
Jueves 21 de noviembre 2024. En el marco de los 25 años de Sala Zitarrosa, se presenta Nito Mestre con su banda. Sabía que venía, pero como no conozco mucho de su trayectoria luego de Sui Generis, no tenía previsto asistir. Sin embargo, escuché una preciosa entrevista que le hizo Gustavo Rey en su programa Espíritu Libre y ahí descubrí que sigue haciendo temas de Sui Generis, además de su propia producción posterior y la verdad, fue tan amena y tan contagiosa la energía de la nota, que me decidí a acudir.
La cita era a las 21 pero a las 20.30 ya se había armado fila en el teatro, para ingresar. Mucha gente “grande”, mucha ansiedad, pero también jóvenes (al final me llamó la atención la cantidad, y además se sabían las canciones).
El escenario sin telón nos espera con un gran despliegue de instrumentos: teclado, guitarras acústicas y eléctricas, bajo, batería y unos atriles con elementos electrónicos. También varios micrófonos, lo que da la pauta que Nito no cantará solo esta noche.
A las 21 en punto, con luz de sala apenas atenuada, sale a escena una muchacha de larga cabellera, que enchufa su guitarra y saluda con un breve “buenas noches”, mientras comienza a tocar.
La telonera resultó ser la uruguaya Lula Isnardi, oriunda del barrio Jacinto Vera, con varios trabajos en todas las plataformas y que agradeció la oportunidad que Mestre le dio de mostrar su música: “un ídolo, un grande, un referente”.
Mientras hace sus cuatro canciones, la gente sigue llegando, confirmando mi sospecha de que cuanto más adelante y al centro tiene los boletos, más tarde llegan al concierto.
La artista canta y toca muy bien, el público escucha con respeto y ya en la tercera canción se puede apreciar su forma de componer. Tarde de sol me parece que se la dedica a su madre, o quizás a su abuela, una sensación con la que todos podemos sentirnos identificados de alguna manera. Finaliza con un candombe, nos pide palmas y todos hacemos “la clave”.
Luego de un pequeño intermedio donde el personal de escenario acomoda los retornos, aparecen los músicos y Nito, que saluda y mientras enchufa su tableta electrónica, presenta a su banda: Ernesto Salgueiro, director musical, guitarra y voces (30 años juntos), Julia Horton, guitarra, voces, percusión y un aparatito eléctrico, Diego Alejandro en batería, Pablo Álvarez en bajo y Fernando Pugliese en teclados (28 años juntos). Finalmente, se presenta: “yo soy el otro”, lo que confirma mi idea de que Nito es nuestro propio Garfunkel rioplatense. Discreto y fundamental.
Luego de afinar brevemente, comienza con Hay formas de llegar, del álbum Mestre del 2006. Nos cuenta que esta noche va a mostrar un poco de lo que ha hecho en 52 años de carrera. “Es muy grato venir”. Me llama la atención que menciona a su primera banda simplemente como “Sui”.
Sigue con “un tema nuevo”, del 2023, compuesto por Nito Mestre y Franco Masciarelli: Distintos “dedicada a un amigo” y cuando canta
“No quiero vivir alejado de tu propia soledad
no parecemos ser distintos
solo sabemos respirar
nos parecemos en el brillo de los ojos al cantar
siempre buscando una señal…
No conocemos el final.
Para nosotros no hay final.”
No puedo dejar de pensar que fue escrita para Charly. Mientras escucha la música mueve los dedos en el aire, como tocando un piano, o dirigiendo una orquesta… Al final, me da la razón, con “un aplauso para García”.
Seguidamente nos cuenta cómo fueron los comienzos de la banda, en el secundario cuando coincidieron con sus respectivas bandas liceales y terminaron armando 3 o 4 canciones que paseaban por las discográficas, tratando de que les dejaran grabar. Una de ellas fue Quizás porqué, logrando la primera ovación de la noche.
Sigue con el íntimo Flores en el mar, del disco Flores en Nashville de 2015, inspirado en el último viaje que hizo junto a su madre.
Mestre recuerda cuando en 1980 estuvo en el cine Plaza, consulta si aún existe… ante las distintas respuestas, concluye acertadamente: “está el edificio, pero ya no es un cine”. Rememora que allí “fue uno de los discos más lindos que grabé en vivo, en dos funciones. Me acuerdo perfectamente de lo que ahora es una iglesia, sería peor que fuera un estacionamiento. Alguno se acordará” dice y muchos asienten a los gritos, mientras empieza Espero siempre por vos.
Sin respiro se descuelga con Canción para mi muerte y la platea canturrea moviendo las cabezas, los celulares captan el momento, veo a los músicos más jóvenes sonreír, al sentir esa energía que llega hasta el escenario. Al final, algunos se paran para aplaudir.
