
“Esta tía esta tuvo las narices de llamarme “machirulo”; que así le dicen en el Plata a los tíos poco sensibles.
Y a mí no se me ocurrió mejor idea que responderle: “y tú a mí que me cuentas… tú, que eres fanática del Sabina ese”, le dije.
Pós que se me armó un cisco del que todavía dudo haber salido vivo”.
Juan Jaravaca – “La artiguense”
No se puede escribir sobre Joaquín Sabina estando sobrio ni siendo todavía de día. Ambos estados pertenecen a otro mundo. Al de las tediosas y fatigantes horas del trabajo; a la rutina devoradora de días. Por eso elegí escribir esto de noche, no sin antes pasar por el agradable trámite de escanciar dos copas de vino tinto, suficientes para ponerme a tono sin desafinar demasiado. Las copas de cristal cantan si uno pasa un dedo húmedo sobre el canto de sus bocas, por cierto. Como algunas mujeres.
Otra cosa es el encabezamiento: no lo escribí yo, sino el malogrado Jaravaca. Es el fragmento de una de las pocas novelas, que yo sepa es la única, dedicada al lento y doloroso, supongo, deshoje de una relación fracasada entre un español ya mayorcito y una estudiante de literatura del IPA. La novela me la pasó el propio Jaravaca y es inédita, pero menciona un hecho que el sábado en el Centenario brotó con fuerza del arcón de mis recuerdos: Sabina puede referirse a las mujeres en general mediante una enumeración meramente física, como la realizada al leer un poema, sin por eso ser tachado de machirulo, cosificador o cualquier de los motes actualizados según una rígida y cada vez más omnipresente agenda, dictada por no se sabe quién, aunque sospecho patrocinada por una clínica de fecundación in vitro.
Hay algo carnal entre el público, mayoritariamente, y el cantautor andaluz, natural de Úbeda. Así lo demuestran los avances imposibles de las tribunas (“te amo”, “llévame contigo”, etc.) tanto como los lances caballerescos (“machirulientos”, según la taxonomía vigente, “de bandido”, diría mi vieja) que Sabina avanza desde las letras y en los diálogos entre canción y canción.
Es lo que tienen los shows de solistas: todo descansa en el personaje creado a lo largo de su carrera por el mismo. Aunque el artista pase la mayor parte de su espectáculo sentado, beba agua en lugar de alcohol y su voz no llegue ni por asomo a la de las grabaciones que lo hicieron famoso. El personaje en este caso se define como un “viejo verde”, al que le duele más lo de viejo que lo verde, y le hace el amor a una Olímpica absolutamente colmada, excitada, cachonda.
Hay también una diferencia de edad, salvada por el cariño, entre la mayoría de las mujeres presentes y Sabina, una no explicada por la distancia generacional pues de ser así las espectadoras serían apenas más jóvenes que las de Serrat, el punto de referencia ineludible. Como en la nouvelle de Jaravaca; aunque en ella los desaguisados que la misma provoca culminan en una condena, al parecer eterna, del protagonista masculino (quizás por aquello de “no hay peor nostalgia que añorar lo que nunca sucedió”, perteneciente a “Con la frente marchita”, cantada el sábado).
Sabina en cambio sale vencedor y se libera de esa maldición gracias a su arte. Hace el amor a la audiencia aunque su clímax no sea una “muerte bella” -no sea orgásmica-, sino melancólica. De un lado él con sus nanas, su fama y su edad; acá las damas con la nostalgia trasplantada, con los amores imposibles y las penas que los romances incluyen como un pétalo más. La rosa no es tal sin espinas, aunque las cuentas del super y las decepciones apenas figuren como galardones en la épica romántica.

