
Polifonías de extrañas supervivencias.
Entrevista a Luis Fernando Iglesias*.
Sí nuestras vidas se conforman a través de recuerdos, como obviar que muchos están acompañados de sonidos de ciertas músicas, de trozos de canciones que de manera inesperada nos encontramos silbando en silencio, o atravesados por nuestra memoria. Forman parte de las tantas dendritas que hilvanando unas a otras saltando de neurona en neurona, y destapan la corteza emocional de trayectos que pensábamos olvidados, o supeditados a la búsqueda o confrontación de ciertas escenas de nuestras acciones. A su manera, cada uno lleva su banda de sonido entre sus pertenencias.
Entre la piel escondida entre capas de otras pieles, aún de aquellas que han caído para vestir el advenimiento de nuevos días. Sensaciones también llegadas desde el descubrimiento de nuestras fragilidades y fortalezas. Caminamos por avenidas tan ásperas y nostálgicas, como otras que han arribado para auspiciar la alegría y la euforia, entre partituras diseminadas por los altavoces radiales que no sólo las exponen, sino que como en esta caso, dan cuenta de sus propias historias.
Historias de Músicas es el nombre del programa que desde 2016 conduce en Radio Cultura Luis Fernando Iglesias* junto a su grupo de colaboradores. De las singularidades de esas historias y de su espacio radial, es sobre las que hemos hecho girar nuestras indagaciones, en un medio donde el producto radial no siempre es sinónimo de calidad, y donde la banalidad y las auto referencias, nacen mayormente a través del ímpetu de la ostentación y el mal gusto, que desde proyectos asertivos desde el punto de vista formativo y cultural.
– Desde siempre la literatura y la música han estado inevitablemente ligada a las circunstancias de tu vida. Has viajado, tocas la guitarra, aspectos que quizás muchos no conozcan, y tienes un reconocimiento desde el ámbito editorial. Tu padre era también un gran melómano. Actualmente a través de Historias de música, que recuerdas de ese entonces. Ya eras un escucha radiofónico, ¿qué espacios musicales recuerdas particularmente y por qué?
-En la casa de mi infancia siempre hubo música. Una especie de banda de sonido de canciones que completan el recuerdo de esos días. En la casa de mis abuelos de Sayago, la radio estaba encendida desde la mañana mientras mi abuela cocinaba. Esas mañanas con aromas a comida incorporados, eran ganadas por Aquí está su Disco con los pedidos de canciones para determinadas personas y el final con “muchas gracias Señor Bello”.
En la casa de mis padres había un tocadiscos Collaro, una valija con un solo parlante, donde mi padre ponía discos casi todo el tiempo. Ahí se escuchaba música clásica, Gardel, el folclore argentino, los Festivales de San Remo (recuerdo el de 1966 en particular). Más adelante Zitarrosa de quién mi padre tenía todos sus discos o el Sabalero. Allá por 1964 o 1965, nos regalaron “Canciones para mí” y “Canciones para mirar” de María Elena Walsh. Junto a mi hermano, los escuchamos tantas tardes que ese gusto por esas increíbles canciones con historias inolvidables se trasladó a mis hijos y calculo que ellos se los harán oír a los suyos en algún futuro. Otra pequeña magia que tiene la música. Con mi padre, las discusiones sobre estilos eran eternas. Gran hincha de Sinatra y Piazzola me peleaba diciendo que el rock no duraría demasiado. Como retruque, yo le insistía que el tango y los crooners como Sinatra, también desaparecerían con su generación. Obvio que ambos nos equivocamos.
En sus últimos años él se hizo hincha de bandas como The Beatles, Santana, Bread o en especial Dire Straits. Y obvio que hoy yo me muero con Sinatra y el tango ocupa un lugar importante entre mis gustos musicales. Llegamos a ir a ver un recordado recital de Blood Sweat and Tears juntos al Cine Plaza y sellamos la paz en esas discusiones que teníamos casi como ejercicios diarios, sin tener que decir nada. Estudié guitarra en la adolescencia, no demasiado tiempo, y junto a mi hermano formamos una banda que se llamó Homogéneo. Él siguió hasta hoy como músico profesional mientras que yo, reconociendo mis limitaciones, la incorporé como una compañía a la que ahora le presto muy poco tiempo y es algo que debo retomar. No olvidemos aquella banda que compartimos a fines de los setenta, “Paraíso de Chanchos”, donde quisimos emular a una especie de Crosby, Stills and Nash sin poder alcanzar su afinación. Pequeño detalle.
La radio siempre estuvo presente en mi vida. De adolescente no me perdía “Impactos” en Radio Independencia y luego seguí con programas como Meridiano Juvenil, del inolvidable Deqo Núñez, Eco Contemporáneo de los Restuccia, Los Protagonistas de Esteban Leivas, Carlos Martins, el Discodromo de Rubén Castillo, La tarde a nuestra manera, de Lousteau y varios programas más. El comienzo de Radiomundo allá por los setenta, también fue un ícono de ese tiempo. Mi radio reloj de esos años me despertaba con su música. Pero también me acompañó en el fútbol, con los relatos de Heber Pinto o Solé luego Víctor Hugo, las inolvidables previas y el periodismo. Desde el comienzo seguí a Emiliano Cotelo y al igual que en la infancia de Sayago, la radio siempre fue un querido e imprescindible “ruido de fondo” en mi vida.
– Viviste un tiempo y te graduaste en los Estados Unidos, donde las radios, sobre todo en los años 60 y 70, vivían una evolución constante, sumadas a los emisiones independientes y universitarias. A través de estas varias bandas de posterior suceso internacional comenzaron a ser difundidas, un ejemplo es REM a mediados de los 80. Escuchabas allí alguna emisora en particular, alguna de los circuitos underground
-De ese 1976 en USA, donde viví seis meses en San José de California, recuerdo más que nada el equipo de audio donde solíamos poner discos de esos tiempos con mis hermanos americanos. “Frampton Comes Alive” y “Eagles, Greatest Hits” fueron dos álbumes que quedaron transparentes de tanto escucharlos. Lo nuevo para mí fue un programa de televisión que emitían en la noche del viernes para el sábado. “The Midnight Special” era un show en el que varias veces hizo de anfitrión el recordado Wolfman Jack (que aparece en la película “American Graffiti”) Ahí vi bandas inolvidables tocando en vivo. Fleetwood Mac, con su nueva formación con Stevie Nicks y Lindsay Buckingan, Stevie Wonder, KC and the Sunshine Band, y los inclasificables The Tubes con “What do you want from life” o “White Punks on Dope”. Fue un año muy rico en la música. Apareció Boston, salió el Desirée de Bob Dylan, Barry Manilow estaba en un punto alto de su carrera, Jethro Tull sacaba el criticado “Too Old to Rock’Roll, Too Young to Die”.
