Una canción “filosófica” de Fernando Cabrera, quien hace muchas veces de emisario de ciertas verdades que no sabemos expresarlas mejor que con la poesía. Cabrera habla de “parar el mundo“, de dejar de jodernos entre nosotros y de, por lo menos, escucharnos. Es un grito desesperado desde un rincón de la canción. El texto es duro y de alta factura: “Número cuatro nos mandan un día de campo/ Y las camionetas, el río, el asado y la radio/ Hemos perdido el sabor del encuentro y la mano/ Hablarnos un poco, reír, descansar de gritarnos“. En un momento dice “nos mandan un día de campo“, porque hasta este momento de esparcimiento y solaz está programado. Cabrera pide que lo hagamos como un impulso de liberación. El tema en lo musical es un “blues cabreriano” con un dejo melódico de milonga, como no podía ser de otra forma. El diseño de escobillas de Etchenique es bellísimo y así las guitarras de Fernando y Hill. Una canción poco frecuentada y que es una verdadera joya del universo cabreriano.










































