
Entre sintetizadores, fotografías nocturnas, voces infantiles, incendios, tormentas y máquinas que a veces deciden desviarse del camino, Nacho Adda construye en Balneario un territorio donde escuchar también significa recordar. El proyecto PAR propone una experiencia electrónica que no entrega todas las respuestas y que, justamente por eso, exige algo cada vez más extraño: tiempo.
Eso fue lo que ocurrió con Balneario, el trabajo de PAR, proyecto solista del músico y diseñador gráfico uruguayo Nacho Adda.
La imagen inicial pertenecía a su hermano, fotógrafo, que había realizado una serie de fotografías nocturnas en Valizas.
Un rancho perdido entre los médanos, la humedad suspendida en el aire, el flash atravesando la noche. Adda quedó particularmente impactado por esas imágenes y, mucho antes de comenzar a grabar el disco, creó una carpeta llamada “Balneario” para guardarlas.
El disco todavía no existía, pero ya tenía nombre.
Luego de Ciclos, aquel paisaje comenzó a convertirse en música, personajes, escenas y una historia que se despliega a lo largo de nueve temas. No una historia cerrada, explicada, subrayada. Más bien un territorio sugerido, poblado por fragmentos, sonidos, textos, voces y pequeñas señales.
Entre ellas aparece la voz de su hija, que no solamente participa narrando uno de los pasajes del disco: también escribió el texto que interpreta. Esa voz infantil se vuelve entonces parte de una arquitectura mucho más amplia, una especie de memoria familiar atravesando una ficción sonora. En Balneario, las experiencias humanas no aparecen necesariamente contadas de manera directa. A veces llegan como una tormenta. O como un incendio. O como un hogar que desaparece. O como una frase dicha por una niña.
El propio Adda explica que buscó construir una historia insinuada, donde cada tema presenta de alguna manera a alguno de los personajes que habitan ese balneario. Para hacerlo recurrió a letras, nombres de canciones, samples, participaciones y narraciones. El resultado es una obra que se resiste a ser consumida como una sucesión de canciones aisladas.
La oscuridad también puede ser una forma de belleza
En tiempos donde lo oscuro suele ser rápidamente traducido como negativo, PAR se mueve en otra dirección.
Adda no reniega de las zonas incómodas. Por el contrario, encuentra allí una materia fértil para crear. Recuerdos, experiencias, circunstancias, sonidos que marcan, momentos difíciles: todo aquello que suele quedar bajo la etiqueta de “oscuro” puede convertirse también en un lugar de reflexión y belleza.
La música electrónica experimental que construye no busca necesariamente la comodidad del oyente. Hay loops que se repiten hasta transformar la percepción, sonidos que no terminan de armonizar, frecuencias que generan cierta tensión. La incomodidad, dice, no está necesariamente del lado del músico, sino de quien escucha.
Y ahí aparece una palabra que atraviesa buena parte de su pensamiento: escucha activa.
No se trata de prender una radio, escuchar una canción mientras pasa otra cosa y olvidarla después. La música de Par requiere atención a las texturas, a los sonidos que entran y salen, a los pequeños desplazamientos. Al no existir siempre una voz que funcione como centro narrativo, el oyente debe encontrar sus propios puntos de entrada.
Uno puede quedarse con los graves. Otro con un sintetizador. Otro con una frase. Otro con la sensación general de estar atravesando un paisaje que no sabe exactamente dónde termina.
La obra no cambia. Cambia el escucha.
Y quizás allí exista una de las ideas más interesantes de Balneario: que el arte no tiene necesariamente que explicar qué debemos sentir.
Administrar el caos
En vivo, PAR no reproduce simplemente Balneario.
El disco funciona como estructura, pero el escenario abre otra posibilidad. Adda no utiliza computadora durante sus presentaciones. Los sintetizadores están conectados entre sí y parte de lo que ocurre depende incluso de pequeñas variaciones físicas: una perilla movida apenas unos milímetros puede llevar un sonido hacia otro lugar.
Existe una estructura, pero también existe el accidente.
Una parte importante del set está preparada. Otra queda abierta a lo que suceda en ese momento. Si el público responde de determinada manera, algo puede prolongarse. Si una frecuencia genera una reacción inesperada, puede modificarse. Si una idea sonora no funciona, se abandona.
El músico se convierte entonces en una especie de administrador del caos.
No se trata de improvisación absoluta, sino de una improvisación con esqueleto.
Y esa diferencia importa porque una de las características que Adda reivindica de su proyecto es que cada presentación sea realmente una experiencia diferente. En un género donde sería sencillo reproducir las secuencias grabadas y limitarse a presionar “play”, elige dejar espacio para que algo ocurra.