La radio solíamos escucharla en el garaje de la casa de la familia Álvarez, con la que viví esos meses inolvidables. Mientras jugábamos al ping pong o tirábamos algunos tiros al aro, se escuchaba siempre “KFRC San Francisco”. Ese nombre lo asocio enseguida con Love Will Keep Us Together, el tema de Neil Sedaka que Captain and Tenille llevaron al número uno a fines del 75 porque lo pasaban todo el tiempo a la vuelta de las tandas. De ahí salen algunas grandes baladas como: “Shannon” canción de David Gross, o December 1963 (Oh what a night) de Frankie Valli & The Four Seasons junto a “Let the Music Play” de Barry White entre muchas. KFRC era una radio muy importante, netamente pop en aquél año, que repasaba las canciones más vendidas de cada semana.
Tuve la suerte de ver en concierto a War, junto a Lidya Pense and Cold Blood y en especial el recuerdo inolvidable de haber visto a Chicago, en una de las últimas giras con Terry Kath, en el Cow Palace de San Francisco. Estrenaron “If you Leave me Now” y aún siento la emoción cuando en los bises hicieron “Questions 67 & 68”. Tengo el remordimiento de no haber ido a ver a Wings porque estaba un poco enojado con McCartney y sus “tontas canciones de amor” Pero en esa gira por toda USA, volvió a tocar temas de The Beatles. Me quería matar. Por suerte me redimí y lo vi las tres veces que vino a Montevideo.
– Cómo llegás a concebir el espacio de “Historias de músicas”. Pensabas que había una ausencia desde una perspectiva periodística de ahondar sobre como ciertas canciones fueron concebidas. Enriquecer desde esas instancias la divulgación de un determinado tema, álbum y autor…
–Todo empieza por ese pasado de aficionado obsesivo a la música y a la vez por mis trabajos como escritor. En 2006 el Cultural de El País quería tener a alguien que escribiera sobre libros referidos a música. El querido Hugo Fontana me propuso y empezó mi trabajo como colaborador. La primera nota fue una tapa referida a la vuelta de Cat Stevens a los escenarios. Ese trabajo hizo que leyera muchos libros de músicos que admiraba como The Beatles, The Rolling Stones, Neil Young, Bob Dylan, Mick Fleetwood, Eric Clapton, Bruce Springsteen, Keith Richards y muchos más. Todas esas lecturas se fueron escondiendo en mi memoria y me hicieron aún más obsesivo con la música.
En 2015, el escritor Pablo Silva, conductor de “La Máquina de Pensar” en Medios Públicos, me preguntó si no quería hacer una columna cada quince días. Acepté porque me daba el gusto de hablar de artistas que me apasionaban. Se llamó “Noches de Música” y tenía como cortina el tema “Music” de John Miles.
Una de las primeras fue sobre la muerte y legado de B.B. King. En ese año, en forma imprevista, fallece el querido Deqo Núñez y termina el programa “Meridiano Juvenil”. El gerente de programación de la radio, Gerardo Caballero, una noche desvelado escuchó una de esas columnas y me propuso si quería dar una prueba para hacer un programa que ocupara ese horario. Pensé que sería una vez por semana, dije que sí. Cuando me enteré que era todos los días me asusté y al comienzo me negué. Pero por suerte recapacité y el 1 de febrero de 2016 comenzó “Historias de Música” primero en Emisora del Sur que luego pasó a llamarse Radio Cultura. Primero de 13 a 14, viejo horario de “Meridiano…”, luego de 12 a 13 donde ha permanecido con repeticiones a las 22 horas.
En el comienzo era armar programas con canciones del rock, pop, blues y folk de los últimos cincuenta años. Pero al poco tiempo el objetivo se amplió. Música del Río de la Plata, de Brasil, de España. No solamente rock y pop sino que también folclore, tango, boleros y cualquier género o artista que tuviera buenas historias. Luego empezaron los invitados. Músicos como Fernando Cabrera, Roberto Darwin, Estela Magnone, Carlos da Silveira, Mauricio Ubal, Trevor Podargo, Alejandro Ferradás, Walter Bordoni, Lobito Lagarde, Jorge Alastra, Yabor, Diego Presa y muchos más estuvieron en el programa aportando sus experiencias, contando sobre sus discos o canciones. Ejes temáticos que contaban no solamente la importancia de una canción o de un músico sino su contexto, su vida en el tiempo y lugar que le tocó. Hubo series de programas como la historia de la Motown, sugerida por el querido Tommy Lowy, la historia y desgracias de Phil Spector, discos y artistas olvidados, “El día en que la música murió”, un programa donde en forma ficticia se creó un disco de The Beatles posterior a “Let it Be” y muchos más. El rock uruguayo fue visitado desde los sesenta hasta nuestros días. El aporte de columnistas como Martín Nasif o Lalo Montes que también trajeron programas originales con la historia de músicos o canciones. Repasar los discos que han cumplido medio siglo de vida y como le han sentado los años. El ciclo “Jueves de trovadores”. Hubo invitadas como Cristina Morán, Mercedes Rosende, Alberto Gallo o Mercedes Estramil que nos contaron las canciones que marcaron sus vidas. Cada programa es una nueva ventana a música, canciones e historias que hacen revalorar lo que estamos escuchando. Hay muchos terrenos por explorar. Lalo Montes prepara un programa sobre un programa olvidado de televisión uruguaya al estilo de “El Club del Clan”, las nuevas canciones que utilizan -o directamente son compuestas e interpretadas- Inteligencia Artificial entre muchos, muchos temas. Siempre hay uno nuevo que aparece.
