![]()
Hola, Florencia. Gracias por recibirnos. Primero que nada, contanos dónde estás y un poco sobre esta experiencia.
Gracias a ustedes por todo el apoyo y el seguimiento. En este momento estoy en París, iniciando un máster de Arte en la École des Arts de la Sorbonne Paris I. Finalicé por segunda vez la residencia en la Cité Internationale des Arts, como continuación del proyecto que inicié aquí en 2023 con el Premio Cézanne.
El año pasado postulé al Salon de Montrouge y fui seleccionada entre más de 2000 candidaturas. Eso me permitió trabajar durante todo 2025 con la curadora Margaux Knight en la obra que presenté aquí y, al mismo tiempo, desarrollar en la Cité una investigación en torno a la Ibicella lutea, conocida como cuerno del diablo, una planta originaria de nuestra región con la que ya venía trabajando en Uruguay y que encontré en el archivo botánico del Jardin des Plantes cuando vine por primera vez.
En relación con esto, en 2025 estuve en São Paulo trabajando con el Museo de la Inmigración y su archivo oral. En esas escuchas me sorprendió mucho la presencia de recuerdos y paisajes de memoria asociados a los olores. Eso me llevó a pensar en el paisaje olfativo y, al mismo tiempo, en una forma de traer un paisaje a Francia a través de una esencia.
Esto tiene también relación con el hecho de que esta planta está prohibida aquí, ya que es considerada una especie plaga, migrante o invasiva. Durante este último año investigué en torno a su olor, su color y su sonido para crear una instalación compuesta por video, telas y perfumes en medio del salón, buscando construir un ambiente propio, envolvente, dentro del espacio expositivo.
![]()
¿Cómo es investigar el olfato? Aunque solemos privilegiar lo visual, el olfato parece tener una conexión directa con la memoria afectiva, ligada a personas, espacios y momentos. ¿Cómo aparece esa relación en tu investigación?
En realidad, para mí fue un descubrimiento durante el proceso. Estaba en ese momento en São Paulo escuchando archivos (entrevistas) de migrantes, lejos de mi taller en Uruguay y del cuerno del diablo, y, a su vez, pensando una obra para Francia, lugar en donde la planta está prohibida.
Empecé a pensar el olfato a partir de las escuchas en el archivo oral del Museo de la Inmigración de São Paulo. Detuve mi atención en cómo muchas personas, al recordar los lugares de origen o los viajes migratorios, mencionaban olores antes que imágenes: el olor de una comida, de la tierra húmeda después de la lluvia, de ciertas plantas o de una casa. Eso me hizo pensar que el olfato funciona como un acceso muy directo a la memoria afectiva.
Me dediqué unas semanas a hacer ejercicios de memoria con el olor; entre ellos, te cuento uno: mi madre llegando a casa de la curtiembre en la que trabajó 30 años y el olor a cuero en el cuerpo, en la piel, en la ropa, en el pelo. Todos los días, durante mi infancia y adolescencia, el olor entraba antes.
A partir de ahí comencé a preguntarme cómo podía traducir algo de ese paisaje sensorial al trabajo. Es muy fuerte. En lugar de pensar solo en la imagen de la planta, me interesó investigar su presencia desde este otro registro. La Ibicella lutea tiene un olor muy particular, bastante fuerte; es protocarnívora, y eso me llevó a pensar en cómo una planta podría activar memorias incluso sin estar físicamente presente.
En ese sentido, el perfume aparece en la instalación como una forma de traer un paisaje a otro lugar, más bien una atmósfera que puede activar recuerdos o asociaciones en quien entra al espacio. Me interesa también esa idea de que el olor se respira y, por eso, involucra el cuerpo de una manera muy inmediata.
Es verdaderamente un canal muy directo hacia recuerdos ligados a un espacio, un tiempo o incluso a una persona.
Es una planta muy antigua, asociada a la dispersión de semillas por la megafauna hoy extinta. Pensar en su olor también es pensar en esa memoria larga del territorio, en algo que viene de muy, muy atrás y que, sin embargo, sigue insistiendo en el presente; eso me encanta. De algún modo, el olor funciona como una especie de rastro, algo “invisible” pero muy potente, capaz de activar imágenes, paisajes o sensaciones.
