BALDÍO tuvo vida corta y un solo disco de estudio (1983). La mayoría del material grabado es de autoría de Cabrera.
Esta canción es una de las más jugadas y oscuras que se hayan escrito en este país. Un niño jugando con un arma mata accidentalmente al amigo. Años después la culpa lo persigue como un lebrel. La canción se conforma de tres partes: una A que desemboca en una B (en mayor) donde la música remeda a una banda de sonido de un film, es como una cascada donde el protagonista recuerda lo idílico (el recuerdo, al fin, es un poco eso). Y luego retoma la A con la banda a pleno y el arreglo es cargado, ríspido; hay experimentación y riesgo, el piano es cortante, duro, disonante.
Es Buarque en un samba, pero traspasado por “Los que Iban Cantando”. El final es una gran CODA donde Fernando Cabrera llega al paroxismo: “no tuve la culpa, lo juro/dejame tranquilo”. Tremenda y dramática canción.














