– Comencé a escribir desde muy joven. Sobre jazz en “Mundocolor” (vespertino que editaba El País), coincidiendo con mi presencia en los Festivales Sao Paulo/Montreaux en el Palacio de las Convenciones de Añambí, en Brasil. Gracias a Henry Segura comencé a ampliar mis escritos hacia diversos espectáculos culturales, teatrales, o performances. En el 81 ingresé a La Semana de El Día y algunos años en el Semanario Jaque. Lo hacía sobre música pero también realizaba entrevistas y artículos sobre diferentes ramas artísticas e intérpretes. En esos años, luego de colaborar en la gestión cultural de la Cámara del Libro junto al Derby Vilas, en las Ferias del Libro en el Subte Municipal, comencé a organizar los “Cabaret Voltaire de Montevideo”. A partir de los nuevos grupos de rock, incluía muestras de artistas del taller de Hugo Longa junto a la de otros jóvenes como Guillermo Peluffo, Pedro Dalton, Tibor, o performances de estudiantes de Teatro Uno como Claudio Cafasso o de Ediciones de UNO. Esto, para explicar algo que también sabes, porque esta entrevista se posiciona en la música y sus historias. Siempre has conocido mi función crítica y mi visión extrema que tengo en aspectos vinculados al ámbito cultural. Durante mis años en Europa siempre estuve informado de lo que aquí sucedía. En cada regreso salvo determinados intérpretes, como Eduardo Darnauchans o Rosana Tadei, la producción nacional siempre me pareció mediocre y costumbrista, anegada a una falta total de cosmopolitismo, que algunos trataban de justificar con la tan mentada “identidad”. La ausencia “critica” género patrones de autocomplacencia, que se extienden hasta hoy. En algún momento, Calamaro señaló: “los uruguayos son tristes”, y alguien que particularmente no me interesa como músico, señaló en varias oportunidades: “no nos estaba permitido bailar…” o algo muy similar en la Rolling Stone. Tenía que ver con ese universo gris que ciertos sectores políticos trataban de imponer, por “solidaridad” con los detenidos. El propio Jaime Roos reconoció que muchos amigos compositores (cosa que también sé) aconsejaban a sus estudiantes no concurrir al concierto de OPA cuando se presentó en el Cine Plaza a comienzos de los 80. Son también “historias de músicas” que sin embargo no se describen mucho, quizás, porque entiendo, que el periodismo cultural abandono desde hace tiempo, salvo algunas excepción, la función crítica y es más sencillo, aletargarse en un beneplácito sobre la realización nacional, en sus diferentes aspectos, y en la música especialmente ahora que ciertos grupos (que no dejan de ser los mismos) NTVG, La Vela Puerca, El Cuarteto de Nos o Jorge Drexler, han logrado tener éxitos internacionales. No quiere decir que no encuentre intérpretes que sí me importan y me resultan particulares, como el caso de Cabrera, La Tabaré, Rosana Tadei, Jorge Alastra, Martín Buscaglia, los inicios de Ernesto Tabares, algunos trabajos de la Hermana Menor, el propio Cuarteto hasta su tercer álbum posterior a “Raro”, el grupo de chicas que lideraba Samantha Navarro, y pocas cosas más en la que incluyo las intermitencias de La Mufa. Me interesa saber tu visión al respecto, ya que nuestras respectivas miradas son diferentes.
-Conozco tu carrera y tu forma de pensar sobre algunos aspectos de la música y músicos uruguayos. En mi concepto el fenómeno es muy variado. Hay de todo y no soy de hacer juicios generales. Mucho menos generalizaciones previsibles como la de Calamaro, frases hechas de que los uruguayos somos “tranquilos” “gente macanuda” “grises”. Creo que esas conclusiones nacen de la pereza de entender algo más sobre el cómo somos. Algo que yo tampoco tengo demasiado claro.
Durante la dictadura se fueron generando algunas tribus que criticaban a todo lo que estuviera por fuera. La preparación y estudio para el libro sobre la banda Baldío me hizo repasar esos años. Hubo un tiempo en que desde el Canto Popular se pensó que la vuelta del rock estaba destinada a desarmar al movimiento de resistencia de izquierda. Que el rock que venía era un movimiento alentado por el partido colorado para desbaratar al canto contestatario. Pronto esas corrientes fueron perdiendo fuerza y ya a fines de los ochenta los movimientos convivían y muchas veces se relacionaban. Hay varios trabajos y libros donde se puede estudiar esos vaivenes de la música.
El rock uruguayo ha tenido también una evolución muy interesante con etapas que me interesan o gustan más que otras. No hablo del que hubo antes del golpe de Estado porque esa era “mi” música (Totem, Psiglo., Días de Blues, Sindykato o incluso olvidados como Los Killers) pero ese movimiento que tomó como espejo el punk español y Los Ramones de los ochenta también tuvo cosas importantes. De aquellas bandas siguieron el Cuarteto de Nos, la Tabaré, la cuasi continuación de Estómagos en Buitres después de la una.
La meseta de los noventa donde el movimiento sobrevivió hasta la explosión luego de los dos mil con bandas que trascendieron fronteras y que, como vos decís, han logrado vivir gracias al éxito internacional. Incluso en lo local la consolidación de músicos como Rubén Rada, Fernando Cabrera o Jaime Roos con largas obras de mucho valor y en lo internacional lo que ha conseguido Jorge Drexler.
Junto a Walter Bordoni, en un momento repasamos Vientos del sur de Dino que cumplió cincuenta años. Un artista que siempre fue fiel a sí mismo, que hizo un gran disco a solas con su guitarra y sus milongas. En Historias de música intenté abarcar lo más lejos posible, con ayuda incluso de mis columnistas, las historias de la música de la región, no solo la uruguaya, aunque el origen del programa sea la música anglosajona de los últimos sesenta años. Ahí por supuesto que tiene lugar también el jazz. La “identidad” de la música no es un coto cerrado de una región. Siempre la mezcla de géneros y culturas enriquece.
De mi respuesta surge que no considero el medio musical uruguayo mediocre pero tampoco único o fenomenal. Siempre hay cosas por descubrir. Bandas jóvenes y “difíciles” como Bolsa de nylon en la rama de un árbol, algunos de cuyos músicos acompañan a Cabrera, o la excelente Rada’s Old Boys, comandada por Lobito Lagarde, las mujeres que han crecido como Samantha Navarro, a la que mencionaste, y varias más.
Nunca fui benévolo o “generoso” para invitar o mostrar algo que no me guste. Pero en más de diez años, he logrado incluir canciones y artistas de todos los géneros dentro de lo que para mí es música valiosa.
