
La Trastienda – Julio 2024
Sobre el escenario de La Trastienda apareció la banda telonera: Sirian.
La distribución del espacio era de dos teclados que formaban una flecha en el centro, y apuntaban al público. En medio de ellos, apareció Bruno Sirian, el vocalista, con total convicción; a su izquierda se encontraba el guitarrista Germán Gastro. Hacia el fondo estaban sobre una tarima, el bajista Franco Soca y el tecladista Bruno Ancel.
La banda fusiona estilos como el pop progresivo, con una fuerte influencia del rock.
Al momento de irse, se dirigieron al público, que los despidió con gritos y aplausos: Gracias, muchísimas gracias, hacemos esto con muchísimo amor.
Las luces se apagaron, y en penumbras toda la banda de la artista originaria de tarariras se posicionó en el escenario: la portada del disco apareció en pantalla, un corazón azulado, atravesado por una espada y las palabras: Corazón de metal – Bárbara Jorcin.
El público se impacientaba, “dale barbie”, gritaban.
Las luces en tonos blancos empezaban a rodear todo el espacio como pequeños destellos, en tanto el corazón azulado que quedó sin tipografías en la pantalla, se acercaba y se alejaba, como si latiera.
La banda, integrada por “Tato” Cabrera, Juan Pablo Szilagyi, Seba Macció, Guillermo Pastori, Eugenia Antón y Jimena Molina en coros – comenzaron a tocar “2023” (Corazón de Metal) sin su intérprete, cuando Jorcin, autora de tres discos (Índigo, Si canto es porque puedo y Corazón de Metal) apareció en el escenario. Vestía un enterito traslúcido de encaje negro, un arnés con el corazón plateado que utilizó en la canción que le da nombre al disco; unos tacos negros de charol y un pequeño tapado peludito, también negro. Llevaba el pelo corto, de un pelirrojo intenso, con extensiones. El público la recibió con gritos enérgicos.
Luego se sentó en el piano para cantar “Platos sucios”. Luces amarillas la iluminaban en cenital, mientras todo a su alrededor estaba a oscuras, se sacó el retorno de uno de sus oídos para escuchar a todos cantar y posicionó una de sus manos en su corazón, mientras les sonreía; y este se convirtió en el primer de muchos momentos íntimos que hubo en la noche. Se levantó de su asiento mientras la aplaudían, y con una mano aún en el pecho, se refirió a sus fanáticos: “Buenas noches, no lo puedo creer y lo puedo creer, porque vengo soñando con esto desde siempre; voy a llorar loco. Estoy muy contenta de que estén acá acompañándome”, los gritos y aplausos no tardaron en escucharse como respuesta.
Otro de los momentos conmovedores de la noche fue cuando interpretó “El adiós”, canción que reinició en dos ocasiones por problemas técnicos, y remarcó de esa manera su profesionalismo y sus nervios.
Para esa balada, se veía en la pantalla a la cantante en la playa,durante un atardecer; las imágenes que se interponían la mostraban en distintos puntos, sentada o de pie. La intérprete cantó con mucho sentir, se le veía en la mirada, y el público, que se balanceaba de un lado a otro, la respaldó en el estribillo: vine a hacerte compañía, repetían. Ella los miraba, ellos notablemente conmovidos acompañaban su dolor, aliviaban el malestar detrás de la canción. Finalizó su interpretación y en nombre de esa conexión, dijo a sus seguidores mientras les cantaba: Chicos, me van a derretir el corazón.
Enseguida alguien en el público le dijo “gracias por cantar”, a lo que la cantante respondió “gracias a ustedes por venir”.
Más tarde presentaría la primera canción de la noche que no pertenece a su último disco y con ella a los primeros invitados de la noche: “Estas dos personas hacen música que me llena el alma; me chupaba un huevo invitar a artistas que pegaran. Diego González y Boni”. Subieron al escenario e interpretaron una innovadora versión de “Cuando me haya ido”, intercalaban el canto y se miraban con admiración y agradecimiento. Al terminar, ambos fueron a abrazar a Jorcín, que se encontraba sentada frente a su teclado, como una corista más, como si cediera su show a otros por unos minutos.
