
Fernando Samalea, músico, baterista, compositor, bandoneonista, escritor, amante de la fotografía, motociclista de esos que cuando la ruta llama su sangre fluye enérgica, incontenible. Icónico baterista de Charly García, indiscutiblemente dentro del top cuatro junto a Oscar Moro. Willy Iturri y Juan Rodríguez. Ganador de un premio Gardel por su álbum ‘Primicia‘ del 2010 y en el año 2023 fue declarado ‘Personalidad destacada de la Cultura de Buenos Aires’.
Samalea, desde el 2015, vine escribiendo libros autobiográficos donde recorre toda su experiencia musical y de vida. Estos libros publicados por Sudamericana comienzan con: ‘Qué es un Long Play’, ‘Mientras otros duermen‘ (2017), ‘Nunca es demasiado‘ (2019). El final del 2025 lo encontró presentando su última publicación ‘Viviendo el futuro‘. En total casi dos mil cuatrocientas páginas en las cuales Fernando demuestra su sensibilidad, compromiso y amor por las artes y la amistad.
Libros y una vida que atraviesa, desde el escenario y en primera línea, décadas de la música argentina e internacional: García, Cerati, Fabi, Melingo, Illya Kuryaki, Benjamín Biolay, Calle 13, Sabina, Draco Rosa, Alex Anwandter, Phil Manzanera, La portuaria, Ilda, Gabriela Epumer (A), Bianca Casady, Viejas Locas, Joaco Burgos, Yoshitake EXPE, Michelle Bliman, Hipnótica… y un larguísimo etc.
En este último libro Fernando nos regala momentos mágicos, movilizadores: la despedida a su madre en una noche lluviosa en el parque Chacabuco amparado por luces de mercurio, los festejos de los 70 años de García, la sorpresa del amor (Michelle my belle…) luego de una zapada con el propio ‘Héroe nacional’ como él lo define.
Mucha data, mucho link a artistas, películas, lugares y anécdotas. Imperdible.
Cooltivarte: ¿Cuándo, o cuál, fue el disparador que te movilizó a escribir estos libros (que, los amantes de la música, agradeceremos infinitamente)?
Fernando: Diría que el amor a la vida, aunque suene cursi. Me empujó el valorar todo lo que fue sucediendo y recibirlo con gratitud, siendo consciente de mis privilegios al disfrutar y seguir disfrutando tantas aventuras musicales por el mundo.
C: Sorprende en la lectura de cada libro los detalles, la descripción de los lugares, de los momentos, los nombres, las personas y sus historias que, sutilmente, nos van atrapando. Tu manera de contar y compartir con los lectores, es una gran road movie beatnik…
F: Y, sabemos que la mente es mecánica. ¡Lo decía hasta Krishnamurti! Basta estimularla para que “bajen” un montón de recuerdos, como placas de pensamientos. Es asombroso. Para darme manija, regresé a los lugares, a varios estudios de grabación icónicos, escuché los discos y vi muchos videos en DVD o por Internet. Reconstruir todo eso en palabras fue como vivirlo de nuevo. Desde los recovecos de la mente, aparecieron conversaciones precisas, miradas, sensaciones y demás. Mientras escribía, intenté que los relatos fuesen bien cinematográficos y entretenidos, que mostrasen detalles, formas de hablar de cada momento, estéticas, modas o tendencias tecnológicas. Traté de mantener cierto contexto histórico, pero escapándole a lo pareciese solemne. El humor ante todo.
C: Otra de las cosas que deja el recorrido por los libros es tu compromiso con la música, con el arte, con la amistad. Hay mucha data, mucha posibilidad de búsqueda y descubrimiento ¿Es la certeza de vivir cada momento con la convicción de que compartir es el camino?
F: Me gusta priorizar lo que haga de esta vida algo más lindo. Por suerte está la música, que no se ve pero nos moviliza como nada, o el cine, con su magia de hora y media en una platea. También destaco los actos nobles, que se llevan todos los premios. Nada como las proezas, los actos heroicos de algunos seres elegidos o las personas generosas. Supongo que el eje de mis impulsos está basado en el entusiasmo, intentando mantener la ilusión y aprendiendo algo nuevo en cada pasito, ya que estamos.
C: El 2025 terminó con la salida del libro. Los primeros meses del 2026 te encontró en la etapa de difundirlo. En la parte musical ¿Qué es lo que se viene para este año que arranca?
F: Ando en infinidad de proyectos, todos mezclados entre sí, como sabrás: en primer lugar el de Michelle Bliman, una compositora y ejecutante de guitarra y saxo magnífica, con sus canciones neo-soul de aires pop como estandarte. La admiro muchísimo y solemos disfrutar de nuestras incursiones neoyorquinas o por el Viejo Continente. Ahora lanzará un nuevo disco -bajo producción de Fran Cirimele-, con participaciones de Iñaki Colombo, Javier Malosetti, Malvina Borges, Andrés Rot, un servidor, Julia Agra y el cantante Goyo Degano, con quien hace un dueto genial en “Si me ves”.
También puedo tocar con La Portuaria, el grupo de rock sinfónico Trigémino, Beats Modernos -versiones bailables del repertorio García-, los norteamericanos de Electric Gauchos y Joaco Burgos, un joven de 21 con herencia rocknacionalera, que tiene un bagaje académico impresionante. Acabamos de grabar su tercer álbum “Desde lo profundo”, que se las trae. La paso de maravillas girando con su banda. Además, esporádicamente, puedo compartir cosas con Bandalos Chinos, Dani Melingo, y grabo o acompaño en vivo al francés Benjamin Biolay. Su proyecto me encanta y acaba de editar “Le disque bleu”.
