
Es incomparable e increíble como las canciones, las melodías nos pueden transportar a través del tiempo, a través de la vida. La cadena que se forja en el corazón une seres queridos, momentos y latidos. Eso es imposible de quebrar.
Esta noche, como otras veces, la música me llevó en manos de un relámpago a atravesar de una y sin anestesia cada barrera, cada peldaño, cada rincón y amor de mi vida. Vi, sin ver, a mucha gente amada. Seguro puede sonar nostálgico, vano o vacío, pero créanme que no los estoy engañando. Tocó Buitres.
Cuando una banda es un camino paralelo en la vida (literal), inevitablemente lleva a que en algún momento pase lo que a mí me pasó hoy. Y en esto no existe, no hay cantidad de años, mucho menos si los músicos sobre el escenario, están más vitales y poderosos que nunca. Ellos viven lo que siempre soñaron. Y nosotros viajamos en su estela.
En mi es una sensación, una tempestad que arrasa y quema. Verlos, como siempre de negro, con los instrumentos colgando en la lìnea de la cadera, taladrando con su rock poderoso y visceral abrevado de los años cincuenta, lavado y planchado con el adn del hoy, pero sobre todas las cosas, engarzado en poesía. Esa es una luz impagable ante tanta cuadratura mental.
Desde el primer acorde, desde le primer acople, todo es pogo y energía. El rock de los Buitres no es cuadrado ni sinfónico, es un latido natural. Fede Bianco y Orlando hacen un colchón indestructible y poderoso con la bata y el bajo, donde Parodi y Pepe meten la cabeza, incrustan los ojos y la frente en el mástil de las violas para regalarnos la energía que solo brinda el aire puro. Ametrallan con acordes asesinos y se desgarran la garganta en coros inalcanzables. Y Gabriel va, sigue y sigue…
Y no importa las canciones que tocan, no importa el set list, son borbotones interminables de melodías y estribillos que todos sabemos. Todos. Milonga Rante, Todos Borrachos, Mecánica Popular, No es una pena, No te puedo matar, la distorsión es un perro fiel y las canciones van cayendo como cascada para refrescar el sudor que derrama el público. La plegaria es del cuchillo, la temperatura va creciendo mientras surfeamos la ola del acople, con ese amor-rabia que nace desde las entrañas. Música de bordeadoras, para que el mundo entero “sepa que te quiero”. Una noche con vos, entreverados en ojos malditos.
Una bandera gigante se despliega entre la gente, y crecen los coros desgarrados de esa barra insaciable que los sigue a todos lados. Eso es como la felicidad. Solo es cuestión de tiempo, para encontrarnos en el Mincho, en la carretera perdida, en el Canelòn. Ojos rojos que nunca estarán fuera de tiempo y lugar. Siempre hay tiempo para abrir puertas y pedir un deseo. Ellos lo saben, nosotros los sabemos, es que si toca Buitres hoy…
Gracias Buitres por la música. Salú.
fino.
Los Buitres – La Trastienda – Montevideo 11 y 12 de Noviembre 2022- Foto Claudia Rivero
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