
Estas líneas no pretenden ser una la única forma posible de solución frente a la violencia a la que las mujeres y disidencias estamos subordinadas. Sino más bien, se trata de percibir la realidad en la que la modernidad bajo ciertos consensos explícitos e implícitos – como puede ser la violencia simbólica por ejemplo – hacen al ejercicio sistemático de la crueldad característica de un mundo del que somos parte, pero que ya advertimos y estamos dispuestas a quebrantar.
Todo el arsenal de herramientas que el capitalismo tiene a disposición para someter en sus lógicas a cada una de las personas que lo habitamos, están hoy en día en tensión. Esto no significa, lamentablemente, un mensaje esperanzador en cuanto a estar frente a su caída; sin embargo sí implica un movimiento en las bases de este enorme sistema producto de una conciencia colectiva que emerge cada vez con más fuerza en las sociedades. Esta conciencia no tiene que ver con otra cosa que no sea “darse cuenta” de que se acabó lo que se daba.
¿Por qué entonces no podríamos hablar de un mensaje esperanzador en estos términos? El sistema capitalista que surge en el siglo XVIII no ha hecho otra cosa que reinventarse una y otra vez para mantenerse en el poder absoluto de la vida y la naturaleza del mundo tal y como lo conocemos. A lo largo de la historia, las luchas y movimientos sociales han dado cuenta de la tenacidad de grupos sociales por derrocar dicho sistema, y si bien se han alcanzado numerosos efectos tales como la conquista de derechos o marcos legales de diferentes magnitudes, la lógica operante sigue siendo la misma, en la modernidad, la crueldad.
Los mecanismos por los que se trabaja dicha crueldad, son evidentemente modificados a lo largo de la historia e innumerables autores/as han teorizado sobre ello. Basta pensar en las ideas de Foucault cuando nos plantea el disciplinamiento del cuerpo a través de centros de encierro con el fin de volver a los sujetos dóciles y funcionales a un poder.
Pero en la actualidad, son otras las maneras en las que dicho sistema nos opera. Para ello es clave pensar en el concepto de pedagogías de la crueldad de Rita Segato. La autora nos explica que dichas pedagogías van más allá del mero acto de matar, abusar, acosar, violentar en términos generales, el cuerpo o la esencia de una persona, sino que estamos ante la captura y consumición del cuerpo y de la vida, una característica sutil del ejercicio del poder.
El paradigma de explotación actual supone una variedad enorme de formas de desprotección y precariedad de la vida, y esta modalidad de explotación depende de un principio de crueldad consistente en la disminución de la empatía de los sujetos. (…) el capital hoy depende de que seamos capaces de acostumbrarnos al espectáculo de la crueldad en un sentido muy preciso: que naturalicemos la expropiación de la vida. (Segato; 2021; p. 14)
Dentro de estas pedagogías de la crueldad, los medios de información y comunicación juegan un rol fundamental. Hay una construcción del sujeto que ejerce violencia, en cómo se lo presenta, en los términos que son empleados para dar noticia – si es que se da alguna- pero también, y por sobre todo, una construcción de la víctima, más frecuentemente mujeres. Los detalles que caracterizan la reproducción en los medios, y el alcance periodístico es digno de una crueldad que busca violentar nuevamente el cuerpo de las mujeres, es otra forma de violencia. Estos son los medios hegemónicos, de consumo masivo. Estos son los mensajes a los que nos enfrentamos como sociedad, y que el sentido común no captura como un problema.
En estos sentidos, Segato nos habla de una posibilidad que emerge como antídoto en la búsqueda de un mundo otro. Estas son las contra-pedagogías que pueden relacionarse con cuatro grandes temáticas, caminos disponibles, alternativos, para hacerle frente a dichas crueldades y continuar en esta resistencia. Continuar en referencia a que estamos aquí. Sobrevivimos todos los días y reinventamos una búsqueda necesaria, de lazos comunitarios, de vida colectiva.
En términos generales, las temáticas a las que se puede aplicar este “antídoto” de las contra-pedagogías, son, en primer lugar contraponerse al poder, es decir a los elementos distintivos del patriarcado tales como el mandato de masculinidad, la baja empatía, insensibilidad, burocratismo, etc; debido a que dicho sistema – patriarcal- es la primera pedagogía de poder y expropiación. Contraponerse a ella mediante la sensibilidad de estas contra-pedagogías, puede resultar una de las alternativas propuestas. Por otra parte, un actuar pensante colectivo. Una política comunitaria, en clave femenina. Que busca solucionar problemas y preservar la vida cotidiana, orientándola.
La tercera vía, y en lo que a mi visión refiere una de las más importantes, es que los varones se reconozcan como víctimas del mandato de masculinidad y se retiren como plantea la autora, del pacto corporativo por sí mismos. No han podido identificarse como víctimas de la violencia que el tránsito por la masculinidad supone.
Finalmente, la cuarta temática a la que se puede aplicar una contra-pedagogía de la crueldad es bastante general en lo que se viene ya abordando: trabajar como plantea Segato (2021) “(…) la conciencia de que solamente un mundo vincular y comunitario pone límites a la cosificación de la vida” (p. 18).
Nos queda pensar entonces como comunidad. Quienes intentan silenciar y/o desacreditar las luchas que desafían este estado de cosas en el que habitamos, imparten el mensaje de que es contra la figura del hombre, contra la figura del niño, contra la posibilidad de la existencia masculina. Evidente es el desafío que sienten en sus espaldas ante el miedo de que se desmorone un mundo pensado y ejecutado bajo todos sus ideales y necesidades. Ciertamente, el feminismo y las contra pedagogías plantean la antítesis a estos discursos. No se trata de ejercer violencias sistemáticas e históricas, violentar psiquismos y cuerpos, trabajar en la vinculación bajo la dependencia y la subordinación, despojar vidas, aniquilar pueblos, invadir territorios, mutilar, etc. Esas prácticas son características del mundo que no estamos dispuestas a seguir transitando. Es por ello, que la lucha no es contra el otro, sino CON el otro. A eso venimos, y a eso hacemos referencia cuando hablamos de un mundo comunitario.
Bibliografía:
Segato. R (2021) “Contra-pedagogías de la crueldad”. Prometeo libros. Bs. As. Argentina.














































