
“Curita”, el nuevo sencillo de la banda, marca un giro hacia un sonido más cercano al rock alternativo sin abandonar la libertad que siempre definió a Mushi Mushi Orquesta.
El 7 de agosto regresarán a la Sociedad Urbana Villa Dolores para celebrar un reencuentro que, más que un recital, será como un ritual compartido.

Desde sus comienzos, cuando recorrían calles y playas con instrumentos acústicos porque era la manera más simple de viajar haciendo música, la banda encontró una identidad propia mezclando sonoridades balcánicas, valses franceses, folk, tango, música de circo y una sensibilidad profundamente cinematográfica. Una música que muchas veces parecía estar narrando películas inexistentes.
Ahora presentan “Curita”, un sencillo que sorprende por una producción más cercana al rock alternativo, con guitarras más densas y una energía diferente. Sin embargo, detrás del aparente cambio no hay una estrategia de mercado ni un giro calculado: hay simplemente un grupo de amigos reencontrándose para tocar.
Durante una extensa videollamada desde su casa en Buenos Aires, Igna habló con Cooltivarte sobre los cambios de sonido, la amistad como forma de creación, la importancia del vivo y ese extraño milagro de seguir haciendo música sin convertirla en una obligación.
“Curita” tiene un sonido que sorprende. Hay guitarras más presentes, una energía distinta y una producción que se acerca al rock alternativo. Escuchándolo, uno podría pensar que Mushi Mushi está entrando en una nueva etapa. ¿Lo viven ustedes de esa manera?
Igna: “Sí. Creo que sí estamos viviendo un momento distinto, pero no lo pienso como un cambio definitivo. Tampoco siento que sea un punto de llegada o que ahora vayamos a hacer solamente música de este estilo.
Nos pasa algo bastante simple: nos gustan demasiadas músicas.
Entonces sería muy raro decidir quedarnos para siempre en un único lugar.
Siempre funcionamos más como una banda curiosa que como una banda con una identidad cerrada. Nos gusta ir hacia un sonido, explorarlo, volver, desviarnos otra vez. Hay algo muy lúdico en esa manera de hacer música. Nunca sentimos que hubiera que elegir entre una cosa y otra.
Pero “Curita” no representa una ruptura con la Mushi anterior. Representa el momento en el que estamos hoy.
Mañana puede aparecer otra canción completamente distinta y eso también estaría bien.
Creo que muchas veces se espera que una banda tenga un recorrido lineal. Como si cada disco tuviera que explicar el siguiente y todos formaran parte de una estrategia. Nosotros nunca trabajamos así. Más bien funcionamos por entusiasmo.
Si algo nos conmueve, vamos para ese lado. Si dentro de unos meses nos emociona otra cosa, probablemente vayamos hacia allá.
Lo importante nunca fue mantener una estética fija y siempre fue mantener viva la curiosidad.
Creo que esa curiosidad sigue siendo exactamente la misma que cuando empezamos. Incluso siento que este costado más rockero no apareció ahora de la nada. Siempre estuvo dando vueltas en la banda. Ya había canciones donde asomaba esa oscuridad, esas guitarras más fuertes, esa manera un poco más intensa de construir el sonido. Lo que pasa es que quizá ahora quedó mucho más expuesto y más claro para quien escucha.
Pero no siento que estemos dejando atrás nada. Más bien estamos permitiéndonos mostrar otra parte de nosotros mismos”
¿Por qué esta canción surge ahora? ¿Qué pasó para que naciera de esta manera?
Igna: “Creo que tiene mucho que ver con cómo vivimos hoy la banda. Ya no estamos juntos todos los días.
Antes era otra realidad completamente distinta. Ensayábamos muchísimo. Compartíamos la vida cotidiana. Todo giraba alrededor de la música.
Ahora cada uno vive en lugares diferentes. Yo estoy viviendo en Buenos Aires. Hay compañeros que viven en Europa. Otros siguen en Uruguay.
Entonces encontrarnos dejó de ser algo cotidiano y pasó a convertirse en un acontecimiento.
