
En las entrañas del invierno montevideano de 1987, cuando el país todavía estaba aprendiendo a respirar después de años de silencio impuesto, nació una fuerza que eligió no mirar al sol sino a la penumbra. Bajo el impulso creativo de Lady Ego, comenzó a tomar forma RRRRRRR, una de las primeras bandas en abrazar de manera consciente el sonido, la estética y la lírica gótica en Uruguay.
Su nombre —esa sucesión obsesiva de erres— funciona como una onomatopeya inquietante: el ruido de un motor encendido, acelerando hacia un destino incierto, no trunco, inevitable. Un avance constante, aunque no siempre visible. Un rugido que no busca aprobación.
RRRRRRR debutó en vivo el 16 de agosto de 1989, en el teatro El Tinglado. Aquella noche, ante un público reducido pero atento, la prensa no tardó en ponerle una etiqueta que en ese momento era casi un acto de osadía: rock gótico. Uruguay no estaba acostumbrado a mirarse en ese espejo.
En 1990, la banda grabó sus primeros demos, Núbeses peleando y Frío, piezas que ya dejaban en claro que no se trataba de una propuesta amateur ni circunstancial. El sonido de RRRRRR era profesional, minucioso, oscuro, trabajado desde una sensibilidad estética que parecía ir a contramano del canon local de la época.
Guitarras densas, teclados espectrales, líneas de bajo que parecían narrar por sí solas y una voz que no gritaba: susurraba verdades incómodas. Todo estaba allí para construir una atmósfera coherente, casi ritual, donde la música no buscaba entretener sino interpelar.
Su recorrido se dio en espacios del under montevideano —La Cueva, Juntacadáveres, Amarillo— lugares donde la noche era más que un horario: era una forma de estar en el mundo. En ese contexto, RRRRRR se volvió un faro tenue pero persistente para quienes necesitaban otra narrativa posible.
Los nombres que pasaron por esa sombra
Parte del misterio —y del peso histórico— de RRRRRRR está en quienes la integraron. Por la banda pasó Ale Caper, hoy integrante de Jhona Lemole y La Orquesta Deforme, proyecto que también explora lo torcido, lo teatral y lo incómodo desde otro lugar estético, pero con una raíz similar: la disidencia sonora.
También formó parte Federico Deutsch, figura clave de la electrónica uruguaya, referente indiscutido de la escuela alemana reinterpretada desde el sur. Deutsch acumuló galardones y reconocimientos, tanto de sus pares como del público, y es hoy un nombre ineludible cuando se habla de música electrónica experimental en Uruguay.
Que músicos de ese calibre hayan sido parte de RRRRRRR vuelve todavía más intrigante la pregunta que flota desde hace décadas: ¿Por qué nunca alcanzó el reconocimiento masivo que sí tuvieron otras propuestas locales e internacionales?
Una idiosincrasia que NO queremos admitir
Tal vez la respuesta no esté en la calidad —incuestionable— ni en la trayectoria de sus integrantes, sino en algo más profundo. RRRRRRR incomodó porque puso en primer plano una oscuridad que Uruguay prefiere negar, pero que arrastra desde su historia: la melancolía estructural, el repliegue emocional, la introspección como defensa.
El gótico, como estética y como ética, nunca fue un género de multitudes. Vive en los márgenes, en la noche, en la repetición obsesiva de preguntas sin respuesta. RRRRRR no se adaptó a los formatos, no negoció su identidad, no buscó ser amable. Y quizás por eso quedó —y permanece— como un secreto a voces.
La incógnita final: ¿Dónde está RRRRRRR ahora?
Hoy, cuando el contexto cultural parece más permeable a lo oscuro, lo experimental y lo no hegemónico, la ausencia de RRRRRR se vuelve extrañamente sonora. No está claro si la banda sigue tocando, si existe en alguna forma latente o si permanece en estado de pausa eterna.
Y sin embargo, su presencia parece más necesaria que nunca.
Como si lo hubiera anticipado una de sus canciones más icónicas, “Maniquí”, donde un verso resuena como manifiesto y advertencia:
“Y de pronto me encontré
a mí mismo y me perdí
lejos de todo placer”
En esa línea se condensa todo: el hallazgo y la pérdida, la identidad como laberinto, el placer negado como forma de resistencia. RRRRRRR fue —y quizá sigue siendo— eso: un espejo oscuro donde encontrarse implica, inevitablemente, perderse un poco.
Porque hay bandas que pasan.
Y hay otras que quedan vibrando, como un motor encendido en la noche, esperando que alguien vuelva a escuchar su rugido.













































