
EL CHAMÁN BOTÁNICO
El proyecto Música de la Tierra está cumpliendo 14 años de existencia y es la primera vez que ofrece su programación en un lugar tradicional y nada menos que en las instalaciones (interiores y exteriores) del Teatro Solís.
El festival, además de lo artístico, tiene como eje fundamental la mirada sobre la protección del elemento tierra en todas sus manifestaciones, desde lo medioambiental hasta la producción agrícola responsable. Por esto, entre los importantes artistas que forman la grilla de la nueva edición del festival, surge el nombre de Lenine, el artista brasilero nacido en Recife en 1959 – y que además se dedica a la botánica con pasión- que presentó su espectáculo el pasado sábado 30 de noviembre.
Nada más pisar el escenario y algo cambió en la atmósfera de la sala. Es que Lenine carga con una aureola que lo envuelve, que puede entenderse como carisma, pero hay algo más que es inexplicable y que entra en el terreno de lo espiritual.
Egberto Gismonti contó una vez la experiencia que vivió con una tribu xingú en la selva amazónica en los años 70. En cierta ceremonia religiosa, el chamán de la tribu pasaba de ser un miembro más de la comunidad a trascender y convertirse en un ser superior, distinto a los demás y distinto a él mismo fuera del ritual. Un efecto similar es el que produce el contacto con el pernambucano.
Hay momentos donde uno tiene la sensación de que ese hombre encima del escenario bien podría ser alguien cercano, debido a su cálida sencillez. Pero todo cambia cuando se trata de transmitir su arte. Y como el chamán de aquella tribu, se desdobla.
La trayectoria de Lenine está sustentada por su rigor como constructor de canciones y donde la fuerza radica en el ritmo. Un poder que surge de la cruza de rítmicas nordestinas, amazónicas y cariocas, traspasadas por el lenguaje del rock y el funk; con el agregado de la utilización original y creativa de lo tecnológico (mezclado siempre con lo orgánico). Y más allá de estas etiquetas para tratar de definir algo que quizá sea indefinible, existe una nostalgia beatle latiendo en muchas de sus composiciones.
Hay un costado beatlero, entendido como luminosidad melódica, como la que aparece en “De onde vem a canção” o “Castanho”, por ejemplo. Y entonces esta “fusión de fusiones” vendría a ser un poco el corolario del manifiesto propuesto por Oswaldo de Andrade a principios del siglo XX.
Lenine propuso un maravilloso recorrido por toda su discografia, con algunas novedosas versiones de sus canciones emblemáticas, como “Candeeiro encantado”, “Hoje eu quero sair só” o “Tubi-Tupy”. El trabajo de Bruno Giorgi (bajo, coros y programaciones) sugiere una orfebrería electrónica, extrayendo lo medular de algunas pistas de grabaciones originales de los discos para tocar sobre ellas.
Lo curioso es que todo suene fluído y con soltura, como si no estuviera encorsetado a un metro fijo. Y aquí el rol del gran percusionista Pantico Rocha (batería y coros) resulta determinante. Lenine, en la noche del sábado, además de cantar y tocar estupendamente, dejó el alma en la cancha (su aspecto al final del espectáculo lo traslucía). Punto aparte para la cuidada presentación escenográfica, que también forma parte del hecho musical.
En una enorme pantalla se proyectaron hermosas fotografías (en random) en blanco y negro, de distintas especies de orquídeas -las cultivadas por el mismo Lenine-, acompañadas por el vestuario a tono de los músicos.
En una pausa, Lenine agradeció afectuosamente a sus “parceros”; poetas y músicos que lo han acompañado con sus textos y músicas a lo largo de su carrera: Dudu Falcao, Braulio Tavares, Lula Queiroga o Paulinho Mosca, entre otros.
La sensación que queda, al escuchar esta música es que estamos frente a un hecho histórico. Un artista que fusiona sabiamente su folclore con las nuevas tecnologías, sin ser devorado por ellas y menos, por los requerimientos del neo mercado.
Lenine sabe que lo que hace es política multicultural, en un contexto donde prima la disolución absoluta de las culturas regionales. La política avanza sobre ellas como lo hace sobre la naturaleza y las reservas mundiales. Acá Lenine se para firme, sin demagogia ni discursos facilistas, porque basta con la contundencia de su propia música. Y se transforma en una de las principales fuerzas creadoras de nuestro continente que hay que celebrar y cuidar.
Lenine en vivo
Teatro Solís, sábado 30 de noviembre
Lenine: guitarras y voz
Bruno Giorgio: bajo, coros, programaciones
Pantico Rocha: batería y coros
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