Con los cambios que han sucedido y transformado el panorama de la comunicación, incluso la radial, sobre todo a partir de 2019 con la pandemia, con un mayor auge expositivo del streaming, un medio que por ejemplo, Mario Pergolini tras su alejamiento de la Rock & Pop y del formato “clásico” radial, ayudó a difundir y a innovar a través de su teatro y plataforma Vorterix, o el programa periodístico de Emiliano Cotelo que se transmite por televisión abierta, como ves estas transformaciones y si has tenido la intención de dar un paso más con Historias de Música y llevarlos a esos niveles de exposición
-Lo visual en la comunicación no es nuevo. En este año hicimos un programa con los primeros videos que emitió MTV en 1981. Fue una revolución, parecía que escuchar una canción sin imágenes no iba a volver a suceder. Esos programas que hice fueron debido a que MTV en diciembre de 2025 cerró para casi todo el mundo. Aquel paradigma de música más imagen sigue en Youtube y similares, pero mucho más acotado. El streaming de programas de radio para mi tiene sentido con otra dinámica, algo más que ver cómo fueron vestidos conductores e invitados en una charla informal que muchas veces, al menos en los streaming que he visto, termina en humor y risas entre los participantes. La radio tiene otros parámetros, otros puntos que la hacen fuerte. La imaginación es una de ellas y el hecho de que se puede estar haciendo otras cosas mientras se escucha. Al ser parte de los Medios Públicos más que iniciativas escucho y acepto los eventuales cambios tanto de horarios como de programación. Se acondicionó el estudio de Radio Uruguay, nuestra emisora hermana, para poder hacer streaming pero eso tiene un costo y todos sabemos que los recursos del Estado son pocos y hay que optimizarlos. En suma, creo que Historias de música se adapta más al sonido que a la imagen. Si es un paso adelante, un cambio de formato, no digo que no me gustaría estudiarlo pero que hay muchas cosas que hacer en audiovisual que serían muy interesantes. Entrevistar a los grandes creadores uruguayos para que cuenten como hicieron sus canciones, al estilo de Emilio del Guercio en “Cómo hice” o un buen programa donde se mezclan librerías, libros, discos, autores. Pero eso sería otra historia en otro terreno.
De los programas emitidos, entiendo que todos tienen una significación especial. Aquellos que recreas la historia desde tu formación. Recuerdo alguno sobre los Beatles, y están aquellos en los que intervienen los propios protagonistas que han compuesto los temas, o elaborados los trabajos. Hay alguno que te resulte especialmente relevante para ti y por qué.
-Son más de 2700 programas que llevamos, hubo de todo. Las charlas inolvidables con Fernando Cabrera o Roberto Darwin por nombrar a dos. Nuestro columnista Martín Nasif hizo un gran programa con Cristina Morán, en una de sus últimas entrevistas, donde contó la música de su vida junto a anécdotas que la marcaron. Si tengo que elegir uno me quedo con “A Doll’s House”, donde un poco copiando la idea del padre de Boyhood que inventa un álbum negro de The Beatles, hice todo un relato ficticio referido a que los fab four se reconcilian luego de la salida de Let it Be y acuerdan hacer un último trabajo (algo que realmente pasó con Abbey Road aunque fue después de las conflictivas sesiones de Let it Be). “La casa de muñecas” era uno de los nombres que barajaron para el álbum blanco así que lo tomé prestado
¿Cómo armé ese álbum ficticio? Tomando los primeros discos de los Beatles solistas, combinando algunas de esas canciones. El relato iba por el lado de las historias de por qué eligieron cada canción y supuestas peleas y rencillas para desechar canciones y elegir otras. En el final, sale el disco y la banda definitivamente se separa pero en 1971, un año después. Julián Ubiría, Gerente editor de Penguin y enorme beatlero, me hizo una síntesis “pudiste unir tus dos pasiones la música con el narrador de ficción”. Pero como te digo hubo muchos programas que quedan en mi recuerdo además me da mucho orgullo los colaboradores que se han sumado. Martín Nasif, Lalo Montes, el baterista Javier “Pichu” Villanustre, el mencionado Julián Ubiría. Varios operadores de la radio como Henry Flores, especialista en blues, o Pablo Baute que es músico, se ofrecieron como productores “ad hoc” de varios programas. Con Baute hicimos El día que la música murió, tomando la historia de la muerte, y obra, de Buddy Holly, Ritchie Vallens y “The Big Bopper”, un programa con bluseros de la década del veinte o treinta recuperando sus historias. Tengo especial cariño por el espacio “Canciones de medio siglo” donde recuperáramos los discos íconos que cumplen cincuenta años de vida. En especial estoy disfrutando este 2026 al revisar aquellos álbumes que escuché, y en algunos casos compré, cuando viví en USA. El orgullo que músicos como Jorge Nasser me enviaran su nuevo álbum diciendo que querían saber mi opinión, y que hiciera un programa sobre el mismo. La emoción de repasar con Lobito Lagarde no solamente la historia de Totem sino la de la olvidada, y excelente, Gula Matari. Haber tenido en estudio a Jorge García Banegas y Luis Cesio para hablar de Psiglo y el libro que hicimos sobre el disco. Por eso, en diez años son muchas cosas. Pero si tengo que elegir uno voy por el álbum ficticio de The Beatles, que además quedó flor de disco pero que nunca existió
Nombras a Gula Matari. Creo haber sido de los pocos que escribió sobre ella. Si mal no recuerdo en “Música Popular” una efímera y estupenda publicación en formato tabloide que promovía Nelson Caula. Concurrí a sus escasos recitales, que me animaría a decir, no completaron la decena, un quinteto con Rada al frente. Este ha manifestado que su disco preferido es Sonido Original del Sur (SOS), y su hijo opina lo mismo. Creo que Gula Matari habría barrido con todos, incluso a Totem. La banda no dejo registros sonoros tengo entendido. Alguna vez te mencioné lo que él “Expresión Jazz Quartet” en su breve existencia significó para el reducido espacio jazzístico nacional de entonces. Pongo a los “mataris” en la misma sintonía. De haber seguido, la evolución del candombe “contemporáneo”, hablando desde lo supuesto de las probabilidades, habría tenido una repercusión mayor y sentado las bases de algo más consistente e identificatorio, algo que intento (y en cierta manera logró) el querido Jorginho Gularte.
-Según lo que me contó Lobito Lagarde, él vivía en un departamento en el que el dueño tenía un boliche, una especie de cabaret, en Ciudad Vieja y le propone que arme una banda para tocar música internacional para amenizar las noches. Ahí arma una banda, con la que podían tener un ingreso económico regular, y se le ocurre ponerle Gula Matari por el álbum de Quincy Jones. Le dice a Rada y comienzan a tocar en ese boliche. Se entusiasman y componen temas propios. Lobito y Rada se van de Totem y Gula Matari trasciende al boliche. Comienza a hacer el circuito de bailes. Yo los vi en una fiesta de la cerveza de Lagomar. El guitarrista era Marcos Szpiro. No llegaron a grabar, pero algunos de los temas que tocaban, como La Mariana de Szpiro o Ali, canción de Lobito y Rada, la hizo años después la banda Almango donde también tocaba Szpiro. Gula Matari fue una banda con una polenta terrible en vivo, como la fuerza que tenía Totem al que también vi en el Club de Lagomar, allá por 1972, en las inolvidables Fiestas de la Cerveza. Ese movimiento de candombe fusión o candombe rock -Useta detestaba el término candombe beat – tuvo en Totem y Gula Matari dos grandes exponentes, pero también en la segunda formación de Sindykato con temas como La vieja, África o Don Martín. Ni hablar lo que fue, ya con una fusión con mucho más jazz, Opa. Hubo otras formaciones de Gula Matari luego que Rada y Lobito emigran. Dicen que hay registros grabados, pero a esta altura parece ser una leyenda urbana.
