
La celebración y la banalidad
Las excusas de un mundo desquiciado
La escritura es también un río de heridas. Un mar salpicado de desechos y desechos. Una cartografía de verdades y mentiras, de crónicas y narrativas ficcionadas. La voz es también una autopista de heridas, mentiras, estupideces y manipulaciones como las que escuchas un día sí y otro también en boca de Donald Trump y sus adeptos abyectos. “Hemos ganado la guerra” y se ufana de ello, pero el Estrecho de Ormuz sigue en manos del Estado Iraní y las reuniones de este fin de semana en Pakistán para llegar a un acuerdo han terminado en nada.
He leído artículos sobre donde descansan las bases de la doctrina trumpistas, y de sus diferentes vertientes. Una orquestada partitura en consonancia, con las estrategias de las derechas europeas y latinoamericanas. No debería asombrarme ante las ineptitudes de la izquierda, de esas mal llamadas “fuerzas progresistas”, conservadora afincadas a la mítica de la revolución cubana, al “Che” y a sus diferentes mártires y santuarios. Que el comunismo latinoamericano aún esgrima las llamadas a “la revolución”, no hace más que sintetizar el atraso intelectual en el que han quedado varado, supeditado a una melancólica visión de los paradigmas pasados.
Debemos el aumento del fascismo a las ineptitudes de los políticos de izquierda, a sus intelectuales cómplices, a los burócratas partidarios, siempre predispuestos a la corrupción o a la persecución de un puesto de trabajo, para uno o algún familiar. Algo ha pasado tras la caída de la Unión Soviética, de la reunificación europea y de la ampliación del Espacio Shengen de libre circulación de personas en sus territorios. Algo ha pasado tras le llegada del chavismo y la corrupción del gobierno kirchnerista, del asesinato del Fiscal Alberto Nisman cuando se prestaba a declarar contra la entonces presidenta Cristina Fernández de Kirchner, de la caída de la presidenta brasileña Dilma Rousseff, destituida por un impeachment en 2016, el posterior ascenso de Bolsonaro, la prisión del actual presidente Lula, la caída de Boric en Chile por un político afín a los dictámenes pinochetistas, el auge de la derecha en Perú…el narcotráfico que se mueve como un estado paralelo, la desazón y la domesticación ya no mediática, sino tecnológica. Pasamos de tener generaciones 2.0 a millennians y de estos a la Generación Alfa.
De empoderamientos de géneros, denuncias, reclamos, insatisfacciones, juicios, el despertar del movimiento woke y la determinación #MeToo, hasta desembocar en la doctrina MAGA. Los asesinatos de Hamás en el Kibutz Beeri, y el posterior genocidio cometido por las fuerzas israelitas sobre la ciudad y población de Gaza, el bombardeo inusitado de estas y de las fuerzas aéreas estadounidenses sobre Irán, la ofensiva judía sobre el Líbano donde (al igual que Gaza o Ucrania bajo el acecho de las tropas rusas de Putin) la mayoría de las víctimas son civiles o infraestructuras del estado para el bienestar de sus ciudadanos.
Celebramos la partida del Artemis II y el regreso de sus tripulantes tras rodear el lado oscuro de la luna, cosa que para quién vivimos el proyecto Géminis, o las hazañas del proyecto Apolo y el descenso de Armstrong, leíamos a Bradbury o Asimov, nos llega un poco tarde. Se gasta mucho más dinero en armamento, que lo que cuesta construir el Space Launch System (SLS) nombre del cohete del Artemis II. Según Infobae, el proyecto del programa Artemis (SLS/Orión) asume “una inversión de unos $93.000 millones hasta 2025, el gasto militar global anual supera el billón de dólares, evidenciando una diferencia inmensa entre ambos sectores”.
Trump ha recortado los recursos a la NASA, y sólo impulsa el proyecto Artemis para colonizar la luna, y dar un salto hacia la llegada a Marte. Pronto celebraremos la realización del próximo mundial de fútbol, el próximo concierto de Shakira, el K-pop de los BTS, Taylor Swift o quizás la próxima gira de Bruce Springsteen, aunque esta se encuentre en las antípodas de las otras. Pero las generaciones van al paso de los acontecimientos que finalmente las marcan y las definen. Vivimos entre múltiples realidades, unos afincados a unas tendencias, otros a sus miserias. Unos buscan los restos de sus utopías y otros en busca de las iglesias o los credos que los rediman de sus pecados, tragedias o debilidades. La historia de la humanidad ha sido no sólo la de los grandes o pequeños progresos y descubrimientos, sino también la de la destrucción de unas civilizaciones por otras.
Estamos cruzando las fronteras del espacio, a la vez que aquí cruzamos nuestras propias fronteras, sin respetar los derechos de los otros y las libertades. Una civilización que debe soportar las estupideces ilimitadas de un Donald Trump que parece seguir corriendo detrás de su propia zanahoria. Una que le ha puesto Netanyahu. Hoy es Medio Oriente quién sufre estas consecuencias, aunque repercute en el bolsillo de todos y en la mirada crítica que uno puede tener (o no) ante las actitudes políticas, las teorías filosóficas y también artísticas. Cuando parece que la actividad intelectual se ha ido diluyendo, o ha quedado arrinconada ante una multitud mayormente desinformada, vulgar e ignorante. Presa del entretenimiento, de la incomunicación de su propia contrariedad.
La escritura es también un río que así como fluye, también es manipulado y bastardeado. Basta ver el uso que la Generación Alfa hace de la lengua, donde las palabras son entrecortadas por la prontitud y la ansiedad, y se convierten prácticamente en ornamentos simbólicos. En un signo visual o es sustituido por un sticker visual. A nivel global se lee menos, se escribe menos porque hay una aceleración transcultural que impulsa a ciertos sectores de la población mundial, a correr tras los cánones por ejemplo de la IA, que es también otra forma de consumo. Pero todo depende desde que perspectivas lo mires, lo sufras y lo vivas.
De qué lado de la vida te ha tocado (o has pretendido) estar. A mediados de los 80 los Redondos cantaban “el futuro llegó hace rato, todo un palo ya lo ves”, con la perspectiva temporal, el futuro nos había alcanzado y dejado atrás hacía ya muchos años. Éramos vísceras desparramadas tratando de compaginar un puzle imposible. Algunos con mayor suerte, pudimos rescatar algo de ese tiempo que nos habían secuestrado, otros no y proyectaron una narrativa y una sociedad tan compleja como enfermiza. Hoy celebramos el vuelo espacial, y más de la mitad del mundo vive bajo la línea de la pobreza, el planeta puede parecer hermoso desde el vacío exterior, así como la luna puede serlo para un cuidacoches una noche de plenilunio. Entonces la escritura vuelve a ser un río de heridas y de historias destronadas, la poesía un refugio alegórico, pero también un arma (aquello de Celaya “la poesía es una arma cargada de futuro”), sin tanta euforia, me vuelco a ese río para que entre otros, impedir que de su cauce se adueñe las asquerosas babas de un egocéntrico compulsivo, un enfermo que alguien liberó del más peligroso de los hospicios.
Entre tantos ejemplos (Isaac Rabin por ejemplo), es curioso que Abraham Lincoln y John Fitzgerald Kennedy murieran a causa de atentados, y que Hitler y Trump (también entre otros) sobrevivieron a ellos. Es como si cada tanto, un manto de oscuridad se vuelca sobre nosotros, aunque desde el espacio, nuestro planeta parezca ser un mundo auspicioso y luminoso, entre la ingravidez de la inocencia.













































