
El 17 de Agosto de 2019, escribía las siguientes líneas, luego de ver a Fernando Cabrera en la Sala Zitarrosa, en conmemoración de los 20 años de la misma;
“Anoche fui a ver a Cabrera. Hoy me levanté y el día estaba totalmente gris, como si pudiera estar de otro color, como si su voz no fuera capaz de teñir los colores de nuestras sensaciones.
Al ver al público entendí que todos, o su mayoría (a los que su rostro no dejaba mostrar otra cosa) habíamos pasado por un abrazo de despedida, un amor, un familiar, un amigo, o todo eso en una misma persona.
Las edades eran variadas, pero claramente es un público entrado en años el que elige ir a verlo, un público que seguro abrazó más despedidas de las que se nos pueden ocurrir, y sin embargo eligen estar ahí, conectando con ese sentimiento.
Porque es inevitable conectar, conectar con la tristeza, con el dolor, pero también conectar con el amor, con esa persona que te mira y te hace vientre el corazón con la ilusión que el amor provoca. Porque Cabrera tiene eso, te lleva del amor al miedo en un par de acordes. Como te lleva de Montevideo a Santa Lucía por el camino más largo, o a recorrer Ciudad Vieja, Belveder, o Marindia. Te lleva, todo el tiempo te lleva, aun aclarando que el tiempo está después, es capaz de jugar con él, de regarlo de recuerdos, de hacerlo arena entre los dedos. Por eso elijo ir a verlo, sabiendo que al otro día me voy a levantar con silbos de tristeza o gritos de ternura o todo eso mezclado, (haciendo eco en mi cuerpo).”
Me pareció oportuno traerlas al hoy, puesto que ayer Cabrera se presentó en la Zitarrosa, en esta ocasión por la temporada de sus 25 años, junto a Bolsa de naylon en la rama de un árbol, banda compuesta por Diego Cotelo (guitarra eléctrica, clarín y voz), Elena Ciavaglia (teclados y voz), Juanma Cayota (batería y voz), Inés Agosto (saxos), Juan Chilindrón (bajo) y Emiliano Pereira (clarinete y saxos).
Mis sensaciones siguen intactas, Cabrera me sigue provocando la misma revolución emocional, y a ella se le suma esta combinación poco convencional de rock alternativo, jazz experimental y ritmos tradicionales del Uruguay que añade alteraciones a los sentires, y un público más juvenil (aunque habían algunas que otras cabezas blancas asomando).
La noche estuvo cargada de grandes canciones, destiempos, megáfono prestado por un “connotado político diputado” (el que lo capta, lo capta habrá pensado Cabrera al decirlo), vientos que le dieron un mayor vuelo a las Canciones de siempre, abrazos, pandemonios, caramañolas, banderas amarillas, y la ya clásica cajita de fósforos.
Si hablamos de versiones, las destacadas fueron; “No me arrepiento de este amor” que disfrutamos generalmente por Gilda, pero créanme que por Fernando Cabrera y esta banda, fue una joyita, y “Tus abrazos/Pandemonio” versión en la cual Galemire puso melodía y Cabrera letra en un principio (anoche cantada por Diego Cotelo), dando origen luego a ambas canciones conocidas ya por todos.
En resumen, una noche de riesgos que la banda tomó al jugar con canciones de siempre, y los límites de locura planteados por Cabrera (los riesgos del juego y los confines de un loco).









































