
El viernes 11 de setiembre 2026 me tocó descubrir, bastante tarde, debo decir, Back to the 90’s, una fiesta
que ya lleva siete años recuperando música, imágenes, objetos y buena parte de la cultura pop de una
década que, para quienes la vivimos, puede convertirse en un viaje directo a algunos de los mejores
momentos de nuestras vidas. Porque recordar los 90 no es solamente volver a escuchar determinadas
canciones, reconocer una publicidad o encontrarse con un viejo juguete: es regresar, aunque sea por
unas horas, a una etapa de la vida en la que el mundo parecía funcionar de otra manera.
Y acá viene mi primera confesió; era mi primera Back to the 90’s. Siete años de historia y yo llegando
por primera vez. Inexplicable, sobre todo porque soy absolutamente generacional con la temática.
Enamorado de la música de los 90, los viví. Vi televisión, escuché música, jugué videojuegos y fui
testigo de esa transición bastante particular en la que todavía convivían el cassette, el CD, el VHS, la
televisión de tubo y ese maravilloso aparato que hoy parece una pieza de museo: el Family Game.
Por eso, cuando entré a Casona Mauá, la primera sensación fue bastante; acá alguien se tomó muy en
serio esto de viajar en el tiempo.
Lo primero que vi fue una especie de cartel con el logo de MTV colgado en la pared. Y a partir de ahí
empezaron a aparecer todas esas pequeñas referencias que, para quienes vivimos los 90, funcionan
casi como botones de memoria. Un logo, un objeto, una imagen, un sonido y, de pronto, aparece un
recuerdo que creíamos guardado en algún rincón.
Y quizás por eso la ambientación me pegó de una manera particularmente fuerte. Soy bastante adepto a
la nostalgia. Agosto, además, tiene para mí algo especial: es el mes de la nostalgia, pero también es el
mes de mi cumpleaños, el 24, así que de alguna manera crecí celebrándolo entre recuerdos, música y
esa particular sensación de mirar hacia atrás. También soy de guardar cosas. Cassettes, discos, CDs,
entradas y pequeños objetos que, vistos desde hoy, pueden parecer insignificantes, pero que para mí
tienen el poder de devolverme a una época determinada.
Por eso, una de las cosas que más me gustó de Back to the 90’s fue justamente que no se limita a
poner canciones viejas y esperar que la nostalgia haga el resto. La ambientación tiene muchísimo que
ver. Y ahí, entre objetos, imágenes y referencias que reconocía casi sin pensarlo, tuve una sensación
bastante particular; por un rato sentí que estaba en mi propio espacio.
Televisores con Family Game y videojuegos de la época, donde las personas podían volver a jugar
como lo hacíamos entonces; Nintendo, cuadros, afiches de bandas, imágenes reconocibles, colores,
referencias a MTV, videoclips y toda una serie de detalles que hacen que los 90 aparezcan no
solamente por los parlantes, sino también por los ojos.
Porque escuchar una canción de los 90 puede pasar en cualquier lado. Pero encontrarte con un
televisor reproduciendo un videojuego que jugaste hace treinta años, rodeado de imágenes que
reconocés inmediatamente, produce otra cosa.
Es casi una pequeña trampa emocional.
Uno mira y piensa: “¿En serio esto alguna vez fue tecnología?”. Y después se acuerda de que sí. Y de
que, además, nos parecía espectacular.
Entre tantas referencias visuales, hubo algo que me pegó especialmente: esa estética de los videoclips,
de MTV, de los afiches y de las bandas que definieron buena parte del final del siglo.
Porque hubo una época en la que descubrir música implicaba bastante más que abrir Spotify y poner el
nombre de un artista. Había que esperar que apareciera un videoclip, había que grabarlo, conseguir un
cassette, comprar un CD, mirar MTV y tener suerte para que justo pasaran ese tema que estabas
esperando.
La fiesta recupera bastante de ese universo y lo hace sin que parezca una exposición de museo. Los
objetos están ahí para ser disfrutados, no para recordarnos que estamos viejos.
Aunque, bueno… algo de eso también hay.
Y después llegó la música.
Una cosa fue la ambientación y otra muy distinta fue cuando empezaron a sonar las bandas.
Fue un gusto poder ver las tres propuestas de la noche. La encargada de abrir fue Hooligans, con su
tributo a Oasis, una elección que desde el comienzo puso sobre el escenario una de las bandas que
forman parte de ese enorme universo musical de los 90.