Entre todo ese menjunje, les doy un buen lugar al “ocio creativo” y a la vagancia saludable, como tomar cafecitos, salidas al cine, al teatro, donde sea. Así como los viajes experimentales en mi motocicleta “La Idílica”. De forma ad honorem, organizo cada tanto esas “Charlas Informales”, que básicamente son encuentros con chicos y chicas de otros lugares, para conversar en ronda. La premisa es que sean gratuitas y trasladarme a la manera de un carromato circense, por qué no.

C: Para cerrar esta primera parte, además de lo que se puede leer en tus libros, ¿cuál es tu vínculo con la música y los músicos de este lado del plata?
F: Mi amor montevideano viene de larga data. Desde la adolescencia, digamos, cuando tuve la oportunidad de ir en varias ocasiones como baterista en la boite del “Ciudad de Mar del Plata II”, un barco que hacía el recorrido nocturno Buenos Aires-Montevideo a través del Río de la Plata. En general, iban personajes bastante dudosos, eh. Así me pasaba un par de días allá, hasta el regreso porteño. Mi camarote del buque amarrado en el puerto era el centro de operaciones y salía a caminar por la Ciudad Vieja, que en esa época era super marginal, aunque fascinante, plagada de night-clubs turbios, prostíbulos, marineros de países lejanos e infinidad de buscavidas. Siendo yo aún menor, de apenas 17, era como entrar en un film de Fassbinder.
Recuerdo transitar con ojos asombrados la Avenida 18 de Julio. Compré en una disquería “Magic Time” de Opa, que aún conservo como un tesoro. Para ponerme a todo con el aura charrúa, escuchaba en el Walkman “Mateo y Trasante” o “Radeces” de Rubén Rada, yendo sin rumbo fijo por la Plaza Independencia, Pocitos, la feria de Tristán Narvaja o el Parque Rodó. Me metía en cafés como el Sorocabana o el Bar Asturias, con algún libro de Galeano, Onetti y el de fotos y poemas de Idea Vilariño, que no lo largaba por nada.
Con los años volví muchas veces a Montevideo. Es el único lugar del mundo al cual he ido solo y sin conocer a nadie, simplemente por el placer de recorrer sus calles, atraído por lo metafísico de subir al Buquebus y hacer esas escapadas de dos o tres días, casi mitológicas, alojándome en lugares rarísimos.

Fotografía: Ada Moreno.
También fui parte de conciertos inolvidables, como cuando presentamos “Parte de la religión” con Charly en el Palacio Peñarol, o el de Joaquín Sabina en el Velódromo, el de Gustavo Cerati en un teatro de la Plaza Cagancha o la noche de los Illa Kuryaki & The Valderrama en el Teatro de Verano, que fue un ambientazo total. Y hasta me di el gusto de presentar mis discos de bandoneón en la Sala Zitarrosa.
Pero mi ligazón sentimental con Uruguay siempre trascendió fronteras. Cuando me instalé en Madrid, a principios de este siglo XXI, compartimos un apartamento de Malasaña con el tecladista uruguayo Luciano Supervielle. Juntos acompañamos a Jorge Drexler, en alguna girita española por Cataluña y el País Vasco, así como en el concierto en la Plaza Mayor madrileña. Nos hicimos muy amigos con él y Jorge. Tenían un grupazo, bien afianzado, con los hermanos San Martín en bajo y batería, al sumarme a su banda durante un tiempo como percusionista y bandoneonista.
En París conocí a Pájaro Canzani, otro amigazo. Gran exponente de la Banda Oriental, Canzani viene del tropicalismo y el hippismo sudamericano, post El Kinto, Tótem, Mateo o Psiglo. Escribió “Todos goleando” para la Copa América 1995 y, como productor, hasta me hizo grabar con Lágrima Ríos en su estudio de Montparnasse, e incluso tocar con el franco-camerunés Patrick Bebey u otros uruguayos geniales como el Nego Haedo, Nacho Mateu y Gustavo Montemurro. Hace poco pasamos un verano en Francia con Michelle y pudimos grabar con él en su nuevo estudio de Fontainebleau.
De mis últimas incursiones montevideanas, se me vienen a la cabeza las charlas con Rafael Atijas, el creador de las Loog Guitars, o con el omnipresente Dinamita Pereda, un guitarrista maravilloso. También los paseos con Maria Eugenia Vazquez -la sobrina de Pájaro, encantadora y auténtica “It Girl” de Plaza Zabala-, o cuando íbamos por la Rambla, el Teatro Solís, el ex Victoria Plaza o el Estudio Sondor con mi amigo Angel Atienza, un tipazo, que fundó el sello musical Perro Andaluz a puro idealismo. Y a partir de ahora podré conocerte a vos, ¡que agarraste la pandereta tirada al voleo por el Negro García Lopez hacia el público, cuando lo acompañábamos a Charly!
Gracias Sama, por la música y por compartir. Salù.
fino.















