Incluso para que algo salga mal o, quizás, para que algo inesperado pueda salir bien.
En tu música aparece mucho lo oscuro, lo incómodo, lo que no necesariamente es agradable. ¿Qué encontrás ahí?
PAR: “Las personas, en general, asumimos que lo oscuro es como algo negativo, cuando en realidad puede ser la percepción natural de la vida, de diferentes momentos de la vida, de circunstancias, de recuerdos, de sonidos que nos marcan, de experiencias. ¿Por qué siempre tenemos que poner eso como oscuro? Soy etiquetado de cinismo, de negatividad, no sé, a mí particularmente no me parece mal. Me siento mucho más cómodo trabajando y reflexionando sobre los temas que por ahí no son los más felices de tenerse a pensar, pero qué bueno que tiene cierta belleza también para poder trabajar.
En Balneario aparece una historia que se va construyendo con personajes, sonidos, textos y voces. ¿Cómo nació esa idea?
PAR: “Para el disco este particular yo lo que quería era que contaran una historia que está ahí como insinuada en el disco y que en cada tema aparece algún personaje de los que habitan en este balneario, haciendo alguna referencia ahí como para poner al oyente un poco en situación, en el clima del disco.
Eso es mucho más fácil obviamente con los temas que son más formato canción, que están más cerca de tener letra, son más accesibles. Y en los otros son como entre el clima del tema, el nombre que tiene el tema, hay algún sample, alguna participación, como esta que decís, la narración que hizo mi hija, que no sólo la narró, sino que lo escribió ella.
Entonces, en base a eso empecé a tener como material para juntar todo después e ir cerrando toda esa historia. Cerrando no, planteando la historia, ya que está a lo largo de los nueve temas del disco”.
En tus presentaciones en vivo. ¿Qué buscás generar con esos climas?
PAR: “Cuando empezó el krautrock y toda la movida alemana, el ritmo de la batería, hay gente que después de un rato dice “bueno, ya está, cambia”, porque esa repetición, en vez de hacerte entrar en un mantra, te pone en un lugar que no está bueno.
Depende de la gente, si está más amigada con la repetición, con sonidos que son un poco atonales entre sí, cosas que no armonizan del todo. Porque hay un leve desafío entre los sintetizadores, buscado duramente. Entonces, generar momentos de confusión, de cierta incomodidad, para después enganchar con otro tema”.
Hablás de una escucha activa. ¿Qué significa eso para vos?
PAR: “Está como bastante estudiado el asunto, y se lo describe como escucha activa. Es como no tanto “prendí la radio, sonó una canción, pasó y listo, la tarareé un poquito y listo”, sino que es una música que, al estar cargada de detalle, con mucho trabajo en la textura, que van saliendo, dejando lugar para que entren otros, va generando cierto vaivén, cierta ida y vuelta entre lo que se va proponiendo.
Y mayoritariamente, al no tener una narración o una voz con la que generalmente el escucha se identifica, que es el cantante y es el que va a llevar el show adelante y que nos cuenta, al ser más sonidos que entran y van, requieren una escucha activa.
Entonces después viene uno y me dice que se quedó copado con los bajos, y otro te dice “no, increíbles los ruiditos aquellos”. Cada cual le va a encontrar el detalle con el que hace”.
¿Eso también condiciona dónde elegís tocar?
PAR: “Sí. Yo lo hice muy al principio, con mi segundo disco, aceptar propuestas de tocar en boliches, y me di cuenta enseguida que la gente está en otra, con toda razón.
No sé si es el tipo de música para ir a ambientar una escena, porque sí, se puede escuchar de fondo, pero se va a perder bastante del detalle y de la riqueza de la textura, que es algo que yo trabajo bastante.
Yo creo que el fuerte de lo que yo trabajo es el vivo. Si vos estás ahí de fondo, sí lo podés escuchar de fondo, te lo podés poner, mirar por la ventana mientras vas en el ómnibus y va a funcionar. De hecho, te hace como un soundtrack ahí de la ciudad, de lo que vas viendo.
Por eso esta oportunidad de Magma está tan buena. Vamos a estar ahí todos encerrados, rodeados con las visuales, y como sumamente inmersos en el mundo sonoro del disco, sin distracciones, sin gente que entre y que salga”-
La imagen también tiene un peso enorme en tu trabajo. ¿De dónde viene esa relación entre sonido y visualidad?