Después llegó Bruno Stella, con su recorrido por el rock latinoamericano, sumando otra mirada a una
década que, como sabemos, estuvo lejos de tener un único sonido.
Y para cerrar la noche llegó Fer O-Smith.
A Fer O-Smith ya la conocía y también tuve la oportunidad de conocer a los integrantes de su banda. Y
hay algo que para mí tiene muchísimo valor cuando me toca cubrir eventos: encontrarme con artistas
que, además de ser talentosos, son cálidos, cercanos y disfrutan genuinamente de lo que hacen.
Eso se nota.
Y cuando se nota arriba y abajo del escenario, la experiencia de cubrir un espectáculo cambia
completamente.
Fer O-Smith cerró la noche con un repertorio que recorrió distintas referencias musicales, incluyendo
canciones de Alanis Morissette y The Cranberries, entre otros artistas, pero también con espacio para
temas propios.
Y eso me pareció particularmente interesante porque, aunque la propuesta de la noche está atravesada
por la nostalgia, no todo tiene que quedar encerrado en el pasado. También hay artistas que toman esas
influencias, las hacen propias y las llevan hacia adelante.
Tres propuestas diferentes, tres recorridos musicales distintos y, al mismo tiempo, perfectamente
compatibles con el espíritu de la noche.
Y eso también me gustó de Back to the 90’s: no pretende reducir los 90 a un solo sonido.
Porque los 90 fueron grunge, brit pop, rock alternativo, pop, dance, electrónica, rock latinoamericano,
rap-rock y tantas otras cosas que intentar meter toda la década en una sola playlist sería casi un acto de
irresponsabilidad histórica.
Las bandas, además, no estuvieron simplemente para “poner música en vivo”. Fueron parte del viaje. El
cierre estuvo a cargo de DJ Legaz, con música a tono con la noche, de esa que invita a bailar y, al
mismo tiempo, a seguir recordando.
Después de entrar y encontrarte con televisores, Family Game, videojuegos, afiches, cuadros, colores y
referencias a MTV, necesitabas que alguien agarrara un instrumento y terminara de completar el paisaje.
Para mí, además, tuvo un plus, poder compartir el evento con artistas que ya conocía y conocer a otros
nuevos. Y eso, cuando uno hace este tipo de coberturas, siempre se agradece.
Hay algo que también tengo que reconocer; haber ido por primera vez después de siete años tiene su
lado positivo.
No tengo con qué comparar. No puedo decir “antes era mejor”, “aquella edición tenía más onda” ni
ninguna de esas cosas que hacemos los seres humanos apenas asistimos por segunda vez a algo.
Yo llegué virgen de Back to the 90’s y salí pensando: ¿Cómo no había venido antes?
Eso sí, ahora tengo un problema. La próxima edición ya no voy a poder decir que no sabía qué me
esperaba.
La felicidad adulta está a una cuadra.
Eso, para alguien que vive en Montevideo y conoce perfectamente la logística de salir, estacionar,
caminar, pedir un Uber, volver, encontrar dónde dejar el auto y después preguntarse quién fue el genio
que decidió que la fiesta terminara cuando recién estaba empezando… es la felicidad.
La felicidad adulta tiene formas bastante particulares. A los 20 años podía ser una entrada barata y una
fiesta hasta las seis de la mañana. Ahora puede ser perfectamente: “Está buenísima la fiesta y llego
caminando a casa en dos minutos”.
Y si tengo que hacer la crítica de la noche —porque tampoco vamos a convertir esto en un comunicado
de prensa—, hay algo que me parece claro: Back to the 90’s funciona porque entiende que la nostalgia
no depende solamente de una canción, sino del contexto en el que esa canción existió.
No fue solamente escuchar canciones que conozco. Fue encontrar televisores, juegos, colores, afiches,
bandas e imágenes que pertenecen a un tiempo que ya no existe de la misma manera. Un tiempo sin
smartphones, sin streaming y sin algoritmos diciéndonos qué escuchar. Un tiempo de tardes jugando al
Family Game, esperando un videoclip en MTV o discutiendo con amigos sobre qué banda era mejor.
Y quizás ahí está la clave: la propuesta no intenta solamente hacernos recordar qué escuchábamos,
sino quiénes éramos cuando escuchábamos eso.
Yo fui por primera vez a Back to the 90’s después de siete años y la verdad es que me encantó. Me
gustó la música, la ambientación, esa mezcla de fiesta, recuerdos y referencias que por momentos,
consigue hacerte sentir que el calendario se equivocó y retrocedió unas décadas.
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