
En su artículo “Cuerpo personal y cuerpo político. Violencia, cultura y ciudadanía neoliberal”, la antropóloga colombiana Myriam Jimeno nos ofrece una mirada comprometida sobre la violencia en las sociedades atravesadas por el neoliberalismo. Lejos está de pensarla como un acto patológico. Jimeno la analiza como un fenómeno que modela las subjetividades, las relaciones sociales y el ejercicio de la ciudadanía.
A partir de testimonios en sectores vulnerables de Bogotá, estudia las relaciones entre la vida privada y pública: es a lo que se refiere con “cuerpo personal y cuerpo político” cómo las experiencias de violencia en el ámbito doméstico se relacionan con las instituciones y la estructura cultural que refuerzan la desigualdad.
Desde esta visión crítica, la autora nos dice que el modelo neoliberal del individuo produce personas retraídas, aisladas y excesivamente racionales, lo que las vuelve desconfiadas. Esta desconfianza no es sólo hacia otras personas, sino también hacia las autoridades, que se perciben como amenazas más que como protecciones. Esto se presenta muchas veces como un problema a la hora de realizar denuncias por situaciones de violencia. Sobre este modelo de individuo neoliberal, Jimeno, M (2007) dice que: “(…) ignora la experiencia de violencia como una experiencia emocional y cognitiva que trae consigo efectos sobre la forma en que apreciamos e interactuamos con otros y participamos en la acción en la sociedad”. (p.18)
Además, Jimeno cuestiona la idea de que la violencia proviene únicamente de personas enfermas y la expone como una clara herramienta de control que opera desde el hogar hasta el Estado. Esta crítica se profundiza en el apartado siguiente “violencia y vida íntima” donde la autora muestra cómo la violencia no afecta sólo a las corporalidades, sino también a los sistemas de creencias. En la investigación que hace en 1995, las víctimas mencionan haber sufrido maltrato tanto en sus hogares, como por parte de las autoridades públicas. En ambos casos la respuesta es el miedo y el aislamiento, lo que impide la solidaridad y las acciones colectivas.
Citando a Evelina Dagnino, Jimeno entiende que esta visión minimalista del ámbito de lo político (es decir una idea reducida que se centra sólo en la participación electoral y en las formalidades entre las personas y el Estado, sin tener en cuenta los aspectos sociales o emocionales) funciona bien en la reproducción de las desigualdades, contribuyendo al silenciamiento de las víctimas. Las responsabilidades sociales como la violencia, son interpretadas como fallas individuales, cuando en realidad son las estructuras sociales las que las sostienen.
La autora entiende la necesidad de que las políticas públicas relacionadas a la violencia doméstica, corrijan la concepción individualista de estos fenómenos. De esta forma se lucha ante las acciones violentas, impidiendo el silencio de las personas afectadas. Recuperar la expresión emocional en el espacio público es fundamental. Escuchar, acompañar y seguir sosteniendo redes para “recobrar la confianza perdida”.
El trabajo de Myriam Jimeno nos interpela sobre la manera en que la violencia está presente en el día a día bajo el modelo neoliberal. Se trata de visibilizar el dolor, el miedo y la desconfianza, porque lo personal es político.
Reseña del artículo:
Jimeno, M (Enero-Junio 2007) “Cuerpo personal y cuerpo político. Violencia, cultura y ciudadanía neoliberal”. Universitas humanística, número 63, p:15-34. Universidad Nacional de Colombia, Bogotá Colombia.















