Sacando la flauta, nos cuenta cuando formaron PorSuiGieco y su Banda de Avestruces Domadas (un chiste interno sobre la Banda de caballos cansados de León Gieco) para hacer La colina de la vida, que no sólo suena precioso (me imagino en nuestro propio festival hippie, en un florido prado), además nos demuestra que su gran capacidad pulmonar no ha mermado con los años.
Otro tema nuevo, “son sólo dos”. Se ríe, porque la gente le reclama material nuevo, pero luego siempre termina pidiendo lo viejo. ¡Hacé lo que quieras! le gritan desde el público y él asiente, planteando: “podríamos hablar de las redes sociales… en otro momento”. Se trata del sencillo del año pasado Cayendo, con la sugerente frase: “me siento tan vivo cuando estás tan cerca de mí”.
Nuevamente apela a la memoria colectiva: “¿en qué año vine al Franzini, 81? Fue al año de la muerte de Lennon”. La gente le grita fechas hasta que desde atrás mío surge nítida la información definitiva: “once de diciembre”. “No sabés la luna que había”, me comentó esta persona al final, cuando le admiré la precisión en la fecha. Nito nos cuenta que, en ese concierto, él fue el primero en salir al escenario: “Se me pararon los pelos. En esa época no había celulares, estaban todos con los encendedores prendidos. Tenía que empezar yo solito, fue totalmente emocionante, lo tengo registrado como una foto”. Suena Distinto tiempo ante un silencio atronador. Al final quiere hablar, pero espera que termine la ovación. Agradece a su amigo Pablo Lecueder, recordando que gracias a que le gustaron sus canciones y las pasó tanto en la radio, tuvo que venir a Montevideo a grabar con David Lebón. “Esos son los amigos”, y rememora cómo le hizo conocer un hotel en Punta Gorda que le encantaba, y siempre pedía para volver. “Son muchos recuerdos, mejor callate la boca y cantá”, termina entre risas, para hacer Beso en la nariz de Adrián Berra “un gran compositor de canciones”.
Se retiran bajo y batería, Nito vuelve a hacer aparecer su flauta y nos cuenta como “aplicando pensamiento complejo”, tuvo la genial idea de usar su propio número telefónico en el nombre del álbum 20/10, hasta que tuvo que cambiarlo porque no le dejaban en paz los fanáticos. Nos presenta un exquisito Medley compuesto por 3 hits: Instituciones, Alto en la torre y Nena (Eiti Leda).
Es el momento de Confesiones de invierno, terminamos todos cantando el final, mientras Mestre nos dirige desde el borde del escenario. Momento muy conmovedor que maneja pidiéndonos que hagamos palmas para Necesito y luego cambia el ambiente con Mariel y el Capitán, donde todos golpeamos la puerta al unísono. “Es una tríada cantable muy disfrutable”, nos confiesa. La gente le grita ¡Estación! y Mestre se hace el distraído, hablando de las estaciones, entre risas.
Vuelven todos los músicos para hacer una canción que yo no conozco, pero que la veinteañera sentada a mi lado canta emocionada. Mientras la mayoría de la gente corea copada, la banda disfruta también sobre el escenario.
Para presentar el siguiente tema, Mestre nos relata que participó del evento en streaming Olga, para el cumpleaños de Charly, donde eligió hacer Ojos de Video Tape, del álbum Clics Modernos del homenajeado. Luego vuelve a 20/10 para hacer Afuera de la ciudad, mientras retrocede en el escenario para quedar en línea junto a sus músicos.
Suena luego una de la que más esperadas (por mí): Fabricante de mentiras, donde todos coreamos el pegadizo “larala la la la la” que finaliza con una gran demostración de control del tono y la respiración por parte de Nito. A esta altura de la noche, su voz suena muy parecida a mis viejos cassettes.
“Estamos cerquita del final” anuncia, para pasar a agradecer a Ramiro Martínez Panzardi y su productora, a FM Océano y su dueño Pablo Lecueder, al personal de la Sala Zitarrosa, a Lula Isnardi como telonera y da paso “al último tema” así, entre comillas, porque sabe que va a volver para los bises. Un deleite como todo el concierto ha estado signado por el buen humor y la complicidad con el público.
Invita a Jorge Nasser para hacer el Fantasma de Canterville, con una gran introducción musical y muy disfrutada ejecución. Seguidamente se despide sonriendo, y no demora casi nada en volver al escenario, burlándose de las formalidades, de ese acuerdo tácito entre artistas y público.
“Vamos a hacer dos temas más, y hasta el año que viene, cuando quizás venga a presentar Confesiones de invierno. Mil gracias, después de tanto tiempo, es un placer saber que me estaban esperando” nos dice conmovido, para presentar la canción que le hace cumplir 52 años de carrera: Lunes otra vez. Saluda a los músicos, agradece a Charly González en el sonido y a la gente de las luces, nos despedimos con Cuando comenzamos a nacer, y nos deja ir, sintiéndonos rejuvenecidos.
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