Vuelvo a escribir sobre cine después de un tiempo, y qué mejor manera de volver con esto. Debo confesar que no soy de esas personas que son fans de la saga Alien desde siempre, la descubrí hará poco más de una década. En parte porque en casa no se miraban “esas películas” y después no se dio la oportunidad; si la hubiera visto de adolescente seguramente me hubiera fascinado, ya que las novelas de ciencia ficción que devoraba estaban inspiradas o inspiraron a la saga de alguna manera. Tal vez por eso no la puedo llevar tanto en mi corazón como otras personas de mi generación, pero las disfruto muchísimo y obviamente les tengo un gran respeto. Por estas razones es que me sorprendió positivamente que por fin estuviera viendo una historia de este universo que pudiera sentir como propia, que me llegara más a un nivel personal, cosa que las otras no lograron. Y creo que es algo que le va a pasar a la gente que comience la saga aquí, que al igual que yo, por fin encontramos un punto donde conectar.

Creo que todos conocimos a Fede Álvarez por el corto “Ataque de pánico” en 2009, y todos hemos visto su progreso a lo largo de los años. Y acá pasa algo que para nosotros es muy común, pero que tal vez para un extranjero sea algo raro… En Uruguay (sobre todo en Montevideo) cuando alguien es exitoso lo apoyamos pero no solamente porque compartimos bandera, ni por esa relación parasocial que suele generarse, sino porque lo vemos como un conocido lejano. En mi caso no tengo el gusto de conocer personalmente a Fede, pero sí hay personas en mi entorno que lo conocen porque son del barrio, o estudiaron juntos, etc. Porque así es Uruguay en general, somos muy pocos y nunca somos totalmente extraños, sino que es una especie de relación de vecinos que solemos tener.
Y por eso es que con Alien Romulus tenemos una historia tan nueva y a la vez tan familiar, porque está escrita desde una perspectiva que todos compartimos. Ciertamente a todos nos ha pasado de sentirnos “atrapados” en un país donde no pasan muchas cosas nuevas, donde hay menos oportunidades laborales y profesionales. Y va más allá del nivel económico que uno tenga, aunque por supuesto ayuda muchísimo. Lo veo también desde mi experiencia personal como alguien que no creció en Montevideo y se vino hace poco más de una década: si bien es un mundo nuevo, con los años te vas dando cuenta de que siempre vas a tener un “tope”. Esto pasa por supuesto en todos los países que no son de primer mundo, pero nosotros somos de los que tenemos el valor agregado de ser muy pocos, por lo que se genera siempre el “efecto pueblo”.
Y en palabras del propio Fede, “A ningún uruguayo hay que explicarle de qué está hablando esto”. Claramente todos lo entendemos a la perfección, sobre todo los que nos dedicamos a cualquier cosa relacionada con el arte.

