
Inspirada por la elocuente reseña del colega Marcelo Rodríguez:
“Petit Orquesta y Mushi Mushi Orquesta en Sociedad Urbana Villa Dolores” no tuve más remedio que ir al encuentro de esta orquesta de la que había escuchado hablar pero no conocía.
Me mantuve al margen de más comentarios y de su discografía, con el objetivo de ir al concierto lo más “virgen” posible.
Evidentemente la vuelta a los escenarios del conjunto ha despertado adeptos, ya que a la presentación del jueves a las 20 hs, tuvieron que agregar una segunda función a las 22 hs., por entradas agotadas. Esto ya pintaba bien.
La orquesta está conformada por seis artistas, multi instrumentistas: Fito López en armónica, melódica, maracas y ukelele, Ignacio Pérez Traverso en teclado y acordeón, Alejandro Schmidt en guitarra y metalófono (xilofón), Pablo Sosa en batería y percusiones, Diego González en violonchelo, guitarrita casera y saxofón alto y Gonzalo Peluffo en guitarra y ronroco (especie de charango del altiplano).
Revisando la lista de temas, encuentro que son los mismos ejecutados en la presentación anterior, pero con algunos pequeños cambios en el orden de la parte central. Todos pertenecientes a discos publicados desde 2010 excepto Curitas que aún está inédito y tuvimos el privilegio de escuchar anticipadamente.
Apoyados por un técnico que maneja sonido y luces desde una tableta al costado del escenario, los músicos van presentando sus piezas una tras otra, con alguna palabra referente al tono o anunciando brevemente el nombre de la canción. Con absoluta naturalidad cambian de instrumento una y otra vez, algunos pasan de estar sentados a parados, siguen el ritmo con los pies. Mientras, sonríen y cruzan miradas cómplices. Ya se sabe: músico que disfruta arriba del escenario, público feliz debajo.
Además de la fuerza arrolladora, el sonido potente, la orquesta logra momentos íntimos, conmovedores. Imágenes vienen a mi mente, efectivamente identifico a Morricone, y las luces rojas y amarillas nos trasladan al calor del desierto de un spaguetti western. Es increíble lo mucho que puede hacer el iluminador con una parrilla aparentemente básica.
La música me sigue llevando por otros lugares, imagino qué buenos invitados podrían tener, como Gustavo Ripa o Julieta Venegas, mientras observo al percusionista totalmente en estado de trance o duende.
Llama mucho la atención una pequeña guitarrita que maneja Diego, más chica que una normal, más grande que un ukelele. Posteriormente consulto y me informan que fue hecha por él mismo y eso explica mucho del acercamiento de los artistas a la creación, también.
Los temas siguen sin pausa, siento que uno de ellos podría formar parte de la banda sonora de Amélie, y otro quizás de alguna de Kusturica, con un incremento de la velocidad alucinante y psicodélico, donde Fito termina tocando la armónica de rodillas en el suelo; para pasar luego a una especie de carnavalito del altiplano, de forma totalmente natural.
El público acompaña cada canción, aplaude, festeja, grita, silba, baila en el asiento. Cuando anuncian la retirada, hay quejas pero nos tranquilizan: aún quedan cuatro temas. Pero no queremos que termine el show, podríamos estar allí mucho más tiempo, sorbiendo cada pieza con fruición, disfrutando cada cambio de ritmo así como vemos los cambios en los instrumentos.
Gran doble presentación de lo que parece ser un gran año para Mushi Mushi Orquesta. Estén atentos a sus redes, para aprovechar cada nueva presentación antes de que se vuelvan famosos y nos los roben de cualquier otro lugar del mundo, porque es evidente que este nivel de talento excederá nuestras fronteras.
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