Cuando empecé a involucrarme con la Ibicella lutea, además, me pasaba que me costaba mucho encontrar la planta. Es una planta rastrera, que tiende a esconderse entre otras. Con el tiempo me di cuenta de que muchas veces era el olor lo que me llevaba, porque era muy fuerte, más bien para alejar que para atraer. De algún modo, ese rastro olfativo terminaba funcionando como una forma antes de la imagen.
![]()
Te leo y hay algo de lo que decís que quisiera traer acá: “Pensar en su olor también es pensar en esa memoria larga del territorio, en algo que viene de muy, muy atrás y que, sin embargo, sigue insistiendo en el presente; eso me encanta.”
Me conecta con algo que siento: ¿cuánto pasado hay en un lugar al que llegamos? En otra parte decís:
“Es una planta muy antigua, asociada a la dispersión de semillas por la megafauna hoy extinta.”
En todo esto percibo una estima hacia aquello que nos antecede, hacia seguir un rastro incluso cuando es invisible. ¿Podrías contarnos un poco más sobre eso?
Es que me parece de observar y pensar con atención.
Lo que me interesa es cómo ciertas cosas persisten más allá de lo visible, activando memorias y afectos. No pienso en el pasado como algo cerrado, sino como un desplazamiento que atraviesa. El olor, en particular, funciona como un gesto activo; no es recuerdo, sino activación que invita a escuchar, respirar y habitar capas que siguen insistiendo en el presente. Así, el trabajo se vuelve un espacio para percibir lo que estuvo y sigue estando, entre lo que se deja ver y lo que permanece oculto.
Dejo acá un texto que me escribió Ce Vignolo para mi libro de artista, Mujer Abrojo, cuando en ese momento no pensaba en el olor para trabajar la memoria:
La tía latía en Florencia Martínez Aysa.
En el espacio calmo que produce el silencio de no hablar cosas
indecibles se produce la creación de estrategias alternativas para
enunciar lo desconocido, y algunas veces, dejar pruebas visibles
para compartirlo. Legibles.
Escuchando el ronroneo de la anomalía correr en las venas de
nuestras manos las vemos entreverar cosas para tratar de entenderlas.
Esta inquietud latente de las personas que sienten con
contenido al vacío, crea.
Florencia Martínez Aysa crea esta inquietante escritura, con
mirada de costado y frontal de artista altanera y rebelde que no
deja de modelar la violencia para hacer con ella cosas mejores.
Ce Vignolo
Minas, viernes 19 de julio de 2024.
En mi trabajo hay una profunda estima por lo que nos antecede: la memoria familiar, los archivos, los rastros no visibles que atraviesan mi historia. Estos elementos están muy presentes en la obra y luego intento abrirlos, amplificarlos, compartirlos, ponerlos en diálogo. Inevitablemente vuelvo a ese lugar íntimo; son ejercicios que hago todo el tiempo y, a menudo, tengo más preguntas que respuestas sobre este proceso, que sigo explorando con atención, deseo y mucho cuidado.
![]()
Tomo algo que decís: “No pienso en el pasado como algo cerrado, sino como un desplazamiento que atraviesa. El olor, en particular, funciona como un gesto activo; no es recuerdo, sino activación…”. Para ir cerrando, me quedo pensando en esta idea.
¿Hay algo que no te haya preguntado y que te parezca importante compartir?
Si tuviera que agregar algo más sobre el momento que atravieso, te diría que estoy intentando sostener el proceso con mucha paciencia. Aprender a no forzar respuestas inmediatas, a convivir con las preguntas y a aceptar que, muchas veces en mis procesos, la investigación avanza en eso que todavía no logro nombrar del todo.
Cada vez que voy a continuar un proceso de obra, siento que la pregunta que la activa me pide una forma particular de acercarme o aproximarme. Eso implica que, con cada proyecto, me posiciono en un rol distinto; la metodología no está definida de antemano, sino que emerge en relación con la pregunta que estoy intentando sostener.
A ver si puedo explicarlo: me interesa pensar cada obra como un sistema propio, con sus tiempos, sus reglas y sus formas. En ese sentido, mi práctica artística también consiste en aprender qué posición necesito habitar para acercarme a aquello que todavía no comprendo del todo.
Hoy estoy pensando en la relación entre mi metodología de investigación y el proceso de creación de un olor, de un perfume. Durante este último tiempo empecé a pensar que mi práctica se parece bastante a ese proceso. En este momento, diría que estoy en una fase de decantación.
