
La Trastienda lucía diferente a otras veces en que la gente espera en la amplia vereda fumando algo, bebiendo una lata de cerveza de esas que se compran en alguno de los kioscos cercanos, estratégicamente abiertos para cubrir la demanda de quienes hacen la previa allí. Esta vez fue distinto, faltaban cinco minutos para la hora de comienzo del show y una cola de personas llegaba hasta la esquina. Adentro, la gente se iba acomodando y poblando la barra para conseguir una bebida antes de que suene el primer acorde. Una cerveza costaba aproximadamente 9 dólares, porque al precio habitual se suman 80 pesos del costo del vaso —en general uno lo paga a 50 pesos y puede devolverlo al final— que no admitía devolución, es verdad que tiene estampado el logo de Buitres 35 años, supongo que es lo que generó el sobrecosto. Cuando le pregunté a la barista por qué el vaso había casi duplicado su valor, lacónicamente me dijo, “No sé, preguntale a Los Buitres”. Los costos de las entradas a los recitales se dispararon a partir de la pandemia, cuando los aforos de las salas bajaron y hubo que subirlos para que fueran redituables. Y así quedaron, es la ley de la oferta y la demanda, la entrada al show y una bebida esta noche rondó los 40 dólares. Después de las luchas que han tenido y tienen que dar los músicos para hacer mínimamente redituables sus proyectos, reconforta saber que el público es capaz de valorar en su justa medida, que incluye lo económico, claro está, el esfuerzo y la trayectoria de una banda que se ha preocupado a lo largo de los años por brindar espectáculos de calidad.
Son las 21:15, el primero en subir al escenario es Parodi y con solo calzarse la guitarra consigue la primera ovación de la noche. El fenómeno es curioso, ninguna banda logra lo que Buitres, generar un estado de euforia y entusiasmo desde la primera nota a la última. El público es variopinto, como siempre, estamos los que seguimos a la banda desde sus inicios, hasta jóvenes que se han salteado casi un par de décadas de estos 35 años que en estos recitales se celebran.
La apertura es con “Calavera tour”, el track 6 de su cuarto disco, que el año que viene cumplirá treinta años, el público marca el pulso de la canción batiendo palmas, el coro y el baile se apodera de la platea, arrancó la fiesta. Sin pausa continúan con “Canción de cuna” y “Ojos”. Gabriel Peluffo es sin dudas el mejor frontman del rock uruguayo, me animaría a decir de todos los tiempos, su magnetismo y dominio del escenario es inigualable. El público canta “el olé olé, Buitres”, pero la banda no da respiro y dispara con toda la energía de “La virgen”. Siguen con “Fresias” y el coro es un grito unísono que se suma a la voz del cantante. El sudor ya empieza a asomar en su camisa de jean, la que terminará empapada en breve.
Llega el primer saludo desde el escenario, la bienvenida a su cumpleaños. “Cuánta gente menor de treinta y cinco años hay aquí. No hay caso, ustedes nos condenaron a este camino y acá están, así que muchas gracias” afirma Gabriel y agrega que “ha sido un verdadero orgullo y placer recorrerlo, tener tantas canciones, que les gusten tanto y que ustedes las canten. Que lo que pasa acá se entienda y lo que pasa afuera nadie entiende un carajo. Yo hablo mientras ellos hacen cosas”, nos cuenta, en clave de humor, algo que siempre está presente en los recitales de Buitres, el comentario cómplice con el público, la chanza de confianza, esa que solo se pueden hacer tipos que llevan mil años de carretera y le han ganado a todo con cariño y obstinada decisión.
Es el momento de “Fabulario” del disco Bailemos, retroceden unos años y llegan al disco Mientras con “Bajo la c” y “El instrumento”, ¿sabés una cosa Darno? no lo vas a creer, la gente hace pogo con tu canción.
¿Cosas para decir?, les pregunta Gabriel a sus compañeros y ahora es Pepe el que se dirige al público “¿cómo andan? ¿bien? Hoy es el cumpleaños de ustedes, que nos pusieron acá, los grandes son ustedes, no nosotros”.
