
La fría noche del miércoles 17 de julio 2024 encontraba en la intersección de las calles Mercedes y Andes, la cita con el cumpleaños número 40 de una banda señera e imprescindible en la escena nacional.
Por primera vez en la Sala mayor del Auditorio Nacional del SODRE, se presentaban -con entradas agotadas- Los Traidores, para rememorar las canciones de siempre. El majestuoso lugar presenta siempre una dicotomía entre los pros y los contras sobre los shows de rock en ese escenario; de un lado la comodidad para artistas y para público, pero por otro lado la limitante que también condiciona la interacción en este tipo de eventos, donde cuesta mucho mantenerse sentado en las butacas. Mucho público adulto colmando el Teatro, cumpliendo ya con una tradición.
La elección del repertorio fue realizada como un viaje a través del tiempo desde la década del 80, agrupando las canciones por bloque de discos. Así de esta manera, las canciones convivían con sus pares, cuestión que no es habitual en los recitales de las bandas, salvo cuando se trata de un festejo de años. De hecho la misma estructura de show había sido por ejemplo puesta en escena por La Vela Puerca, en su show de 20 años (aunque en ese caso fueron transcurriendo de lo más reciente a lo más antiguo).
Con una puntualidad casi exacta, apenas pasadas las 21:00 hs., dio comienzo el recorrido, a través de la canción que abre también el 1er. disco de la banda, “Montevideo Agoniza”; “Sólo fotografías” que bien sabe retratar el perfil de una época oscura, que no se debe olvidar, como también “La muerte elegante”. La sorpresa de este bloque de canciones, vino de la mano de un invitado al que Juan Casanova presentó como “uno de los que estuvieron presente en ese primer show en el Pub “Lazy Ranch”, tratándose de Gustavo Parodi. El guitarrista de Los Estómagos y Buitres, subió muy contento y hasta emocionado para aportar su guitarra y coros en “Juegos de Poder”, diciendo que “pensaba que nunca me iban a invitar” dejando de ver que seguramente en su interior sentía desde hace años el deseo de compartir música con Casanova y Nattero. Siguió a dos guitarras la canción “No estoy loco” incorporando en la voz a Cebolla Cebreiro de La Vela Puerca para interpretar una buena versión.
Las canciones elegidas que complementaron el segmento fueron: “Mentiras”, “Montevideo Agoniza”, “Bailando en la oscuridad”, “Viviendo en Uruguay”, y por supuesto, las infaltables “Viviana es una reaccionaria” y “Flores en mi tumba”, ya con Caio Martínez en los teclados.
Continuando con el recorrido en el tiempo, continuaron los dos discos que marcaron el final de los 80 y también la ruptura temporal de banda en aquel entonces. “En cualquier parte del mundo”, del año 1987, trajo la presencia de tres canciones: “Amanecer”, “Profunda medianoche” y la muy festejada por el público “La luna”, grandes canciones que marcaron en su época una gran evolución compositiva. Por su parte del denominado Disco negro del año 1988, se interpretó un sólo tema, con la particularidad de que la voz estuvo a cargo de Victor Nattero, que anticipaba “esto va a estar bueno” antes de sonar la nostálgica “Palabras en un papel”.
A esa altura de la noche, el público ya se animaba no sólo a expresar su aliento, cariño y agradecimiento a la banda, sino a solicitar algunos pedidos especialisimos: así bajaban de las gradas nombres de canciones, como “Barrio rico” y “Buenos días presidente”. Minutos más tarde Juan Casanova contestaría a su público, aludiendo a que en aquellos años difíciles, tan solo existían algunos lugares para tocar en barrios donde no se los trataba tan bien, y que esas canciones, eran una forma de combatir ese maltrato y plantar su postura ante esas situaciones, “en realidad no queríamos matar a nadie” aludiendo a la metáfora de “Barrio rico”.
Del año 1995, vendría el segmento de “Radio Babilonia” que traía otros 2 invitados a la escena, Sebastián Teysera de La Vela Puerca a interpretar una canción que ya la había hecho suya en varias ocasiones anteriores, como “Máquina”, y previo a la presentación del cantante dio diálogos entre el publico y Nattero al que le decían “cántala evos!” previo a que presentara a Teysera.
Pero la gran ovación de la noche se la llevó un carismático y arengador serial que se mueve en el escenario con la misma fuerza de siempre, Pablo Silveira (Once Tiros y Mota) subió para energizar con la canción que le da título al disco, y tuvo una muy destacada actuación, pese a por momentos olvidarse de parte de los rápidos y potentes versos que transcurren en la canción. Convivieron con la melancolía de “Ella sabe bien”, el relato en tono americanista de “Crónica del sur” y “Como una Plegaria” y la declaración de principios de “Canción Rebelde”, como una guía de estos años.
Al haberse planteado en términos cronológicos, se intuía en el público que el show iba llegando a su término, para interpretar el último disco editado hasta la fecha: “Primavera Digital”, y con un Juan Casanova entre risas iba adelantando el final: “¿cuántas horas quieren que toquemos 4 horas?”, “ya saben que no hacemos bis y esas cosas” no sin prometer un nuevo show pero esta vez en condiciones más rockeras y libres. Así pasaron “Solos”, entre risas ante el olvido de parte de la letra, “Fundas plásticas”, “Primavera digital”, y por supuesto el clásico “De amor y de guerra”.
Pero antes de llegar al fin quedaba un comodín, del que todos sabían que se había reservado, y era ni más ni menos que “La lluvia cae sobre Montevideo”, en ella invitaron a todos los invitados a corearla, ante un público que esta vez sí se puso de pie, sabiendo que era el final preciso y entonando a modo de himno, especialmente en el riff de guitarra.
Así, para cumplir con la tradición traidora, de decir hasta luego y esperar un nuevo encuentro, se despedía la banda de su público fiel.
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