Imagen portada: First edition cover of Demian, 1919 wikipedia.org

Demian: Abraxas, el pájaro, la muerte

Demian” (1919), la centenaria novela de Hermann Hesse, Premio Nobel de Literatura 1946, que en su primera edición aparece bajo el seudónimo de Emil Sinclair, personaje central de la historia narrada, se abre al lector como un relato adolescente profundo y doloroso, que desvenda el alma del protagonista y la ofrece al mundo en su calvario peregrinar por la interioridad de su ser. “Se hablaba en ella de los sufrimientos de la escuela; de los extravíos y turbulencias del sexo; del saber de mitos y misterios; la guerra era vislumbrada, sufrida, pagada con la muerte”, nos dice Ernst Robert Curtius, uno de los grandes intelectuales alemanes en su monumental “Ensayos Críticos acerca de Literatura Europea Tomo I”, Seix Barral, 1959). “Demian” es el relato desgarrador de un alma que recorre el camino de la niñez a la adolescencia en busca de su destino en la tierra. Es un camino de sabores y sinsabores en que Emil Sinclair encontrará en la guerra, con la muerte de su amigo Demian, su propia verdad.

La caminata de Sinclair por el interior de su alma está plagada de símbolos y de sueños que lo llevan a la realidad y de esta a su mundo interior. Cada paso que da oscila entre la metáfora del bien y del mal que lo confunde en su despertar hacia la vida. Y nada hace presagiar que la muerte de Demian significará el fin de la búsqueda de Emil: “-Sinclair, pequeño, óyeme bien. He de partir. Quizá alguna vez vuelvas a necesitarme contra Kromer o contra otro cualquiera. Cuando entonces me llames no vendré ya tan toscamente, a caballo o en el tren. Tendrás que escuchar en ti mismo, y entonces advertirás que yo estoy dentro de ti. ¿Comprendes?” (cito por la edición de Editorial Porrúa, México, 1997, con prólogo de Ernst Robert Curtius). El último párrafo de la novela nos lleva a la última revelación: “La cura me hizo daño. Todo lo que después me ha sucedido me ha hecho daño. Pero cuanto (sic) alguna vez encuentro la llave y desciendo a mí mismo, allí, donde, en un oscuro espejo dormitan las imágenes del destino, me basta inclinarme sobre su negra superficie acerada para ver en él mi propia imagen, semejante ya en todo a él, a él, a mi amigo y mi guía”.

En el Capítulo 5, “El pájaro rompe el cascarón”, se encuentran, a mi juicio, las claves de la novela. El pájaro irrumpe la clase del doctor Follen y vuela hacia Abraxas. La novela comienza a desarrollarse en la atribulada conciencia de Emil con sus inextricables laberintos semánticos y simbólicos que deberá desentrañar: “El pájaro rompe el cascarón. El cascarón es el mundo. Quien quiera nacer, tiene que destruir el mundo. El pájaro vuela hacia dios, el dios se llama Abraxas”. Emil Sinclair descubrirá en la nota que Max Demian deja en su libro y ahora transcribimos, y la exégesis del doctor Follen sobre las sectas y comunidades místicas de la antigüedad, la brújula que guiará sus pasos hacia su encuentro consigo mismo: “Pero también la magia tenía un origen noble y pensamientos profundos, como la doctrina de Abraxas, que puse antes como ejemplo […]. Pero parece que Abraxas significa mucho más. Podemos pensar que es el nombre de un dios que tiene la función simbólica de unir lo divino y lo demoníaco”. El mundo hasta ese instante solo adoraba a un dios virtuoso y no maligno, como se lo había dicho Demian: “venerábamos a un dios que representaba sólo a una mitad del mundo; por lo tanto, había que tener un dios que fuera a la vez demonio o había que instaurar junto al culto de dios un culto al diablo”.

Pero como dice el propio Hermann Hesse, “La vida de cada hombre es un camino hacia sí mismo, el intento de un camino, el esbozo de un sendero”. Y nadie puede hacer el camino de otro. Es la enseñanza de Demian a Emil Sinclair: “Y es bueno tener conciencia de que en nosotros hay algo que lo sabe todo” (Capítulo 4, “Beatrice”). Por eso se ha dicho con razón que la novela es una novela de la educación, porque ella conduce al encuentro consigo mismo que es la única verdad posible de todas las verdades, pues habita en el alma de cada ser humano que puebla la tierra. Es necesario que el pájaro que vive en ese interior rompa el cascarón y salga al mundo que deberá habitar, en el que tendrá que vivir con sus dioses y demonios y donde morirá un día, como Demian. “El pájaro rompe el cascarón. El cascarón es el mundo. Quien quiera nacer, tiene que destruir el mundo”. Y Frau Eva, la madre de Demian y el amor platónico de Emil, se lo recuerda con ternura: “-Siempre es difícil nacer. El pájaro tiene que penar para salir de su cascarón, ya lo sabe usted. Pero vuelva usted ahora la vista atrás y pregúntese, si, en realidad, fue tan penoso el camino. ¿Sólo penoso? ¿No fue también quizá bello? ¿Sabría usted acaso de otro más bello y más fácil?” (Capítulo 7, “Frau Eva”).

Frau Eva tiene razón. El camino siempre es penoso, pero bello también. El mundo de la oscuridad y el mundo de la luz, dios y el demonio habitan la conciencia de los hombres, y la importancia de conocer el bien y practicarlo solo es posible cuando se comprende la fuerza del mal: “Tienes que reflexionar sobre ti mismo y hacer luego lo que verdaderamente surja de tu propia esencia. No hay otro camino. Si tú mismo no puedes encontrarte, tampoco encontrarás espíritus ningunos que te sepan guiar. Créeme”, le comenta Emil a Knauer (Capítulo 6, “La lucha de Jacob”). El camino de Emil Sinclair, su atribulado paso de la niñez a la adolescencia lo hizo el propio Hermann Hesse, como lo recuerda Curtius en su texto citado: “Al cumplir los trece años […], mi conducta, lo mismo en casa que en la escuela, dejaba tanto que desear, que se me desterró a la escuela de latinidad de otra ciudad”, aunque la desordenada vida del escritor se prolongó más allá de los cuatro años. “Ninguna escuela conseguía retenerme […]. Todo intento de hacer de mí un hombre de provecho acababa en fiasco, y muchas veces con vergüenza o escándalo […]”. En más de algún sentido la metáfora del pájaro rompiendo el cascarón acompaño tanto al escritor como a su creación. Y varios años después, cuando Hesse cumple los cincuenta años, publica “Krisis” (1928), un poemario con cuarenta y cinco poemas de los cuales solo quince fueron considerados en sus obras completas. Nos dice Curtius que en “Krisis” se habla de “una de aquellas etapas de la vida, en que el espíritu se siente cansado de sí mismo, desciende de su trono y deja el campo libre a la naturaleza, al caos, a lo animal”.

Demian” es la novela de una de esas etapas de la vida que es una lección de vida para el descubrimiento de sí mismo. Para salir del cascarón, ese mundo acogedor y seguro, y enfrentarse al mundo exterior donde también se encuentra Abraxas.

 

 

Imagen portada: First edition cover of Demian, 1919 wikipedia.org

 

 

 

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Alejandro Carreño

Alejandro Carreño

Profesor de Castellano, Magíster en Comunicación y Semiótica y Doctor en Comunicación. Académico en Brasil y en su Chile natal. Columnista y ensayista. Lleva adelante en Youtube su canal “De Carreño a los libros”, donde aborda temas de Literatura, Educación y Cultura.