PAR: “Mi profesión es diseñador gráfico, entonces es una cosa que siempre me interesa. Yo siempre hago el mismo chiste: que a veces la carrera de la música fue como una excusa para poder hacer las tapas de disco que yo quería, que nadie me pidiera cambios, que nadie…
Al momento de que yo ya estoy pensando algún concepto para trabajar en el disco, ya inevitablemente va asociado con alguna imagen.
Y el caso más extremo es este disco, porque yo estaba… todavía no había empezado a grabar el disco anterior, Ciclos, y mi hermano, que es fotógrafo, en ese momento se iba a ir del país.
Él tenía una sesión de fotos que había hecho en Valizas, de noche, en la playa, con las partículas de humedad en el aire, con el flash. A mí me impactaron mucho esas fotos, el rancho ahí perdido entre los médanos, y le dije: “Vos dejame estas fotos porque yo con estas fotos algo voy a hacer”.
Así me hice la carpeta, le puse “Balneario” y puse las fotos.
Grabé todo el disco anterior, salió Ciclos, y dije: “Bueno, ahora voy a contar la historia de ese balneario”. Porque esas fotos para mí fueron siempre muy impactantes. Me llevaron a imaginarme situaciones en base a la foto, a la foto de tapa, personajes que podrían estar viviendo, y conceptos que después traje al trabajo también. Cuál es el significado del balneario, el balneario fuera de temporada, qué pasa con las cosas que son una cosa y después son otra, o lo que podía haber sido.
Entonces el sistema visual estuvo muy presente. Antes de que yo grabara una nota, ya tenía tapa y ya tenía nombre el disco. Fue casi como un encargo que yo me hice a mí mismo: “Está esta foto, hacé un disco sobre esta foto, hacé un cuento sobre esta foto”.
También decidiste escribir vos mismo los textos. ¿Qué buscabas con esas imágenes?
PAR: “A diferencia de las colaboraciones anteriores, fue escribir yo. Esta vez sentía que tenía que escribir, no porque fuera autobiográfico o sí, algunas cosas las escuché, me las contaron, otras me pasaron, pero sí me interesaba que los textos generaran como imágenes potentes y que no fuera tan digerido de qué se está hablando.
Imágenes fuertes, pero sin muchas metáforas abstractas, sino que todos puedan entender.
Por ejemplo, que el sol golpea el camino. Bueno, uno entiende ahí que hay un calor bárbaro en ese balneario, que el sol está golpeando el camino.
Ese tipo de imágenes sobre el incendio, la tormenta, los bosques fríos, dan un contexto, pero no terminan de explicar del todo qué es lo que se desarrolla y qué es lo que pasa”.
¿Sentís que hoy el arte tiene que volver a dejar preguntas abiertas?
PAR: “Eso lo entiendo dentro de necesidades de mercado. Al yo no estar en el circuito comercial, ni al trabajar desde la independencia, no tengo que darle digerido nada a nadie.
Porque nadie me va a correr con “mirá que si a los 30 segundos ya no dijiste algo importante, o un gancho, ya la gente ya cambió”.
Ese público evidentemente no es el que va a escuchar un tema de siete minutos, que capaz que hasta la mitad del tema no termina de empezar, y después empieza y después se va.
Entonces evidentemente mi trabajo, y la gente con la que resuena lo que hago, está más abierta a ver arte que hace más preguntas que da respuestas.
Y después a cada uno le resuena de manera diferente”.
¿Cómo vivís esa tensión entre la lógica de las plataformas y una obra que necesita tiempo?
PAR: “Si estás inmerso ahí en esa lógica comercial, es más complicado para nosotros hacer determinada música, para ustedes escribir sobre otra determinada música. Es todo como una rosca de la estadística, de la reproducción, del click y de las visualizaciones.
No da mucho espacio para abrirse a propuestas que requieran un poco más de pasividad de parte del otro, que requieran un poco de compromiso.
Por eso también me interesaba, cuando salió el disco, hacer como una escucha colectiva”.
¿Qué querías que ocurriera en esa escucha colectiva?
PAR: “Yo quería hacer una escucha colectiva, no tanto por el hecho de la escucha colectiva, sino de hacer algo, que pase algo.
Un lanzamiento de un disco que yo trabajé entre el arte hasta el último video, pasando por la música en el medio, fueron cuatro años.
Y no puede ser que eso quede en un lanzamiento y un par de notas.
No puede ser que aparezca una notificación en el celular que te diga: “Bueno, ya está el disco disponible, vení a escucharlo”.
Ahí aparece también cierta nostalgia por la experiencia de escuchar un disco completo.
PAR: “Sí. Cuando yo era chico, uno tenía que ir a un lugar donde vendían discos específicamente, escuchar ahí, y luego que te llevabas el disco lo escuchabas todo.
