Cuando Gonzalo Deniz decidió presentar un puñado de canciones que no tenían cabida en el proyecto Mersey, la banda que compartía con su hermano y amigos del balneario San Luis, decidió hacerlo escudado en otro nombre. En aquel entonces no le seducía la idea de tener un proyecto con el mismo nombre que en su cédula.
Siempre aclaró que el nombre proviene de la saga familiar creada por Jerome David Salinger, autor al que llegó a través de la obra del cineasta Wes Anderson.
Franny Glass no era de sus personajes favoritos, pero el nombre sonaba bien, reconoce cierta musicalidad en él y si bien es un nombre en inglés, una de sus fortalezas es que en español se pronuncia igual que como se escribe. Siempre repitió que no es un seudónimo, sino el nombre de su proyecto.
Hace ya mucho tiempo que no lee a Salinger, de aquel tiempo perduró solo el nombre, como un tatuaje hecho a los veinte años y del cual no reniega, pero que ya no lo representa. A finales de 2020, estos ángeles y demonios de dibujitos animados que le hablaban en cada oído estaban bastante apaciguados. Gonzalo y Franny convivían con cierta armonía hasta que un día su compañera, Tamara, le comentó al pasar: «Ayer soñé que te presentabas con tu nombre real». La primera reacción de Gonzalo fue casi de enojo. ¿Por qué me hacés esto?, si mis dudas estaban casi dormidas. Un par de días después, masticando el asunto llegó a la conclusión de que era el momento. Quince años después decidió cerrar el ciclo y ser el de su cédula Tuve la oportunidad de conversar con él cuando la decisión estaba fresca, cuando este disco que hoy se está mostrando se empezaba a elaborar.
Parece interesante abrir una pequeña ventana y descubrir en qué intereses secretos, o no tanto, andaba esa mente.
Like a rolling stone
Hay una constante en su obra que es el estado permanente de fuga, como un turista inquieto que no se permite repetir destinos, lo hecho, hecho está y siempre es tiempo de nuevas búsquedas. Canciones de amor para el fin de mundo fue una vuelta a las raíces del proyecto Franny Glass acompañado por una banda que nada tiene que envidiarle en calidad y cantidad a sus amados Belle & Sebastian. En este disco abandonó su guitarra y asumió el frente del escenario en su papel de crooner, para cantar esas canciones que lo conmueven, que lo hacen vibrar en la vida real, en un formato que bien puede ser el de Scott Walker y su “If You Go Away” o “To The Rescue” de The Divine Comedy.
Ese pop inglés con el cantante al frente y la big band atrás. En el momento de editar este disco, el final de Franny Glass no estaba en la agenda, pero mirado hoy parece un acto de justicia que el proyecto termine con un disco luminoso, el más ambicioso de su carrera y cantado a todo pulmón.
Volviendo a la cuestión del nombre, Gonzalo reconoce que siempre tuvo una relación un poco conflictiva con su nombre artístico, además se sumaron como estímulo para el cambio la lectura de varios libros que biografían a músicos uruguayos que lo llevaron a pensar cómo lo llamarían a él si lo mencionaban en historias de otras personas. Tampoco se imaginaba con cincuenta años tocando como Franny Glass.
El nuevo proyecto viene inspirado en otras búsquedas, algunas que comenzaron en la época de Desastres Naturales, pero que ahora se profundizan. Gonzalo me cuenta que leyó a Coriún Aharonian, y vio lo que podía tomar de él y lo que debía dejar, decidió trabajar sobre la inspiración creativa que promovía el musicólogo, pero sin caer en su posible ortodoxia. Se propuso dominar todos los aspectos de lo que está haciendo a través de la guitarra y la voz, para eso decidió tomar clases de guitarra con Eugenia Sasso, una compositora argentina que tiene mucha influencia de Eduardo Mateo, Jorge Lazaroff y Leo Masliah. Llegó a ella a través de un artículo publicado en el semanario Brecha, firmado por Santiago Bogacz, un músico muy particular, que a mí me encanta su búsqueda, afirma Gonzalo. La idea era adquirir conocimientos armónicos y secuencias de acordes que le permitieran expandir las búsquedas rítmicas que había concretado en su quinto disco como Franny Glass. Si bien se imaginaba acompañado por otros músicos quería que en la guitarra y la voz estuviera presente lo que deseaba expresar, de forma tal que la propuesta quedara cerrada en guitarra y voz sin depender de la presencia de otros instrumentos para mostrar las canciones.