Me quiero detener aquí en un músico especial para mí y del cual no puedo hablar con muchos. Es sabida mi vinculación con Darnauchans, pero menos conocida es la relación que mantuve durante años con “Chichito Cabral”. Tengo filmado un concierto junto a Cambón en el entonces teatro del Mercado de los Artesanos de la calle Yaguarón y del que ignoro si aún existe. “Chichito” en épocas de la dictadura, ya con Totem desaparecido, daba auténticos recitales “dadaístas” aunque él no lo supiera. Tanto en el entonces café Concert de la Alianza Francesa de la calle Soriano, como en otros diversos escenarios. Conciertos delirantes, pero llenos de gracia y arte, donde incluso se había inventado un “idioma” declarativo. Allí, entre otras, estaba “Don Pascual”, “Orejas” …canciones de una poética sencilla si se quiere, pero de una ternura descriptiva como pocas, quizás una narrativa emparentada a la de Dino. Es lastimoso (como el caso de Roberto Galletti) que algunos de nuestros mejores artistas, que han aportado mucho más que ciertas diatribas ideológicas, sean olvidados. Cabral en una larga entrevista que en el 86 le realicé en La Semana, me decía que el ante todo se consideraba un tocador de bongós. Un bongosero. Creo que más allá del fallecimiento de su hijo, Este hombre singular se merecería un mayor reconocimiento, no sólo por parte de los comunicadores, sino de sus propios compañeros.
-A Chichito Cabral lo vi por primera vez en vivo, tocando con Totem. En el final de Biafra, cuando Rada agarraba los bongós y se unía a las tumbadoras de Chichito, eso metía miedo. Junto a Santiago Ameijenda -nunca los vi en vivo con Galletti, que en el primer disco demuestra el enorme baterista que fue- hacían temblar el piso del Club Lagomar. Luego lo vi en la Alianza con 03, junto a Dino, donde hacían una hermosa versión cantada por él de El púa y también Don Pascual. Una vez intercambié algunas palabras en Lagomar, un tipo amable y que no se la creía. Todos lo reconocían como un gran percusionista, un músico admirado por músicos. Así tocó con Galemire, con Cabrera y con muchos más. Como tantos músicos uruguayos no podía vivir de su trabajo. El tema de su hijo debe haber sido un golpe demasiado duro. Creo que Chichito, como te dije, siempre tuvo reconocimiento entre músicos. Tocó con muchos, pero le faltó ese reconocimiento o popularidad entre la gente. Rada siempre cuenta que recibe muchos elogios por “su tema” Orejas, a lo que él siempre repite “es preciosa, pero es de Chichito”.
Antes de su aparición en el mercado, no quiero entrar sobre los porqué o las significaciones del libro sobre Baldío, banda de las que sabes también valoro, como una de las más innovadoras y trascendentes de la música nacional por infinidad de aspectos. Tanto entonces, como ahora. Percibiste de inmediato esa ruptura que promovían, esa búsqueda exploratoria que por entonces lindaba en una búsqueda de confluencias y si bien era recibida por un pequeño público, la mayor parte se entretenían entre el panfleto y la alegría alcohólica de los candombailes, y esto lo digo a título personal.
-Baldío fue un descubrimiento tardío de mi juventud. Gracias al largo estudio de material sobre la banda, encontré cosas inesperadas. Por ejemplo, está en Youtube el audio de un concierto del 84 en la Alianza Francesa donde Cabrera toca acompañado de Bernardo Aguerre. La grabación es buena y reconocí enseguida que esa fue la primera vez que lo vi en vivo. En una de esas fui con vos. En ese toque hizo varios temas del disco de Baldío y ahí fue que supe dos cosas: que iba a seguir la carrera de Fernando porque el concierto me conmovió y que quería conocer a esa banda. Compré el casete y me voló la cabeza. Hoy acabo de repasar algunas partes del libro y ahí están muchas explicaciones, dada por los músicos, por periodistas -entre los cuáles vos estás en un lugar de privilegio- y seguidores de la banda. Llegué a conclusiones muy interesantes, al tipo de banda que fue, a las influencias y tendencias que hubo en el grupo y a los motivos y razones de su corta vida. La vida de Baldío duró dos años en un período difícil y de cambios, de tribus que se miraban de costado. Fue una banda que en su propia genialidad como grupo quedó aislado de esos bandos. Es un período muy rico de todos los que la integraron. Fundamental para el lanzamiento de la carrera solista de Fernando pero también para todo lo que vino después en la vida de Aguerre, Bedó, Etchenique y Recagno. No tengo dudas que el disco que hicieron se encuentra entre los mejores de la música uruguaya con una historia tan rica como llena de preguntas.
Me detengo en otro punto. Entendemos que cada generación o parte de ellas, pueden tener su intérprete identificativo. Se menospreciaba mucho a Sui Generis, aquí lo hacían los comprometidos con la izquierda, al igual que muchos de sus compatriotas los consideraban ingenuos blanditos. Crecí con Hendrix, Spinetta y Pescado Rabioso y el mejor Pappo´s Blues de la historia. Siempre pecamos de cierta arrogancia y superioridad. Que el rock argentino “era impostado”, que no podría haber un rock nacional, que el colonialismo cultural y toda esa perorata, mientras trataban de introducir una cultura que iba contra todo proceso de endoculturación antropológica. Entre esa mitología un tanto impuesta (alguna con razón, nadie puede discutir a Zitarrosa, su legado y su obra), otros, que como generación por haberse mantenido en el exilio, son apenas recordados en su justa medida. Sostengo que la nueva canción popular uruguaya, la canción tanto urbana con acentos folclóricos, jazzísticos y rockeros, comienzan con las “Aguaraguas” de Canzani. Cuna indiscutible de la gran mayoría de músicos que luego labrarían y dejarían su propia impronta. Sólo algunos nombres: Galemire, Roos, Lazaroff. Fui a todos sus recitales y tengo en directo una grabación en la Alianza Francesa registrada a partir de un grabador Sony a cassette que aún conservo. La visión cosmopolita, musical y estética (porque hay que tener una imagen, quieras o no, que te represente) del gran Carlos Canzani era demoledora, imponente. Un Caetano Veloso a la uruguaya proveniente de Fray Bentos (“soy un pibe de Fray Bentos, vereda trompo y bolita”….dice uno de sus temas), trajo una versión del “tropicalismo” brasilero a nuestro medio y lo reformuló con nuestra identidad hasta golpear con: “Y por eso canto blues”. Con Galemire (mal que le pese a cuanto tonto desinformado aparezca) en una larga entrevista inédita en su apartamento de la calle Durazno, Jorge me decía que Canzani había comenzado a descubrir un nuevo estilo a partir del tema “Delamelaza”. Los discos de “Aguaragua” es fácil encontrarlos en bateas de discos de segunda mano. Recuerdo que a veces el Circular estaba lleno, en otras presentaciones en la Alianza Francesa, sobraban asientos. Pero esa evocación de ver a esos músicos con Canzani como parte aguas era una imagen tan insólita y fuerte, que le valió su exilió, porque tal como una vez lo hablamos con Coriún, sus amenazas de muerte eran demasiado continuas. Cómo lo valoras, si es que concurriste a los conciertos de las “Aguaraguas”, o sí luego has podido conocer su dimensión. En un país, donde es más fácil envidiar, que otorgar reconocimientos.
