Cuando hablamos de la obra de Eduardo Mateo, es tan grande y variada la paleta que nos encontramos con obras maestras, demasiadas, en sus discos. Esta canción, en lo personal, es una de las mejores grabaciones que ha hecho. Sobre todo en el arreglo y la sabiduría de poner lo que hay que poner sin que sobre ni falte nada.
Sin dudas, detrás de esta canción está la influencia del Lennon de JULIA, y por otro lado, João Gilberto. Los dos mundos que en ese entonces conformaban lo estético en Mateo (aunque siempre a su modo y jamás siendo un remedo) Aparece en un momento de la armonía en que mayoriza, un grupo vocal (Quinto de Cantares), que no figura en la ficha técnica.
El arreglo de voces es fantástico y no rompe nunca el clima intimista que propone el autor. La parte B es una evidente influencia de Gilberto. El final es electrizante. Ahí es como que se abre una flor nueva. Queda una nota larga haciendo “ooohhh” y la guitarra pasa a improvisar sobre un par de acordes rasgueados, creando un momento de alta espiritualidad, con pocos gestos, demostrando la notable capacidad expresiva del maestro. Es una de mis obras favoritas de este disco, y de todos los discos, y siempre logra el objetivo de emocionar.












