Había un trabajo activo de parte de la persona que quería escuchar algo.
Ahora es “tal promo, tal productora tendrá mayor alcance que otro”, pero no debería depender de eso. Deberíamos ser todos un poco más proactivos”.
¿Qué pensás que perdimos con esa transformación?
PAR: “Yo creo que esto responde a que el cine y la música son artes que explotaron en el siglo XX y que quedaron ahí en el siglo XX, para la sensibilidad del siglo XX.
Hoy en día la gente no vaya al cine, o prefiera ver la película doblada porque así no tiene ni que leer, que prenda el celular en la sala de cine, que la relación que tengamos con la música sea totalmente diferente. Ya no se escucha mucho disco. Se escuchan temas salteados. No se tienen discos en las casas, no se tienen libros, DVDs, Blu-rays.
A mí me molesta porque no es la manera que yo viviría, pero entiendo que las nuevas generaciones que se crían con eso les interesará más otra cosa, los relacionarán de otra manera.
Me parece que estaría bueno que nosotros hiciéramos un poquito de esfuerzo, tratar de frenar un poquito, decir “bueno, si tenemos la posibilidad, nuestra música no va por ese lado, frenemos un poco, juntémonos, escuchémoslo, hablemos entre nosotros”.
Un poco de comunidad, que me parece fundamental también a la hora del arte. Porque si no, no sé ni para qué sirve. La película es para verla entre todos, el libro también para comentarlo, la música también para comentarla”.
¿Y qué sucede con los recuerdos en esta nueva relación con lo digital?
PAR: “Ahora como que no tenemos. La cultura es como que la tienen otros. Nosotros pagamos una plata por mes para poder usarla, y eso también sí o sí va generando un distanciamiento de lo que te gusta ver, de lo que te gusta leer, de lo que te gusta escuchar.
Porque llega un momento que ya ni siquiera tenés que pensar “qué película”. Es “abrí Netflix a ver qué hay para ver”, más que “tengo ganas de ver esta película”, o “tengo ganas de escuchar este disco”, o “este libro”.
Es como que nos han sacado todo.
Y bueno, un poco de eso también el disco habla”.
También hablás de las fotografías y de cómo podemos perder nuestros propios recuerdos. ¿Te preocupa esa transformación?
PAR: “Yo parto de la base de que todo lo que estoy viviendo es falso.
Ahora uno ve un video y lo primero que piensa es: “No, seguramente no sea verdad”. Y no lo es.
También se está generando una relación con lo que fue como el arte definitivo del siglo XX, que fue la imagen, la imagen en movimiento, la fotografía, la televisión, los inicios de internet.
Eso ahora ya medio que tampoco significa nada, porque la imagen está tan intervenida.
Va a llegar un momento en que va a terminar pasando lo mismo que con la música: la gente va a ir cambiando su relación con sus recuerdos.
Y eso me parece lo más triste, porque que uno cambie su vínculo con sus propios recuerdos creo que es como algo atroz”.
¿Qué lugar tienen entonces los objetos físicos, como los discos o los libros?
PAR: “Yo, que soy del siglo XX, que fui adolescente en los 90, no me quedo solo con Spotify.
Si puedo, como hice con el disco, edité un librito que tenga, si bien es un link a descarga en buena calidad, fuera de la compresión que hacen las plataformas, unos textos, fotitos en grande, leer quiénes participaron en el disco.
Eso es una cosa que también está totalmente desaparecida de la cultura. Salvo que hagas veinte clics y submenús y cosas, no te enterás quién grabó, dónde se grabó, quién masterizó.
Me parecen boludeces, pero sacan la lista entera de quién trabajó. Es como que no importa quién trabajó”.
¿Qué descubrías vos en esos créditos?
PAR: “A mí me encantaba empezar a investigar. Siempre fui muy curioso en ese sentido.
Bueno, este disco lo grabó un fulano, el productor artístico fue tal. Ah, bueno, entonces ¿Quién es tal? Bueno, a ver, es este, que también produjo este, este, tocó en tal banda.
Como que se te abre un panorama mucho más amplio.
Hoy, si lo querés hacer, es más complicado porque depende de la plataforma acceder a los créditos, no es tan claro.
Y después tampoco termina siendo que a la gente no le importa. Es como que termina siendo ya la figura del productor incluso. Yo qué sé, tener los discos de los artistas pop del momento y hay treinta productores por tema, entonces decís “¿qué hace cada uno?”.
Está desvalorizado desde la industria misma”.
¿Y qué encontraste cuando empezaste a mirar esos créditos en la escena electrónica?