-Llegué tarde a los conciertos de ese tiempo. De fines de los setenta recuerdo el de De Querusa, que lo cuenta Etchenique en el libro pero me perdí a Canzani. Puedo decirte que con todos los músicos que hablé le dan un valor y un lugar muy importante en la música uruguaya. Tanto Jaime Roos como Fernando Cabrera por mencionar a dos. Canzani se va por el ambiente que había acá de silenciosa violencia y persecución para algunos, más evidente y expresa para otros. También es cierto que tiene la oportunidad, según creo, de unirse a Los Jaivas para irse a Europa y era un salto económico muy importante. No conozco por dentro ese fenómeno porque, como te digo, nunca lo vi en vivo. En cuanto a lo otro que decís, vuelvo a lo que hablamos antes cuando me referí a la expresión de Calamaro. Son frases hechas, simplificaciones. Más allá de que el rock argentino, o debería decir parte del rock argentino, intentaba mirar y tomar como ejemplo excluyente al rock anglosajón, siempre hubo cosas que se colaron para hacerlo diferente. A los tontos que le dicen blanditos a Sui Generis sería bueno que repasaran “Pequeñas anécdotas sobre las Instituciones”, uno de los mejores álbumes del rock argentino, o la perfección folk de Confesiones de invierno que empieza con un gran tema como, Cuando ya me empiece a quedar solo y ese bandoneón del final. La arrogancia, el descartar cosas, el aire de superioridad son cosas que siempre me molestaron mucho. Repito lo que dije antes, no importa el estilo, el modelo, el ritmo sino la calidad o no de lo que se escucha. Cualquier disco de Zitarrosa, de Fernando Cabrera, Jaime Roos, El jardín de los presentes de Invisible cualquier disco de Aquelarre -mi banda favorita del rock argentino- o Totem o Psiglo o muchos ejemplos más sin emocionarse estamos en veredas diferentes.
¿Sí tuvieses que concebir un nuevo disco “imaginario”, pero de la música nacional, de qué autor o autora, o grupo lo harías?
-Quizás al estar todavía en el proceso de haber contado su historia y por lo importante que es el único álbum que sacaron, me gusta imaginar como hubiera sido un segundo disco de Baldío. Luego de la salida del disco, y ya con la incorporación de Bernardo Aguerre, por un corto tiempo fue un quinteto, pero al comenzar los ensayos para el recital presentación del disco, Bedó les comunica que se va de la banda y vuelven a ser cuarteto. En tren de fantasear un segundo álbum, explorando los varios caminos que la banda inició en ese 1983 con el disco, hubiera sido muy interesante ver hasta donde llegaran. Sobre todo si Bedó se hubiera quedado. Es innegable el liderazgo e importancia de Cabrera como autor de la inmensa mayoría de las canciones, pero el componente que los demás agregaban hacía esperar buenas cosas. En el primer disco de Cabrera, El viento en la cara, salvo Bedó, intervienen todos los músicos de Baldío y MonTresvideo. Hay canciones, como “La Bruja” que abre el disco, que era de Baldío y que mostraba una aproximación más roquera. Ese segundo disco imaginario pudo ser muy interesante porque habría, sin duda, elementos de Cabrera que metió en sus tres primeros álbumes solistas, así como el desarrollo de los otros en caminos que también se cruzaron como en el álbum Buzos Azules de Fernando o en el casete de Los Championes, donde estaban Recagno, Etchenique, Galemire y Cotelo que también acompañaban a Cabrera. Bedó ya estaba en su proyecto personal. Por eso, de hecho, ese inasible segundo álbum de Baldío puede encontrarse en esos discos posteriores de sus integrantes o al menos sospechar que pudo haber sido.
¿Qué canción de la música internacional y de la nacional, pondrías a la cabeza de un top personal y porque, aunque a veces no haya explicación posible para ello?
-En cuanto a lo internacional no tengo duda: “A Day in the Life” de Lennon & McCartney que está en Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band de 1967. Por varios motivos. Es un disco -uno más de The Beatles- que revolucionó la música y que los mostró en un punto de colaboración y trabajo conjunto muy importante. Llevando las posibilidades del estudio a su máxima expresión, con apenas cuatro canales de grabación, y con una creatividad desbordada que ya venía de Rubber Soul (1965) y en especial de Revolver (1966).
Es la canción que cierra el disco y también la etapa más importante de la música popular del siglo XX con un agregado, es de Lennon pero McCartney hace una colaboración sustancial con el pasaje que aporta. Una inspiración generada a partir de la lectura de noticias de John en un diario de la época, por lo que se refleja también ese punto de la historia, más los recuerdos de Paul en sus rutinas de despertarse y tomar un ómnibus, pegando unas pitadas para arrancar el día. Es una canción bellísima que une rastros de la música clásica con esa orquesta sinfónica a la que entre Paul y George Martin le dieron instrucciones tan imprecisas como creativas. Repito, el punto más alto de la mayor banda de todos los tiempos. Una última gran colaboración entre esos amigos de la infancia, John y Paul, que cambiaron la música y también, sin proponérselo, al mundo.
-En lo nacional me resulta más difícil la elección. Porque podría ser alguna de Totem, incluso las olvidadas como la hermosa “Chevere”, “En un lugar un niño” (primera versión) de Psiglo o una larga lista de los temas de Fernando Cabrera o Jaime Roos, los dos compositores populares más originales de la música uruguaya de los últimos cincuenta años. En esa selección imaginaria llegó a dos (perdón que no sea una) por el lado de Jaime su “Milonga de Gauna” por varios motivos. La unión de una preciosa melodía cantada en forma contenida y sentida, con una letra hermosa que remite a una de las mejores novelas latino americanas de todos los tiempos: “El sueño de los héroes” de Adolfo Bioy Casares. Una única crítica, al ser la canción que Jaime hizo para Sergio Renán y su película sobre el libro, cuenta el final en un mínimo spoiler como se dice ahora.