Respecto a su relación con Sasso y las razones por las cuales decidió tomar clases con ella, esta parte de nuestra charla lo resume perfectamente:
Noté que me estaba faltando formación y tiempo para bajar a tierra en la guitarra lo que estaba pensando. Justo vi que Eugenia daba clases de guitarra y le escribí y empecé la semana pasada. Las clases consisten en que le muestro la canción, lo que estoy trabajando y ella me corrige, me propone ejercicios, y como lo que ella hace tiene que ver con la búsqueda que estoy haciendo, me pareció la persona adecuada.
Además, es alguien fuera de mi ambiente musical, de Buenos Aires, que no conocía mi proyecto, me pareció que estaba bueno que fuera así, salvando las distancias es como cuando en El podador primaveral quise hacer algo más uruguayo y me junté con un productor español (Gonzalo Deniz, entrevista, 11 de agosto de 2021).
Hace un año atrás, Gonzalo estaba trabajando en ocho canciones que ya tenían letra y melodía, pero estaba viendo cómo tocarlas. Si bien las consideraba canciones accesibles, estaba en un proceso de reflexión donde se cuestionaba cada aspecto de lo que sonaba y de lo que decía, al punto que no sabía cómo tocarlas. La búsqueda implicaba un nivel de exigencia mayor, una conciencia plena de lo que se estaba tocando y porqué. En esa búsqueda se impuso algunas condiciones como que primaran los instrumentos acústicos, ni siquiera guitarras en línea, captar todo desde un micrófono al aire, salir de las estructuras armónicas más tradicionales, apelando a armonías no modales y trabajando sobre ciertas disonancias que cuestionan por qué tienen que usarse estas notas y en este orden, buscando expandir las posibilidades, pero partiendo y manteniéndose dentro de lo que es una canción.
Gonzalo reconoce que esto no es nada nuevo en la música, pero sí es nuevo para él, el camino, la línea de fuga iniciada en 2021 hoy comienza a ser visible.
Lo que vendrá
El disco que ya está en camino se editará por Bizarro en formato físico y digital en agosto, con el nombre Mientras tanto, en Montevideo y será presentado en el Teatro Solís el 10 de setiembre.
Actualmente se pueden escuchar un par de adelantos. Desde el 1 de julio está disponible «Baila» en plataformas digitales, acompañado en la grabación por sus músicos habituales: Lucía Romero en voz, udu y arpa de boca; Camila Rodríguez en voz; Guillermo Berta en percusión; Matías González en voz y guitarra eléctrica; Javier Vaz Martins en bajo, y se suma Santiago Bogacz en n’goni.
Poco más de un mes antes, el 24 de mayo se había estrenado «Hay cosas que el tiempo no va a curar», iniciando lo que serían los adelantos del disco. En esta canción Gonzalo canta y toca guitarra española acompañado de Guillermo Berta en percusión, Matías González en guitarra eléctrica y coros, Lucía Romero, en coros, Javier Vaz Martins en bajo y Sergio Astengo en bandoneón.
Varias de las canciones que integrarán el nuevo disco fueron adelantadas en los recitales que brindó en Magnolio Sala los viernes 6 y 13 de mayo. Todo indica que el sábado 10 de setiembre el Solís será una fiesta para recibir a este artista que en cada salto al futuro teje una red de seguidores incondicionales que abrazan sus proyectos.
Bienvenido Gonzalo, gracias Franny Glass.














