“Contra todo pronóstico” se llama la canción que suena antes de que Sabina salga al escenario. También es el nombre de su gira, la última quizás, que cierra su parte latinoamericana acá en Montevideo. Este 1º de abril el andaluz está acompañado por una banda que suena no solo profesional, detalle descontado en producciones de este nivel, sino también sincera. Es decir: la primera parte del show casi por completo transcurre dentro de armonías rockeras. Rock de baja intensidad, claro, que pecaría de desubicado quien le pidiera una balada metalera a Sabina.
Pero cuando el cancionero vira, luego de la primera salida de Sabina del escenario, hacia otros sonidos más hispanos, el grupo comandado por el tecladista y guitarrista Antonio García de Diego (quien además es coautor e intérprete de “La canción más hermosa del mundo”, “Con la frente marchita”, entre muchas), la banda no cede un ápice de credibilidad. En ese tramo se disfruta la increíble performance vocal de Mara Barros en “Yo quiero ser una chica Almodóvar”; luego el dúo junto a Sabina de “Una canción para Magdalena” y, sobre todo, la impresionante muestra de españolismo (Sabina lo advierte antes) “les voy a mostrar cómo suena una canción española”) de la andaluza, natural de Huelva, al cantar “Y sin embargo te quiero”.
Todo el setlist ha sido ordenado de una tal forma, son años sobre las tablas, que se llega a la primera despedida -esa en la que nadie cree y que precede a los bises-, con “Princesa” y el estadio encendido rocanroleando. El regreso es con “El caso de la rubia platino”, en esta oportunidad en la voz del guitarrista Jaime Asúa. Luego una tripleta final: Contigo/Noches de boda-Y nos dieron las diez/Pastillas para no soñar antes de que se prendan las luces del estadio al completo. Ahora sí, la fiesta ha concluido. La banda y Sabina volverán a Europa antes de empezar los shows pactados en ese continente pero acá, en esta ciudad a la que el andaluz prometió el sábado una canción; en la capital oriental del Plata que Sabina ya conocía antes de tocar por primera vez (Zitarrosa, Onetti, Benedetti, Galeano y, claro, Jorge Drexler entre otros), lo del sábado tuvo aroma a despedida. El cantautor tiene 74 años “muy mal llevados” -según cuenta orgulloso- y, aunque el futuro no está escrito, esta sea tal vez la última vez que pisa los escenarios uruguayos.
Aunque, claro, nunca se sabe. Por algo la gira se llama “Contra todo pronóstico”.
Al salir, me crucé con un puesto de esos que venden remeras con la imagen –pretendidamente- oficial de esta gira. La vendedora estimulaba a los posibles compradores emitiendo los mp3 de las canciones que habían sonado un rato antes dentro del Centenario. La inmediatez temporal forzaba la comparación. La voz de las versiones originales era tersa comparada con la del escenario, entera, pulida. Pero claro, Sabina no precisa melismas. De hecho su voz, ese canto cicatrizado, torna más creíbles los fracasos victoriosos y esas costosas victorias que sus historias cuentan.
En cuanto a la historia del alter-ego de Jaravaca y la muchacha del IPA, bautizada Victoria por alguna precisa y desconocida razón del autor, recuerdo que finalizaba en obsesión. Si a Álvaro, el seudónimo de Jaravaca, le hubieran preguntado, seguro hubiera dicho que olvidar a Victoria le llevó “19 días y 500 noches”.
Lista de temas:
Cuando era más joven
Sintiéndolo mucho
Lo niego todo
Mentiras piadosas
Lágrimas de mármol
Con la frente marchita
Por el bulevar de los sueños rotos
Llueve sobre mojado
Yo quiero ser una chica Almodóvar
La canción más hermosa del mundo
Tan joven y tan viejo
A la orilla de la chimenea
Una canción para la Magdalena
19 días y 500 noches
Peces de ciudad
Y sin embargo te quiero / Y sin embargo
Princesa
Primer bis:
El caso de la rubia platino
Contigo
Noches de boda / Y nos dieron las diez
Pastillas para no soñar
La canción de los buenos borrachos
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