De Cabrera me es más difícil seleccionar porqué “Puerta de los dos”, “El viento en la cara”, “Por ejemplo” o “La casa de al lado” podrían ocupar ese lugar, incluso “Décimas de prueba” del álbum Viveza -acaso su trabajo más contundente- pero aún influenciado por el trabajo de Baldío, elijo “Méritos & Merecimientos”. Esa letra dice todo sobre los amores imposibles, platónicos que todos tuvimos en la adolescencia, con una progresión de guitarras, junto a Recagno, muy hermosa que nos llevaba a esos tiempos en que en forma insensata, nos deteníamos a pensar si mereceríamos el milagro de escuchar alguna noche, a esa mujer respirar en nuestro cuarto.
Acaba de fallecer el Indio Solari, a quién pude conocer y compartir no sólo conciertos con él y el resto de los Redondos antes de que fueran masivos gracias a mi amigo Alfredo Rosso. Un compositor que también impactó en nuestro medio de maneras muy distintas. Carlos Solari a través sus letras que en realidad eran metáforas fragmentadas que cada oyente asimilaba y las hacía suyas, desnudando circunstancias que de una u otra manera eran representativas de nuestras realidades o se embarcaban hacia próximos hallazgos. ¿Cómo valoras su obra, ves en esa incursión desde el under intransigente a la masividad que igual los mantuvo independientes, alguna similitud al trayecto de alguna banda o artista nacional, salvando las distancias atronadoras entre un medio y otro?
-Creo que Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota son un fenómeno irrepetible aún en Argentina, mucho menos en Uruguay. Vinieron del under y formaron una comunidad con sus leyes y sentido de pertenencia como yo no recuerdo otro. Musicalmente nunca los juzgué revolucionarios. Hacían una muy buena música, con clara influencia rolinga con gusto propio por esa voz tan particular, subidos a esa personalidad magnética del Indio junto a la guitarra de Skay, una buena y sólida banda detrás junto a la organización de la Negra Polly.
Es extraño que esa comunidad se transformara en una empresa tan particular, donde los tres mencionados eran los jefes y el resto de los músicos funcionaban como banda soporte. Luego su rechazo a las compañías internacionales de discos y su autogestión tanto en álbumes como conciertos que poco a poco se transformaron en eventos irrepetibles, pocos y multitudinarios, con problemas de organización y algunas tragedias. La separación por traiciones, que en el fondo una vez más eran temas económicos, generó aún más el mito y la idealización.
Como oyente siempre miré de costado el fenómeno ricotero. Me gustan muchas de sus canciones, la fuerza que imprimían en vivo -aunque solamente los vi por videos- así como el raro fenómeno de adoración de sus seguidores capaces de cualquier sacrificio. En una forma más discreta y no con tanta locura, me hacían recordar a los seguidores de Grateful Dead. Nunca fui fan y había algo en esa adoración que me rechina un poco. Seguro se deba a estar por fuera de ese fenómeno.
Luego el Indio y ese personaje de frases profundas, como para que queden grabadas, y de una obra muy interesante como solista acompañado de Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado. Ahí si hay algunos temas que tocan otras sensibilidades y me parece que también dejaron marcas como su despedida en Encuentro con un ángel amateur.
Un interesante creador que estaba abierto a las nuevas corrientes. Todo el mito quizás sea la parte que me interesa menos. Es muy importante, y merece el elogio, ese jugarle al sistema desde afuera, con sus reglas, aunque no dejaban de ser una empresa creativa que generaba grandes ganancias. Lo mismo que su vida, a medias en Argentina y USA, de la que tiene todo el derecho de haberla vivido como lo hizo. El último ejemplo de la dignidad con la que enfrentó su enfermedad, algo que en el comienzo incluso algún ex amigo dudó, algunas reflexiones en pocas entrevistas interesantes y su voluntad de crear, de mantener proyectos hasta el final lo que sí es un rasgo de su personalidad admirable.
Como escritor y conductor de Historias de Música, como sigue esto para ti, una vez entrado en ese universo mágico del que nos hablaba Borges, esos jardines que se bifurcan, en este caso el de las palabras hechas músicas y viceversas.
-Espero que siga como empezó: con una eterna y renovada sorpresa tras otras. Empecé a escribir, en forma profesional, a los cuarenta años. El programa de radio empezó hace diez años y medio, va por su undécima temporada. No esperaba esas dos bendiciones ni a esa altura ni nunca. Ahora que mi actividad profesional como abogado llegó al momento del semi retiro, porque en realidad sigo como docente e investigador, quiero que esas cosas que amo como la escritura y la comunicación, sigan generando proyectos que a mi edad es lo que más quiero. Ser un eterno aprendiz, como decía la canción, de posibilidades y tener las dudas e incluso miedos que las novedades generan. El programa, si la biología lo permite y -como siempre digo- si permanezco recordando como me llamo, seguirá por estos años y en cuanto a la escritura acaba de salir el libro de Baldío, hay un libro de cuentos terminado y otro proyecto que empecé para 2027. Soy un afortunado en que he podido crear puentes entre las cosas que me gustan. Dedicarme en mi última etapa como abogado al Derecho de Autor, a la importancia de la creación para el ser humano a las nuevas sorpresas que genera las tecnologías y la Inteligencia Artificial en todo el ámbito de las artes.
En Historias de música me di el gusto de hacer programas sobre Borges y sus canciones, sobre la IA en la música o la banda de sonido de novelas o vidas. En mi literatura la música siempre está presente, también a veces el fútbol. En mis trabajo -que no fueron tantos- de derecho, los más importantes también refirieron a autores, películas, asesoramientos sobre propiedad intelectual y el mercado audiovisual entre muchos.
Lo que espero es que mi familia, esa unidad que formamos, esté bien. Cada uno con sus proyectos que aporte tranquilidad a nuestras vidas. Eso antes que nada porque es imprescindible para todas las otras cosas que quiero. Como digo en los agradecimientos del libro de Baldío, sin ellos nada.
También quiero que esos diversos caminos que tomé en mi vida, que parecían alejados uno de otros, continúen cruzándose. Qué en esta etapa de mi vida, cada día que me despierte -luego de haber dormido bien que es también un objetivo importante en la vida- me sienta con ganas de hacer cosas y que el primer pensamiento tenga un pequeño toque de satisfacción y tranquilidad ante ese nuevo día. Como dice Jaime, citando a Rosencoff, que ese despertar tranquilo con nuevos proyectos, nunca falten.