Hoy hacemos una, dos o tres fechas propias por año.
Y, sinceramente, cada una de esas fechas es una fiesta para nosotros.
Porque no solamente vamos a tocar, también vamos a vernos. Somos amigos desde hace muchísimo tiempo. Nos ponemos al día.
Compartimos días enteros ensayando. Volvemos a convivir durante un rato. Y, en medio de todo eso, apareció “Curita“.
Eso me gusta mucho de esta canción.
No nació porque alguien mandó un archivo diciendo “escuchen esta maqueta”. Nació tocando.
Nació mientras ensayábamos.
Los arreglos empezaron a aparecer ahí mismo, entre todos. Cada uno fue aportando algo.
Entonces terminó siendo una canción muy representativa de cómo funciona hoy la banda.
Tiene muchísimo del vivo. Muchísimo de esa energía que solamente aparece cuando estamos todos compartiendo el mismo espacio.
Los EP anteriores, por ejemplo, fueron muy distintos. Muchos nacieron trabajando a distancia.
Uno llevaba una idea. Después otro grababa arriba. Otro proponía otra cosa. Y así iban creciendo.
“Curita” volvió a tener esa sensación casi física de una banda tocando junta.
Por eso creo que también transmite otra energía.
Es una fotografía bastante fiel del momento que estamos viviendo hoy”.

Mientras hablamos, pienso que – en realidad – más que una banda, Mushi Mushi parece funcionar como un grupo de amigos que sigue encontrando excusas para reunirse. Da la sensación de que la música terminó convirtiéndose en el lenguaje de esa amistad
Igna: “Sí. Creo que esa definición está bastante cerca de lo que sentimos.
Con el tiempo la música dejó de ser solamente lo que hacemos arriba de un escenario. También pasó a ser nuestra forma de encontrarnos. Nuestra forma de comunicarnos.
Cuando llega una fecha, todos sabemos que no se trata únicamente del recital. Eso hace que cada ensayo tenga otro valor. No es solamente preparar un repertorio. Es compartir tiempo.
Y creo que esa energía termina apareciendo también cuando tocamos.
La gente muchas veces nos dice que arriba del escenario se nota que somos amigos porque realmente lo somos.
Nos conocemos hace muchísimos años. Pasamos por un montón de etapas juntos y todavía disfrutamos mucho tocar entre nosotros.
Capaz que esa sea la razón por la cual seguimos existiendo como banda.
No porque tengamos un plan. No porque estemos pensando cuál es el próximo paso. Sino porque todavía tenemos ganas de reunirnos para hacer música.
Y mientras eso siga pasando, la banda va a seguir existiendo”.
¿Cómo empiezó realmente la historia?
Igna: “Exactamente así. Nunca hubo una reunión donde dijéramos “vamos a hacer esta música”. Eso vino después, cuando empezamos a entender qué era lo que estábamos haciendo.
Al principio lo único que queríamos era tocar. Nos íbamos de vacaciones y queríamos llevar la música con nosotros.
Entonces apareció una pregunta muy simple: ¿Cómo hacemos para tocar en cualquier lado?
Ahí empezó todo. Necesitábamos instrumentos que pudiéramos cargar. Que no dependieran de electricidad.
Que nos permitieran instalarnos en una playa, en una plaza o en una calle y empezar a tocar.
Por eso apareció el acordeón, las guitarras españolas, el cajón peruano. Instrumentos que eran casi compañeros de viaje.
La mayoría veníamos de bandas de rock.
Estábamos acostumbrados a enchufar amplificadores, pedales, baterías enormes.
De golpe nos encontramos haciendo exactamente lo contrario y fue una liberación porque la música empezó a depender solamente de nosotros, no de un escenario, no de una consola, no de la infraestructura.
Podíamos tocar donde quisiéramos y esa libertad terminó modificando también la forma de componer.
Cuando tocás en una playa la música cambia. Cuando tocás en una calle también.
Hay otra relación con la gente, con el espacio, con el silencio, con el ruido.
Todo eso empezó a entrar naturalmente en las canciones. Nunca fue un plan.