El recital prosigue con “Canelón”, la canción con aire de western que está incluida en Canciones de una noche de verano. Gabriel le habla a una chica del público a la que descubrió enviando un mensaje mientras cantaba, “¿te contestó? No te quiere le dice entre risas, no le mandes más mensajes, decile que estás acá en el recital de los Buitres”. También advierte que hoy Parodi vino con muchos consejos que todavía no empezó a brindar. Como un croupier sabio, Peluffo reparte el juego, amortiza los silencios, los tiempos necesarios entre una canción y otra se vuelven parte del show.
Llega “Normal” del mismo disco, el público no la tiene tan reconocida, pero mantiene el entusiasmo. Vuelven al disco Mientras con “Es decir” y la energía de la platea vuelve a subir cuando llega el estribillo.
Es momento de un clásico, “La copa” se apodera de la noche, el embrujo que sentía la banda cuando lo grabó la primera vez en su segundo disco, en 1991 desde hace mucho tiempo se ha trasladado al público que la canta de principio a fin.
Es momento de visitar el maravilloso Rantifusa a través de “A veces”. El disco producido por Jaime Ross con el que cerraron el Siglo XX. “Hay días que todo está bien” dice la canción, hoy es uno de ellos. El primer bloque del recital se cierre con dos clásicos: “Buena suerte” y “Soy del montón”. Volvemos en un minutito avisa Gabriel, la gente aprovecha el intervalo, un pucho afuera, otra bebida, ir al baño, comentar lo que han presenciado hasta ahora y por supuesto revisar el celular.
La segunda parte arranca con “Gata de Gorgos”, canción que tendrá destino en el próximo disco de la banda. Prosiguen con “Cinco segundos” y cierran este bloque de canciones, poco visitadas, con “El último guion”.
Gabriel luce una camisa diferente, negra con arabescos rojos, diferente a lo que es su vestuario habitual de los recitales, en general más sobrio, me lleva a pensar que tal vez idearon un vestuario para esta segunda parte, pero no, la respuesta es más sencilla y se responde al rato.
La energía vuelve a aflorar cuando suenan los primeros acordes de “El tercer deseo” y la energía explota con “Condenado corazón”, uno de los hits de Maraviya el disco significó la consolidación y el despegue de la banda en 1993. La gente la canta, la baila, la grita, es una de esas que vino a cantar, de las que no pueden faltar. La energía no decae, la sostiene otro clásico como es “A cartas vistas” y “Mincho bar” del disco Mientras.
Ahora sí, el olé olé es general e irrestricto, “no se puede explicar esto” dice Pepe, pero no se refiere a la ovación del público sino a la camisa que usa Gabriel, la que le prestó Caco, el baterista de la banda
La energía baja, quizás para tomar impulso con la hermosa balada “La primera vez”, pero no hay tiempo para apoltronarse porque si algo le faltaba a este viaje, la banda se sale del libreto y la guitarra afilada de Parodi nos lleva a 1989, a “Frío oscuro” de Los Estómagos.
El recital va llegando a su fin, viajamos a Rantifusa de la mano de “Besos” y otra vez a 1993 con “Ojos Rojos”, cuando Pedro Dalton aun no era un buen muchacho, pero sí el que protagonizaba el video de la canción.
Es momento del cierre, con “Toca Buitres”, la canción ha adquirido estatus de himno, de declaración de principios, un recital de Buitres es todo lo que está bien y se resume en esta canción.
La banda se retira y vuelve a ofrecer la yapa, la gente pide su canción, es momento de “Carretera perdida”, la versión del tema de Loquillo, continúan con “Los tilos morados”, Rambao y Parodi funcionan como un coro griego que le contestan al personaje que canta, ese que nos da la noticia de que las canciones son verdad. Lo futbolístico se apodera de la noche, primero con “No te puedo matar” fuera de programa y “Cada vez te quiero más” la canción que está dedicada a la hinchada que asiste a la cancha los sábados, el día que juega la B, esa que sigue desplegando sus banderas. El recital se cierra con “Yo no voy a morir”.
La fiesta ha sido completa, la gira de estos treinta y cinco años continúa, cruzará el charco este viernes para presentarse en Buenos Aires y volverá a La Trastienda el 1 y 2 de noviembre 2024, mientras tanto van preparando su nuevo disco que aún no tiene nombre, pero sí algunas canciones estrenadas en este ciclo de recitales. Para alegría de todos, hay Buitres para rato. ¡Salud!
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