Juguemos dentro de lo posible de ser imaginado para Historias de Música. Se cumplen cuarenta años de la muerte de Borges, ese escritor impredecible que nunca debió haber imaginado, que ha entrado en el parnaso de la “cultura pop”. Si tuvieses que elaborar un disco para él, o uno en donde las canciones estuvieran programadas por el propio autor, que composiciones integrarías a ese ficción sónica, para ser también escuchadas por los oyentes de tu audición…
-Como ya dije, en Historias de música hicimos un programa que se llamó Borges y las canciones. Ahí estaba Jacinto Chiclana, Milonga de Albornoz, Milonga de Manuel Flores, El Títere entre varios junto a su voz recitando poemas. Pero ahora voy a intentar algo más difícil, elegir cuentos de Borges que se relacionan, en mi mente o sentimiento, con alguna canción. Respetaré el orden que tendría que llevar.
- Prólogo de El Hacedor. “Estás acabado, Joe”. Baldío
La explicación está en el primer capítulo del libro sobre el disco y la banda. El texto de Borges me dio una explicación sobre las trampas del recuerdo y los enigmas del tiempo pero no voy a decir nada más.
- Funes el memorioso. “Remember the Days of the Old Schoolyard”. Cat Stevens.
Funes era el hombre que todo lo recordaba, cada detalle, cada cosa, pero no podía organizarlo ni abstraerlos de ese torrente inevitable y continuo de experiencias que vive y se transformarán en recuerdos. La música es la máquina del tiempo que mejor funciona y nos lleva directo a algún momento del pasado. A algún amor transformado en nuestra imaginación, amigos, pasajes de la vida, estudios e inocencias. De eso habla el tema de Cat Stevens que, acaso sin quererlo, se transformó en parte importante de la banda de sonido de mi adolescencia.
- El jardín de los senderos que se bifurcan. “Milonga de Gauna”, Jaime Roos.
Acá hay una relación entre los dos autores y amigos, tanto en la literatura como en el tema. El destino si es posible torcerlo o es inexorable que se cumpla. La soberbia canción de Jaime, uno de sus mejores temas, fue hecha para la banda de sonido de la película El sueño de los héroes, basada en la gran novela de Adolfo Bioy Casares. Dos obras que refieren al mismo tema de dos amigos como Borges y Bioy.
- El libro de arena. “Time”, Tom Waits.
En este caso lo atroz de un libro interminable se junta al tema de Waits que da cuenta que lo único que podés gastar en tu vida es el tiempo. Ese tema, el tiempo, que Borges trató como nadie.
- El Sur. “Milonga de Manuel Flores”, versión de Eduardo Darnauchans.
En este caso Borges aparece en el espejo en su propio poema que musicalizó Eduardo en Canción de muchacho. Otra vez el inexorable destino que le pega al protagonista del cuento. Primero salvándose de una muerte por sepsis (infección generalizada) y luego en ese duelo sin sentido en el sur. Pero morir, como lo dice en su poema y canta en forma insuperable el Darno, “es una costumbre que sabe tener la gente”.
- El Aleph. “Eclipse” de Pink Floyd.
Ese punto donde se ven todos los puntos del universo y todas las cosas me recuerda al final de Dark Side of the Moon, en el tema Eclipse, luego de la soberbia Brain Damage, cuando hace una enumeración de las cosas que hacemos o sentimos bajo el sol y que todo está en perfecta armonía “pero el sol está siendo eclipsado por la luna”:
- There are more things (Hay más cosas) “I’am the Walrus” de The Beatles.
Ambos hacen referencias a la ridiculez de las cosas. En el caso de la letra de Lennon uniendo todo en un sin sentido y en el caso del cuento de Borges el horror y la ridiculez de las cosas se manifiestan en los muebles y objetos irracionales que habitan en la vieja casa familiar.
- El milagro secreto. “El tiempo está después” de Fernando Cabrera.
El tiempo como factor accesorio, no fundamental ante cosas más importantes. El tiempo licuado ante el pelotón de fusilamiento y la necesidad de tiempo, concedido a Jaromir Hladík para terminar su obra. Transformando segundos en un año. En el caso de Cabrera lo dice todo en la última frase de la canción “un día nos encontraremos, en otro carnaval, tendremos suerte si aprendemos, que no hay ningún rincón, que no hay ningún atracadero que pueda disolver, en su escondite lo que fuimos, el tiempo está después”
Creo que esos ocho temas serían un buen homenaje a Borges y a las bandas y solistas que crearon esas canciones. Borges siempre aparece en todos lados. Es una gran suerte.
Luis Fernando Iglesias
* Abogado, docente, periodista cultural y escritor. Conduce desde 2016 el programa Historias de música en Radio Cultura, Medios Públicos. El objetivo del programa es contar historias que ubiquen a la música en su contexto. No solamente pasa canciones sino en forma lúdica, pero a la vez rigurosa, buscar las razones por las que cada tema tiene su importancia, así como brindar toda la información sobre el mismo. Un programa acorde a una radio pública, con un fin cultural, informativo y a la vez ameno. Desde hace veinte años es colaborador de El País Cultural y Semanario El Pueblo (Santa Lucía).
En narrativa publicó las novelas El tiempo es una gran mentira (Premiado en Premio Nacional de Literatura, MEC / 2022), El hombre que despertaba (Premio Nacional de Literatura, MEC / 2013) y los libros de relatos Razones de la pelota (2019), Todas las cosas deben suceder (Premio Nacional de Literatura, MEC / 2012), Historias infieles (Premiado en Premio Nacional de Literatura, MEC / 2010) y Canciones de otoño (Premio Narradores de la Banda Oriental, 2005). Es autor de Estadio Uno. La Historia (2013) y Federico (2007) biografía del Maestro Federico García Vigil.
Sus relatos fueron incluidos en varias antologías. En 2011 fue finalista del Premio Juan Rulfo (Radio Francia Internacional) con el cuento Todas las cosas deben suceder. En 2018 publicó Ideación/Psiglo en la Colección Discos de Estuario, nominado a los Premios Graffiti y en 2026 publicará para la misma colección Baldío, sobre el álbum de esa gran banda de los ochenta integrada por Bernardo Aguerre, Andrés Bedó, Fernando Cabrera, Gustavo Etchenique y Andrés Recagno.












