Fue una consecuencia de la manera en que estábamos viviendo”.

Igna: “Sí, totalmente. Primero empezamos a tocar y después empezamos a descubrir de dónde venían esas sensaciones.
Ahí aparecieron Emir Kusturica, Yann Tiersen, los valses franceses.
Toda esa música que tenía una mezcla muy extraña entre alegría y melancolía entre fiesta y nostalgia y nos fascinó porque sentimos que dialogaba con algo que nosotros ya estábamos haciendo sin darnos demasiada cuenta.
No fue una copia. Fue más bien un reconocimiento.
Como cuando encontrás un libro y pensás: “Ah, alguien sintió algo parecido.”
Eso fue muy importante para nosotros porque nos dio herramientas para seguir explorando ese universo pero nunca dejamos de mezclar.
Nunca sentimos que había que respetar un género. Si aparecía algo del tango, entraba. Si aparecía algo del folklore, también. Si aparecía algo del rock, perfecto. Siempre funcionamos así.
Capaz que por eso muchas veces cuesta definir qué hace exactamente Mushi Mushi.
Y la verdad es que tampoco nos preocupa demasiado porque nunca quisimos responder a una etiqueta.
Queríamos hacer canciones que nos representaran”.
Igna sonríe antes de responder.
No parece una idea que hubiera pensado demasiado.
Más bien una sensación que reconoce mientras la escucha formulada.
Igna: “Puede ser. Nunca lo había pensado exactamente así, pero sí, hay algo de eso.
Sobre todo en las melodías no tanto en lo que cuentan las canciones sino en cómo suenan.
Hay una cosa medio lúdica, sí, como una cajita de música.
Y creo que mucho tiene que ver con esas influencias francesas que mencionabas.
Con esa manera de construir melodías que parecen sencillas pero que, al mismo tiempo, pueden transmitir una emoción bastante profunda.
Me gusta esa idea porque tampoco siento que sea una infancia ingenua. Hay una mezcla rara.
Puede sonar luminoso y, al mismo tiempo, bastante melancólico como pasa muchas veces con los recuerdos.
Creo que esa mezcla siempre estuvo presente en la banda”.
Igna: “Eso nos pasa mucho. De hecho, ese primer disco terminó acompañando espectáculos de danza, funciones de circo, cortometrajes.
Hay algo muy lindo en la música instrumental.
Como no tiene una letra diciéndote exactamente qué pensar, cada persona termina armando su propia película. Eso me encanta porque la canción deja de pertenecernos un poco.
Empieza a pertenecerle al que la escucha. Cada uno imagina escenas distintas. Historias distintas. Paisajes distintos, y está buenísimo que pase eso.
La música puede acompañar un montón de cosas justamente porque deja espacios vacíos. No llena todo.
Invita a que el otro complete algo. Creo que ahí hay una libertad muy linda y también una enorme responsabilidad porque cuando no tenés palabras, todo tiene que pasar por el sonido. Entonces cada pequeño detalle empieza a tener muchísimo peso y eso siempre nos interesó mucho”.
Igna: “Sí o incluso puede cambiar completamente la trascendencia de algo. Eso me parece fascinante.
Porque una misma situación puede sentirse completamente distinta dependiendo del sonido que la acompañe. La música no solamente emociona, también interpreta y esa interpretación modifica nuestra percepción.
Por eso nunca sentí que la música instrumental estuviera incompleta por no tener letra. Al contrario, tiene otra libertad. La libertad de no decir exactamente qué hay que pensar.
Cada uno escucha desde su histori desde sus recuerdos, desde el momento que está viviendo y eso hace que una misma canción termine siendo muchas canciones distintas.
Capaz que esa sea una de las cosas más lindas que tiene hacer música. Nunca sabés exactamente qué está escuchando el otro”.
Igna: “Yo creo que hay de las dos cosas. Obviamente somos uruguayos y eso aparece.
Hay integrantes de la banda que tienen muchísimo más incorporados determinados géneros uruguayos y naturalmente eso termina entrando en las canciones pero nunca sentimos que hubiera fronteras.