Luego, con una bata rosa con detalles encaje de color negro, invitó a las ellas: un cuarteto de saxofones para cantar “Matias o Miguel”, un tema que dijo “se hizo famoso cuando estaba soltera”. Al finalizar agradeció a sus invitadas y recomendó a los presentes que “Contraten mujeres; vamos las mujeres hoy y siempre arriba del escenario” y volvió a dejar su lugar performático. Se llevó con ella el micrófono y argumentó “así charlamos”. Mientras se cambiaba, se podía escuchar su voz en la sala: “Volvemos al disco, pero no voy a volver sola”.
El furor se sintió arriba y abajo del escenario cuando comenzó a sonar “Lanza” (Si canto es porque puedo) y se volvió más enérgico cuando apareció Eli Almic para rapear mientras Jorcin bailaba.
Para volver al disco, introdujo “Venganza”, en la que preguntó a los presentes: ¿Están listos para vengarse? . Así fue que el líder de la banda telonera llegó al escenario, se acercó a la cantante con dos pares lentes en la mano; ambos se los pusieron y se posicionaron en el centro del escenario, serios miraron a los presentes. La pantalla se tiñó de rojo y comenzaron a interpretar la canción con distorsiones de voz; más que cantar, bailaron y disfrutaron el momento compartido. Hacia el final de la canción se agachó, dejó el micrófono en el piso, dejó también sus lentes y corrió junto a Pérez hasta los teclados al fondo del escenario, que distorsionaron y tocaron en vivo, mientras las luces acompañaban los sonidos que generaban y recorrían todo el lugar.
La cantautora volvió a quedar sola, tomó su micrófono, se quedó a la altura del piso y comenzó a cantar “Renacimiento”. Al levantarse, aparecieron dos bailarinas a los lados: Jess Cairús y Romina Yasuire, que la acompañaron en lo que nadie esperaba de su música: un reggaeton que alentó a todos a bailar, aunque fueron pocos los que se animaron.
Después del baile: la calma, y con ella es que la cantautora interpretó algunas canciones más pertenecientes a discos anteriores. Con ellas subieron invitados: Franco Polimeni que la ha acompañado a lo largo de su carrera, subió para una interpretación de “Corriente alterna”. Luego Eugenia Antón dejó los coros para acompañarla en una versión movilizadora de “La Lucha”, artista que presentó como “gran amiga y compositora”, y de la que se despidió con un fuerte abrazo, como los que se percibían desde el público entre los presentes.
Al disco volvió con “Número impar”, con luces se tornaban finas, en tonos azules y blancos; la cantautora dijo que quiso “hacer todas las locuras juntas” y así presentó a quienes la acompañaron durante dicha canción: Guillermo Olivera, Jimena Molina , Lu Espósito al escenario”.
Antes de finalizar el show, se sinceró con el público y les dijo cómo habían sido estos días para ella; hizo referencia a haber dejado de tomar y fumar hace un mes para el show y admitió que antes de empezar el show “Quería que se termine de los nervios que tenía, siento que todo salió mal”; el público respondió al unísono que no, y ella siguió “hubo muchas cosas nuevas para mi; la música me sostiene y es la que me hace seguir acá”. Invitó así al último cantante de la noche: Facundo Balta, para cantar la reversión de “Alaridos”, con bailes arriba y abajo del escenario, trompeta y saxo, entre ellos Gleisis Estrada, e improvisaciones vocales.
La artista amenazó con irse, y por ello agradeció a todos los que hicieron posible su presentación, que englobó como “el principio de un sueño” y habló de la banda telonera: “es mi banda favorita del mundo. Haganlos famosos, necesitamos más bandas locales”, finalizó. Todos subieron los artistas involucrados subieron al escenario y saludaron. Se iban, cuando llegó el momento del bis con “No fue amor” y “Un pedazo de sol”. Con la última, que el público había pedido a los gritos, cantaron: que el amor expanda y que nunca reste, y Jorcin se emocionó casi hasta las lágrimas.
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