
Hay intelectuales que dominan la escena pública siendo íconos de su propia época. No sólo trascienden por sus ideas sino también por su activismo. En una era con ausencia de referentes, al menos como en otros tiempos, hacer historia no es algo menor.
Gianni Vattimo falleció el último 19 de septiembre 2023 en Turín, la ciudad que lo había visto nacer en 1936. Con 87 años de edad, ya no caminaba, se trasladaba con silla de ruedas y solía quedarse dormido. Ese contraste que se produce entre la vitalidad de un libre pensador lúcido y sensible a las causas sociales, con el retrato de sus últimos días, no deja de resultar paradójico.
Definido como católico y declarado homosexual, Vattimo se posicionó ideológicamente en una suerte de catolicismo de izquierda. Entre otros asuntos, cobró notoriedad en el tramo final de su vida por defender los valores de la comunidad LGBTQI+.
Habiendo estudiado en Alemania, se familiarizó con las obras de filósofos como Friedrich Nietzsche (1844-1900) y Martin Heidegger (1889-1976), además de haer sido discípulo de Hans-Georg Gadamer (1900-2002). Siguiendo a ellos construyó su propia versión de la hermenéutica, una corriente de ideas que se emparenta con la interpretación.
Para Vattimo, el mundo contemporáneo asiste al fin de la historia. Caracteriza a la época como posmodernidad, un tiempo en que trascurren determinadas fragmentaciones que, no obstante, lejos están de causarle pesimismo.
Esa tendencia al ocaso guarda analogías con la muerte de Dios postulada por Nietzsche, lo cual no está vinculado a un ateísmo sino que implica hablar de la pérdida de aquellos fundamentos que han sido pilares de la cultura occidental, como por ejemplo la caída de ídolos como la verdad, concebida en términos únicos y absolutos. Ante esta nueva realidad, cada sujeto concibe sus verdades, sin un ente que rija sobre ellas.
A diferencia de exponente de la Escuela de Frankfurt como Theodor Adorno o el mencionado Heidegger, Vattimo ve en la fragmentación de la posmodernidad posibles oportunidades. No cuestiona a la técnica que aquéllos habían limitado a un motor que cosifica, sino que por el contrario asume la chance de enriquecer los discursos a través de los medios masivos de comunicación, que ponen en el debate asuntos que al menos hasta finales del siglo XX caían bajo la hegemonía de los sectores de poder. En ese sentido, la fragmentación de la realidad habilita nuevos canales de participación.
En sus planteos a favor de la hermenéutica, Vattimo sostiene que se asista a un período en el cual ya no es necesario comprobar la realidad de las cosas, sino que basta con cotejarlas mediante la radio, la televisión, los periódicos o los testimonios.
Este destacado autor italiano nunca vaticina el fin de la filosofía, sino que le exige que se involucre con perspectiva hermenéutica, esto es, visibilizando los conflictos de interpretaciones. De allí que postule su teoría del pensamiento débil, esto es, emparentado con el nihilismo, entendido como la caída de los valores supremos y el ocaso del ser. Por lo tanto, ya no es posible pensar en evolución o progreso, todo queda circunscripto a distintas pujas entre interpretaciones.
De todos modos, la teoría de la hermenéutica que propone Vattimo no busca que la filosofía quede alojada en la abstracción o la metafísica, sino que pretende para ella una praxis con efectos reales, que intervenga en las discusiones de la sociedad y busque instancias de transformación superadores, en un contexto de política democrática con efectos emancipadores.
Ante la caída de la Verdad como razón superior, el filósofo se encarga de oponer la emergencia de verdades. Así surge simbólicamente lo que hubo de llamar pensamiento débil, aspecto en el que convergen los conflictos interpretativos.
Entre sus textos más influyentes se encuentran El pensamiento débil (1983), El fin de la modernidad (1985), La sociedad transparente (1989), Más allá de la interpretación (1995) y Creer que se cree (1996).
Con Vattimo se va un filósofo que le aportó a la disciplina la importancia de salir de su nicho para tener presencia en los debates más polémicos y actuales. Además, dedicó sus estudios a comprender un mundo tan complejo y en permanente cambio. Su labor, desde ya, no ha pasado desapercibida.















