PAR: “Una cosa muy divertida que empecé a descubrir fue eso, de ver los créditos y ver que hay nombres que se repiten, que hay estudios, hay dos, tres estudios, hay como una movida indie electrónica experimental y ves gente que incluso yo trabajé con ellos y que han grabado un disco de este, graban en esto, graban el otro.
Entonces del otro lado del océano te vas armando un panorama.
Decís: “Ah, mirá, esto es como la escena local”. Es como este que graba los discos de aquel. Y te vas armando un panorama que si te quedás en lo digital difícilmente puedas saberlo”.
En vivo, ¿Cuánto está preparado y cuánto queda librado a la improvisación?
PAR: “Siempre que toco en vivo no es igual. Primero por cuestiones técnicas, de que yo trato de que lo que hago en vivo es hacerlo en vivo y no es ir a apretar, a tirar una pista al lado de la otra.
A mí me aburre. Y yo creo que si yo me aburro, nos aburrimos todos.
Entonces trato de que, bueno, hay más o menos, conocés este tema, escuchaste el disco, bueno, en vivo va a estar cierta estructura, cierto esqueleto, pero se le va a agregar algo, va a ser como una reversión.
Eso siempre, desde el primer disco hasta ahora, ha pasado.
En vivo trato de dejar cerradas las partes que tienen beat, que son programaciones. Pero, no sé, un 75% del disco – ponele – que tiene que entrar esto acá y entro acá y entro acá. Pero después hay otro porcentaje que yo lo dejo más al momento, a lo que pase”.
¿Qué pasa cuando esa improvisación sucede frente al público?
PAR: “A mitad de set, siempre hago una parte de “bueno, síganme un poquito, si me disculpan y me quieren seguir, vamos a probar esto”, y desarrollamos ahí, creando un poco sonido desde las máquinas, algo nuevo en el momento.
Y con este género es muy fácil caer en la tentación de apretar play y ya está, porque es lo que grabaste.
Pero a mí me resulta aburrido. Si yo como artista me estoy aburriendo, nos arrastramos todos y va a ser un embole para todos”.
¿Qué va a tener de particular la presentación en Magma?
PAR: “Las visuales son específicas para este show. Eso es lo bueno y lo malo que tiene Magma: lo que hagas para ahí está buenísimo, y lo malo es que después no te sirve como para nada, por la configuración de resolución de pantalla y todo ese tipo de cosas.
Entonces el show que vamos a hacer ahí, ese día, no lo vamos a volver a repetir. Va a ser como nada, en esa oportunidad solamente”.
¿Quiénes van a acompañarte?
PAR: “Va a estar Andrés Torrón, músico, periodista, investigador, que fue quien grabó las guitarras criollas en el disco, y va a estar ahí en alguno de los temas.
También va a estar Camila Villar, que es quien me acompaña desde hace un tiempo, haciendo los temas que son cantados, que yo por lo general hago con Fena Frey, que es una artista argentina radicada en México. Obviamente no va a estar, entonces en los casos donde la persona que compuso el tema no puede estar, Camila es quien toma la posta y es como que la voz del proyecto”.
¿Cómo debería llegar alguien que nunca vio un show de PAR?
PAR: “Tiene que ir preparado y dispuesto a meterse literalmente en una caja, donde va a haber estímulos visuales todo alrededor y estímulos sonoros alrededor también.
Tiene que dejarse llevar, a ser curioso, a por ahí dejar de mirar al tipo que está tocando y mirar todo alrededor, lo que está pasando en las pantallas, y después volver.
Es una oportunidad también de contemplar el concierto de una manera diferente.
La gente no está tan acostumbrada a ver a uno que está ahí con los instrumentos, con esto, con todos estos cables, con todas estas cosas. También es curiosidad de ver qué pasa, qué son esos instrumentos, qué sonido genera cuando uno mueve una perilla.
Es para la gente que tenga ganas de vivir un show audiovisual, que tenga ganas de conocer nuevos sonidos, que le interese lo inmersivo. Casi como que tenga ganas de estar ahí en una película, un soundtrack al mismo tiempo.
Y bueno, que disfrute. Que vaya dispuesta a sorprenderse”.
Después de tantos años trabajando en este proyecto, ¿Qué te deja una conversación como esta sobre Balneario?
PAR: “Siempre está bueno poder bajar ideas también, cosas que normalmente no se piensan sobre el disco. Siempre está bueno tener estas instancias para bajarlas a tierra”.
La cita será el 19 de setiembre 2026 en Magma Futura y podés conseguir tu entrada en este link.