Me estoy acomodando internamente. Más que buscar respuestas rápidas, intento respetar ese tiempo del proceso. Hay elementos que aparecen de inmediato y otros que permanecen ahí, casi invisibles, pero creo que son los que sostienen la experiencia en profundidad.
Quizás eso sea algo importante para compartir sobre mi trabajo actual.
Hoy siento que mi obra está funcionando también para mí, en este proceso de adaptación, en esta performance cotidiana; estoy reactivando conscientemente estrategias y atributos que he aprendido de aquello que investigo y que tanto me interesa en las plantas, en un juego de cartas, en un olor.
Mientras decanto un líquido, similar a un perfume, como una nueva capa de la obra, también me encuentro decantando mis propias formas de habitar este lugar.
Gracias por este intercambio tan cálido, que me acompaña desde que llegué a París. Sin dudas, retomaré estas preguntas como ejercicio dentro de unos meses.
Abrazo,
Flor
![]()
Créditos: Fotografías de Agustina San Martín
BIOGRAFÍA – Florencia Martínez Aysa
Artista visual y docente, uruguaya nacida en Florida, vive actualmente en París, donde cursa el Máster en Arts Plastiques en la École des Arts Université Paris 1 Panthéon-Sorbonne.
Fue parte del 52.º Premio Montevideo SUBTE Uruguay 2026. Participó recientemente en el 69.º Salon de Montrouge en 2026, en Francia, exponiendo en Beffroi de Montrouge con la curaduría de Margaux Knight. Realizó, por segunda vez, residencia en Cité Internationale des Arts, presentando su open studio Cité Internationale des Arts, curada por Sciences Po Saint-Germain-en-Laye. Realizó residencia en Pivô Arte e Pesquisa, en San Pablo, Brasil, como parte del programa/beca FAARA Conecta 25’ de la Fundación Ama Amoedo.
Participa de la exposición colectiva Paisajes: Evocación y realidad — Colección MNAV Museo Nacional de Artes Visuales Uruguay.
Egresada del IPA Comunicación Visual, cursó Artes Plásticas y Visuales en la Facultad de Artes (UDELAR) y en 2022 finalizó el Posgrado en Arte, Comunicación y Memoria (FLACSO, Argentina). Ese mismo año obtuvo el Primer Premio Paul Cézanne, que se exhibió en el SUBTE de Montevideo y en el MACA de Manantiales. También recibió el Fondo Regional para Cultura, el Fondo de Apoyo al Arte en el Interior; obtuvo la ventanilla — fondo a la internacionalización de proyectos de artes visuales y la beca Víctor Haedo por el MEC.
En 2025 integró el jurado de los Fondos Regionales del MEC y presentó una exposición individual en la Alianza Francesa de Montevideo, con curaduría de Ce Vignolo. Este mismo año realizó una residencia en Casa Snowapple (México) gracias a la beca Wilderness.
Fue además cofundadora del colectivo feminista La Truca, premiado por el programa Fortalecidas de la Intendencia de Montevideo.
Durante 2023 realizó residencia en la Cité Internationale des Arts (París), expuso en la Embajada de Uruguay en Francia y trabajó en Jabutipê (Porto Alegre), donde desarrolló litografías en el Museu do Trabalho. Ese mismo año recibió el encargo de la obra del Premio Nacional de Ordenamiento Territorial y Urbanismo.
Fue seleccionada para el 59.º Premio Nacional de Artes Visuales “Margaret Whyte” (2020) y el 61.º Premio Nacional de Artes Visuales “Clever Lara” (2024), Fue jurado del Premio Paul Cézanne (2024), mismo año en que realizó una muestra individual en el IILA — Instituto Italo-Latinoamericano (Roma), donde presentó su libro de artista “Mujer Abrojo”. Ese año participó también en TREPIDA (CCE, Montevideo) y en la residencia AADK (Murcia, España), donde desarrolló una investigación sobre botánica y feminismo con el apoyo de la beca FEFCA.
Expone de forma colectiva e individual desde 2012, tanto en Uruguay como en el exterior. Su obra forma parte de colecciones públicas y privadas.
Podés seguir la obra de Florencia Martínez en: @martinezaysaflorencia