La historia se centra en un grupo de jóvenes que vive en una colonia y desean salir de ese lugar y buscar mejores oportunidades, pero las circunstancias siempre los empujan a volver al punto de partida, entonces deciden que tienen que hacer algo para cambiar esa situación. Y no es novedad que la saga (al menos en sus dos primeras entregas) es una crítica al capitalismo y a las grandes corporaciones, pero aquí está retratado desde una experiencia más latinoamericana, mucho más cercana y más humana. En Aliens (1986) también vemos a Ripley desde un punto de vista más humano; pero en Romulus, si bien la protagonista es Rain, el trasfondo humano está retratado de una manera más estructural. No solo vemos a la protagonista sino que vemos su entorno: las calles, las personas con las que interactúa, su trasfondo familiar… Una queja que siempre tuve del guión de Alien (1979) es que los diálogos por momentos parecen poco orgánicos, lo cual también se puede atribuir a la época, y aquí pasa todo lo contrario. Si bien por momentos le falta sutileza con metáforas o conceptos no es algo que moleste demasiado, y entiendo también que al estar dirigido a un público americano y europeo, ciertas diferencias culturales de otra forma podrían perderse. (Y sí, tenemos que aceptar que los latinos tenemos un poco de esa naturaleza telenovelesca, sobre todo visto desde fuera).
La ambientación es inmersiva desde el primer momento, los silencios opresivos están muy bien empleados de manera que la tensión es constante, y la banda sonora tiene temas de entregas anteriores. Sí hay un par de jumpscares pero están bastante bien colocados, no me considero fan de ellos pero están ciertamente amortiguados en el contexto. La iluminación es perfecta, sobre todo con el manejo de los rojos. Los efectos visuales son excelentes (salvo por una decisión puntual que se me hizo un poco cuestionable, si la vieron ya sabrán de lo que hablo), y hay una escena en gravedad cero que es obligación verla en el cine.
Como muchos ya sabrán Álvarez quiso que se utilizaran efectos prácticos en todo lo posible, ya que la experiencia es más real de esta manera porque los actores van a estar más involucrados en su interpretación, así como nosotros los espectadores. (Y sí, los que apreciamos esas cosas sabemos que no es lo mismo). Si nos ponemos más técnicos también vale la pena destacar la elección en el tipo de cámaras, como por ejemplo el modelo Arri Alexa 35 que tiene mayor profundidad de lente y es adaptable al formato IMAX; aunque técnicamente no esté filmado en dicho formato, da una mayor sensación de realismo al estar frente a la pantalla y contribuye a que una mejor experiencia cinematográfica.
Siempre que hablamos de la obra de Fede Álvarez nos centramos en su trabajo como director, y con razón. Pero no nos olvidemos de su faceta guionista ni de Rodo Sayagués, ya que ambos vienen trabajando juntos desde Ataque de Pánico, la remake de Evil Dead y también con No Respires. La combinación de ambos es una bomba ya que no tienen miedo a tomar decisiones controversiales si es necesario, provocando que uno se diga a sí mismo: “¿Qué carajo acabo de ver?” pero en el buen sentido. A su vez respeta muchísimo el espíritu de la saga, sobre todo de la primera primera entrega de 1979, lo cual tiene sentido porque cronológicamente esto ocurre unos años después de los hechos sucedidos en la Nostromo.

Otra cosa que destaco del guión es el manejo de los androides y la inteligencia artificial. Estamos acostumbrados a que en la ficción se hable de IA desde un punto de vista más abstracto, pero hoy en día es una realidad concreta, y es interesante cómo vamos viendo que la ficción se adapta y va incorporando estos recursos que ya se están volviendo cotidianos. Es muy orgánico cómo se maneja el tema del software y cómo las actualizaciones cambian la “personalidad” del androide, las capas de memoria, habilidades y la lógica al tomar ciertas decisiones. Muy digno de Isaac Asimov. Y siempre el contraste con la tecnología análoga, y las formas de tecnología que van quedando obsoletas. Incluso también da lugar a cuestiones más filosóficas como qué nos hace humanos, cómo la tecnología conserva ideas de las personas que ya no están, y aprovecha también para retratar la discriminación y cómo está normalizada en ciertas situaciones. Las actuaciones en general son bastante orgánicas, sobre todo de parte de la protagonista Cailee Spaeny pero también David Jonsson que hace una excelente interpretación, con diferentes capas de personaje.
Sé que mucha gente detestó esta película y soy consciente de que no es perfecta; y como mencionaba al principio, no soy fan vieja escuela y tal vez mi opinión sea distinta. Pero sí soy fan de las cosas que se hacen como la vieja escuela, y se nota que han puesto mucho amor en ese aspecto.
¿Es perfecta? Para nada, tiene un montón de cosas que podrían mejorar, pero sin duda es mucho mejor que Prometheus (2012), película que prometía responder muchas preguntas pero que después nos decepcionó tanto con Alien Covenant (2017) e hizo que Prometheus bajara el puntaje en retroactivo. Es un intento de retomar el rumbo y no me parece mala idea. Hay un par de referencias que están muy bien puestas, aunque una de ellas se siente un poco forzada y no tiene explicación ninguna en el contexto, más que ser simplemente fanservice. Igual no es nada grave, y se le perdona.
¿La recomiendo? Sin dudas. Creo que es ideal para aquellas personas que no están muy familiarizadas con el universo Alien en general o como yo, que me gusta pero tampoco me considero específicamente “fan”. Es de esas películas que no se ven habitualmente en estos últimos años, y siempre valoro cuando apuestan a algo diferente y más refrescante sin olvidarse de sus orígenes. Pero tampoco tiene miedo a romper las reglas si es necesario y también es una de los mensajes centrales: a veces hay que romper las reglas para salir de donde estamos y empezar de cero.







































