Ghierra Intendente - CME–Subte - Mayo 2010 © Federico Meneses www.cooltivarte.com

Ni “buenismo” ni “malismo”

Ignoro si en América Latina es común hablar de “buenismo”, término que la RAE define como “actitud de quien ante los conflictos rebaja su gravedad, cede con benevolencia o actúa con excesiva tolerancia”. Esta columna reflexiona sobre este concepto y su peligro cuando aplicado a personas que han delinquido o cometido actos de violencia y provocado el terror en la ciudadanía. Conozco por lo menos un país de la región en que de modo simulado primero, pero abiertamente después, ciertos personajes públicos con responsabilidades legislativas mandatadas por la Constitución, y otros que sin ser legisladores tienen un reconocimiento social por sus dichos y apariciones permanentes en los medios y los cargos que ocupan tanto en la vida pública como privada, han expresado en reiteradas oportunidades su “buenismo”, pidiendo el perdón para quienes han delinquido llamándolos con el conveniente y eufemístico nombre de “presos políticos”.

Sin ser del lado del “malismo”, término no recogido por la Academia, pero que se me ocurre en función del “buenismo”, porque los actos delictivos, vandálicos y terroristas no deben, a mi juicio, ser comprendidos ni bajo uno ni bajo otro concepto, sino analizados y juzgados de acuerdo con la legislación vigente en cada nación, encuentro de extrema gravedad que autoridades competentes mandatadas por la ley para hacer cumplir la ley, manifiesten apoyo irrestricto a estos grupos delictivos, extremistas y anárquicos, tal como lo han hecho senadores chilenos encabezados por su presidenta Adriana Muñoz, presentando un proyecto de ley para indultar a delincuentes que están en prisión por mandato de la ley. El “buenismo” deja la sociedad a merced de estos grupos violentistas, anárquicos, que atropellan las normas jurídicas y atemorizan a la ciudadanía que no comparte ni sus actos ni sus ideologías extremistas.

La probidad debiera ser el fundamento de los personajes públicos y no el “buenismo” que nada más es una mala señal de populismo recalcitrante. La probidad tiene que ver con la honradez. La honradez política en este caso que obliga a los legisladores a situarse dentro de la ley y no al margen de ella. Obliga también a los no legisladores y a la sociedad como eje vital del desarrollo de una nación. Pero hay otra forma de “buenismo” que nada tiene que ver con el descrito, porque este ampara otro tipo de delincuente: aquellos llamados de “cuello y corbata”, cuyas figuras sobresalientes son los grandes empresarios que de manera individual o coludidos, expolian al ciudadano común y corriente, los políticos que utilizan sus cargos públicos y el fuero parlamentario para enriquecerse latrocinando el erario nacional y altos representantes de los otros poderes del Estado. Estos son tan peligrosos como los de la calle, pues corrompen el país y destruyen su decencia, protegidos por el poder del dinero. Estos políticos degeneran el ejercicio democrático para el cual fueron electos por el pueblo. Brasil y Argentina son muy buenos ejemplos de este tipo de delincuentes, aunque en realidad abundan en toda América Latina.

Hacer del “buenismo” la práctica del perdón de todo tipo de delincuente es transformar el país en una fábrica de explosiones sociales que fatalmente lo conducirán a la anarquía, porque se resquebraja el modelo democrático y sus instituciones dejan de funcionar o funcionan de acuerdo con las leyes de la indecencia.

No al “buenismo”. En una democracia sana las instituciones funcionan con decencia, apegadas a la ley, y son estas instituciones las que deben velar por la salud democrática y la tranquilidad ciudadana impartiendo la debida justicia. Claro, en una democracia sana.

Solo espero que América Latina no sea dominada por el “buenismo”.

Me parece.

 

 

 

Imagen portada – Archivo: Exposición Ghierra Intendente – Centro de Exposiciones – Subte – Mayo 2010 © Federico Meneses 

 

 

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Alejandro Carreño

Alejandro Carreño

Profesor de Castellano, Magíster en Comunicación y Semiótica y Doctor en Comunicación. Académico en Brasil y en su Chile natal. Columnista y ensayista. Lleva adelante en Youtube su canal “De Carreño a los libros”, donde aborda temas de Literatura, Educación y Cultura.