ciro alegria

El mundo es ancho y ajeno

Cincuenta y tres años después de su muerte, la obra de Ciro Alegría mantiene una deslumbrante e incómoda vigencia, sobre todo su novela El mundo es ancho y ajeno, publicada en 1941 por la Editorial Ercilla en Santiago de Chile. La novela es una de las más representativas de la narrativa indigenista de América Latina, y la historia que cuenta simboliza la lucha de muchos pueblos indígenas de nuestra actual realidad continental, para quienes el mundo continúa siendo ancho y ajeno. El título de la novela es una dolorosa denuncia social que describe el sometimiento de los indios, porque el mundo, a pesar de ser ancho, no les pertenece, puesto que son manipulados y tratados como objetos que pueden ser llevados de un lugar a otro como propiedad privada. El sentido de comunidad, que es como el indígena entiende el mundo, se pierde cuando son despojados de sus tierras y tratados como esclavos. Las palabras de uno de los protagonistas de la novela, Benito Castro, son definitivas para comprender el sentido del título de la obra y lo que ellas representan como mundo narrativo: “Álvaro Amenábar, el gamonal vecino… Pa eso nos necesita. Pa hacernos trabajar de la mañana a la noche aunque nos maten las tercianas. Él no quiere tierras… Quiere esclavos. Los que mandan se justificarán diciendo: váyanse a otra parte, EL MUNDO ES ANCHO Y AJENO. Cierto, es ANCHO. Pero yo, comuneros, conozco el mundo ancho donde nosotros, los pobres, solemos vivir. Y yo les digo con toda verdá que pa nosotros el MUNDO ES ANCHO, pero AJENO”.

Por esos avatares que suele vivir la creación literaria, la novela no se escribió en Perú, lugar de los acontecimientos narrados, sino en Chile. En junio de 1940 Ciro Alegría comenzó a escribir su mejor novela, con la que ganaría el primer lugar en el Concurso Latinoamericano de Novela, convocado por la prestigiosa Editorial Farrar & Rinehart de Nueva York, auspiciado por la Unión Panamericana de Washington. Un grupo de amigos lo apoyó económicamente para que él pudiera dedicarse a la escritura de El mundo es ancho y ajeno. El escritor se encontraba desterrado por la dictadura del general Óscar Benavides desde el 13 diciembre de 1934. Ese mismo día fue asesinado en un tranvía, en Santiago, su amigo y poeta José Santos Chocano. La realidad suele tejer sus redes con tal asombro, que muchas veces supera la propia ficción.

El mundo es ancho y ajeno se escribe desde las propias vivencias del escritor, que creció en medio de la geografía y la cultura andinas. En el prólogo a la décima edición de la novela que Emir Rodríguez Monegal reproduce en su monumental Narradores de esta América Tomo I (Alfadil Ediciones, 1993), el novelista comenta: “La historia básica del libro comienza en mis años formativos. Nací en una hacienda, crecí en otra […] en los Andes del norte del Perú […]. Mujeres de la raza milenaria me acunaron en sus brazos y ayudaron a andar; con niños indios jugué de pequeño; siendo mayor alterné con peones indios y cholos en las faenas agrarias y los rodeos […]. Y en la áspera tierra de surcos abiertos bajo mis pies y retadoras montañas alzadas frente a mi frente, aprendí la afirmativa ley del hombre andino”. La obra de Alegría es de denuncia de la “explotación e indefensión del indio como una manifiesta reivindicación de su cultura y formas de vida” (citamos por Carmen Alemany Bay, La narrativa sobre el indígena en América. Fases, entrecruzamientos, derivaciones, Acta Literaria Nº 47, 2013). Esta misma reivindicación del indio se encuentra en sus novelas anteriores, La serpiente de oro (Editorial Nascimento, Chile, 1935), que obtuvo el primer premio del concurso convocado por esta editorial, y Los perros hambrientos (Editorial Zig Zag, Chile, 1939), que obtuvo el segundo lugar en el concurso convocado por esta editorial.

La trama de la novela parece una reproducción de la realidad indígena a lo largo de su historia: la injusticia y expolio sufridos por el indio a manos de los latifundistas. Como lo señala Antonio Cornejo en su ensayo La novela indigenista: una desgarrada conciencia de la historia (LEXIS, Vol. IV, Num. 1, Julio de 1980): “en El mundo es ancho y ajeno (1941) el contraste se plasma entre la memoria de la época gozosa en la que ‘todo era comunidad’ y los sucesivos despojos que sufre -hasta su extinción- la comunidad de Rumi”. Realidad vivida y contada por el propio novelista cuando niño y que Rodríguez Monegal reproduce en su citado texto: “Mi padre administraba la hacienda Marcabal Grande, con ánimo justiciero […]. Un día llegó a refugiarse un indio comunero, llamado Gaspar, y al otro día un indio colono, llamado Pancho. Ambos contaron dramáticas historias. Gaspar andaba perseguido por sublevarse y gran parte de las tierras de su comunidad le habían sido arrebatadas […]. Los patrones de Pancho lo reclamaron, mandándole decir a mi padre que ‘lo devolviera’. Entre los hacendados regía la ley no escrita, pero respetada, de que los indios pertenecían a la tierra. Mi padre no lo devolvió. Muchos casos como estos podría contar”.

Pero los indios tienen también sus propias leyes no escritas. Como sabemos, la realidad suele cruzarse con la literatura, y a veces la supera en su trama. Por eso la realidad no es absurda por ser inventada, es absurda por ser real. Y entonces se confunde con la literatura y esta se confunde con la realidad. El mundo es ancho y ajeno encuentra varios símiles en la historia reciente de América Latina indígena. En una columna que escribí el 20 de junio de 2004, De Ilave a Ayo Ayo, comentaba: “El 9 de mayo de 2004, escribía en mi columna De Fuenteovejuna a Ilave, sobre la muerte de Cirilo Fernando Robles Callomamani, alcalde aimara de esa región del distrito de Puno, en Perú. Dos meses después y algo más, la región del altiplano nos entrega otra noticia que más parece una copia de la anterior: “Turba enfurecida da muerte a alcalde de comunidad aimara”, como titulaba El Mercurio del 16 de junio. Ayo Ayo se encuentra a 87 kilómetros de La Paz y el alcalde sacrificado, cuyo nombre ya está en el olvido es Benjamín Altamirano. Al parecer, hay entre los aimaras un atávico y misterioso placer por deshacerse de sus alcaldes, con muchos efectos especiales, pero a la manera indígena. Toda una fábula, como diría Aristóteles.

Casi ochenta años después, ¿encontraría Ciro Alegría la comunidad Rumi que describe en su novela simbolizada en otras comunidades? ¿Encontraría nuevos hacendados como don Álvaro Amenábar, que robaba a los indios sus tierras, los humillaba y los destruía? ¿O encontraría el mundo menos ancho y menos ajeno para los indígenas?

¿Bebieron estos indígenas aimaras que hicieron noticia en la primera década del siglo que vivimos, del levantamiento del pueblo de Rumi de El mundo es ancho y ajeno?

Se lo preguntaremos a Ciro Alegría.

 

Imagen portada: wikipedia.org

 

 

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Alejandro Carreño

Alejandro Carreño

Profesor de Castellano, Magíster en Comunicación y Semiótica y Doctor en Comunicación. Académico en Brasil y en su Chile natal. Columnista y ensayista. Lleva adelante en Youtube su canal “De Carreño a los libros”, donde aborda temas de Literatura, Educación y Cultura.