De hecho, durante mucho tiempo ni siquiera sabíamos muy bien qué género hacíamos.
Al principio pensábamos que hacíamos rock, después empezamos a descubrir un montón de otras músicas y seguimos mezclándolas.
Creo que esa mezcla hace que mucha gente pueda apropiarse de las canciones desde lugares muy distintos.
No sentimos que estemos representando un único territorio. Más bien sentimos que la música puede viajar y que nosotros también cambiamos cada vez que viajamos. Eso hace que todo siga transformándose”.
Igna: “Sí. Yo creo que ese costado estuvo desde el primer día.
Capaz que no era tan visible pero estaba.
Si uno escucha con atención algunos temas de Quebrajar, ya aparecen guitarras más fuertes, baterías más pesadas, una energía bastante cercana a lo que hoy aparece en Curita.
Lo que pasa es que ahora quedó mucho más claro. La producción también fue hacia ese lugar. Le dio más espacio porque también habla de que la banda sigue viva. No estamos tratando de repetirnos. Estamos dejando que aparezcan distintas partes de nosotros.
Pero tampoco significa que ahora vayamos a hacer solamente esto. Capaz que el próximo tema sea completamente acústico o una balada. Nunca sabemos demasiado qué va a pasar.
Y creo que esa incertidumbre también es parte de la identidad de la banda”.
Igna: “Creo que aprendiendo a escuchar. Suena medio simple decirlo así pero realmente es eso.
Con los años entendés que no siempre tu idea tiene que ser la que quede y que muchas veces la propuesta del otro termina mejorando muchísimo una canción. Eso lleva tiempo.
Cuando sos más joven, capaz que defendés más lo propio. Después entendés que una banda no funciona así.
Funciona cuando todos empiezan a construir sobre la idea del otro. Hay mucho de confianza.
Yo sé que si alguien propone algo distinto no lo hace para imponer su visión, lo hace porque quiere que la canción sea mejor y entonces resulta mucho más fácil ceder. Además, somos amigos hace muchísimos años. Nos conocemos demasiado. Sabemos cuándo insistir y cuándo dejar pasar”.
Igna: “Puede ser. Nunca lo había pensado exactamente de esa manera, pero me gusta.
Porque si desapareciera el vínculo sería muy difícil seguir haciendo esta música. La amistad está primero.
Por eso también disfrutamos tanto cada ensayo porque no sentimos que vamos a trabajar. Vamos a compartir tiempo. Después, por suerte, también hacemos música y creo que esa diferencia cambia todo.
Hace que subir al escenario siga siendo emocionante incluso después de tantos años. Hace que cada recital tenga algo irrepetible.
Entonces aprendimos a disfrutar mucho el presente. A valorar el momento en que estamos todos ahí.
Capaz que eso sea, justamente, el ritual del que hablábamos antes. No repetir algo sino volver a descubrirlo cada vez”.
Igna: “Para mí sigue siendo un lugar de encuentro. Creo que esa sería la definición más honesta.
Obviamente es una banda. Obviamente hacemos música pero, sobre todo, es un lugar donde nos seguimos encontrando, donde seguimos compartiendo algo que empezó hace muchísimos años y eso tiene muchísimo valor porque no es tan fácil sostener un vínculo durante tanto tiempo. La música nos dio esa posibilidad porque existe antes que nada en nosotros”.
Durante casi veinte años, Mushi Mushi Orquesta fue cambiando de ciudades, de trabajos, de edades y hasta de países.
Cambiaron los sonidos.
Cambiaron las rutinas.
Cambiaron las formas de grabar.
Lo único que nunca cambió fue aquello que sostiene todo lo demás: el deseo de volver a encontrarse.
Dejar que las canciones aparezcan cuando realmente tengan algo que decir y recordarnos, una y otra vez, que todavía existen personas capaces de reunirse alrededor de una canción como quien enciende una pequeña luz en medio de la noche.
Quizá esa luz no cambie el mundo pero alcanza para volver a encontrarse.
Y, a veces, eso también es una forma de esperanza.
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