones surge de la capacidad de los nativos para abordar simultáneamente varios procesos, lo que para los inmigrantes puede ser algo caótico que atenta contra la concentración y la profundidad de lo que se puede llegar a generar como conocimiento. Es que los inmigrantes desarrollan sus procesos de manera más reflexiva y por ello más lenta, algo poco tolerado por generaciones actuales para las que la velocidad, la toma rápida de decisiones y el cambio hacia otro centro de atención es lo natural.
Estos puntos explican, aunque no dan solución aún, a uno de los grandes desafíos que la educación actual se plantea y que es el alejamiento entre lo que la educación ofrece y los intereses de los estudiantes de hoy día. O dicho de otro modo la falta de atracción, más que de los contenidos en sí, de la forma de llegar a los mismos, por parte de un sistema que no es seductor en un contexto de redes, tecnologías y medios que llegan a los destinatarios de un modo sumamente placentero.

Es pertinente entonces, volver a lo que nos plantea Joan Ferrés para entender más en detalle a qué se refiere con la necesidad y el desafío de educar dentro de una cultura del espectáculo. Para Ferrés el verbo educar (de e-ducere) significa sacar de dentro, o extraer las mejores virtualidades latentes en el educando. Al mismo tiempo, y muy importante en el pensamiento del catalán, el verbo seducir (se-ducere) significa llevar a uno a otra parte, sacarle de sí y conducirle a otra dimensión. Entonces, y fijando la asociación de estos dos verbos emparentados por su etimología, sólo se puede educar si se es capaz de seducir. Es aquí donde entra en juego el deseo, como eje movilizador dentro de la cultura en la que se educan las nuevas generaciones. No caben dudas de que los grandes medios masivos, Internet y las redes sociales más que nada, son seductores por naturaleza, activando la maquinaria del deseo como nadie. Son entonces los mensajes de éstos medios quienes desarrollan la capacidad de educar en el sentido de “sacar de dentro”, porque pueden penetrar internamente tocando ese deseo o esa curiosidad.
Según Ferrés la educación debe ser industria del deseo primero, si pretende ser la industria del conocimiento. Es ese deseo por saber, esa curiosidad por aprender, uno de los elementos a trabajar en los procesos de educación para que se vuelvan atractivos a las nuevas generaciones de estudiantes.

Esta situación vuelve más que necesario un rol docente, que en una lectura simplista podría verse suplantado por las tecnologías. El desafío es más que interesante. El educador no sólo debe tratar de integrar estas nuevas tecnologías a la práctica educativa, sabiendo que bien utilizadas potencian la construcción del conocimiento. Sino que además son estas nuevas tecnologías las que pueden hacer más seductora y deseable la propuesta. Seducción y placer que la educación ha perdido, en una carrera en la que viene bastante retrasada ante una‘’cultura del espectáculo’’ que cada vez, ocupa más tiempo en los procesos de socialización de los más jóvenes.
La incorporación o integración de las TICs como herramientas educativas, otorgando recursos que sean sencillos de encontrar, comprender y de usar, parece una buena alternativa para lograr una mayor atención y sobre todo rendimiento en los estudiantes.
En ese contexto el docente se convierte además en el organizador necesario de las interacciones de los estudiantes con las nuevas fuentes de conocimiento, haciendo las veces de ‘’andamio’ como creía Lev Vigotsky, para que el alumno vaya construyendo su propio saber. También es responsabilidad del docente la generación de interrogantes, y el estímulo permanente al estudiante, convirtiéndose en un ‘’desafiador’’ a decir del educador costarricense Oscar Jara, desafiando y siendo desafiado tanto con los alumnos como con el propio conocimiento.
Son todas actitudes que el docente debe practicar de forma sistemática si pretende que los estudiantes-nativos digitales, puedan aprovechar y potenciar al máximo las posibilidades que pueden otorgar las TICs, haciendo más atractiva en definitiva a toda la propuesta.
En síntesis la idea es cada vez tender más puentes entre la educación y la vida cotidiana, incorporando a la reflexión que se promueve en el aula, la emoción y el deseo, para motivar dentro del sistema educativo, así como incentivar una reflexión afuera de las aulas, cuando se esté frente a los atractivos mensajes provenientes de las TICs. Si se quiere: educar con los medios y para los medios.
Considerando al mismo tiempo, que estas nuevas tecnologías son nuevas fuentes de saber y ocupan un lugar cada vez más central en nuestras vidas, su integración a los centros educativos los transformarán necesariamente en espacios de exploración, de descubrimiento, y de invención. Para que el nuevo estudiante-nativo digital sea al mismo tiempo receptor y productor, participando cada vez más en su proceso de enseñanza, generando, enriqueciendo y recreando los contenidos educativos.

Fuentes consultadas y a consultar:

– ‘’Nativos digitales y modelos de aprendizaje”
Felipe García, Javier Portillo, Jesús Romo, Manuel Benito
Universidad de País Vasco / Euskal Erico Unibertsitatea (UPV/EHU)

-‘’Educar en una cultura del espectáculo’’ – Joan Ferrés (Editorial Paidós, Barcelona, 2000)

 

(Visited 24 times, 17 visits today)



Mauricio Conde

Mauricio Conde

Nació en San José el 23 de mayo de 1983. En 2010 conoció a Federico Meneses, impulsor de óbolo cultural y más tarde de cooltivarte.com, y se incorporó como co-director y editor responsable de ese medio digital. En COOLTIVARTE también redacta y diseña artículos, entrevistas e información sobre el quehacer artístico y cultural existente en el país. Siempre curioso por seguir aprendiendo elementos vinculados a la cultura, el arte y la educación.