Pirucho. El motivo de este tema ya había aparecido como “sinopsis” en “Hermano te estoy hablando” de SIEMPRE SON LAS CUATRO, el disco anterior. La letra de este candombe está basado en una carta recibida por Jaime de su amigo Homero Diano, “Pirucho“. Ya estaban escritos los estribos pero no las estrofas centrales y esa carta fue determinante para armar el texto final. Aquí, Jaime, saca a relucir su capacidad de rasgueo candombero que si bien se basa en Mateo, es distinto, original. Sobre esas guitarras y los tambores (alucinantes) es que Hugo crea una dimensión paralela con teclas que sugieren fantasmas del barrio, susurros y gritos de espectros de la noche, de una Montevideo entregada al sueño y al silencio.
El texto es surreal, hermético, y tiene códigos cerrados que solo pueden entender estos dos amigos, pero que sirven para darle un aire enigmático a toda la letra. Sin dudas estos tambores –Gustavo Oviedo, Lobo Núñez, Fernando Silva y Edison Oviedo-, la jefatura de Ansina + Lobo Núñez, son los mejores que ha grabado Jaime. La polenta y fineza que hay acá no está escrito. Toda la esencia de la Cultura del sur de Montevideo está aquí. La canción se muere con ellos, y con ellos los espectros del teclado que gimen a través de la demencial genialidad de Hugo.














































