Afuera la lluvia
P.I.L. por segunda vez en Montevideo
P.I.L. de regreso en Montevideo. Diez años después de su primera visita, John Lydon acompañado por Lu Edmonds en guitarra y Scott Firth en bajo -los históricos- junto al recién llegado Mark Roberts en la batería, vuelven a llenar una sala del groove enérgico y envolvente que se cuela bajo la piel desde el primer compás.
Ella y yo, llegamos sobre las 8 y media, con tiempo para arrimarnos a la barra, pegar una cerveza y un fernet, recorrer con la vista la marea de cabezas mayormente canosas o calvas, también algunas caras con labios y remeras negras. Logos de Joy Division, Misfits, y alguna de las del merchandising oficial. Sobre el escenario, los argentinos FEA hacen lo suyo sin entusiasmar demasiado a nadie.
Afuera el cielo montevideano se cae a pedazos. Una lluvia pertinaz azota techos, baldosas y caminantes. El viento, envalentonado bombardea veredas, casas y autos con ramas y árboles enteros que caen arrastrando cables. Un poco más lejos, la enésima guerra desatada por los yankees amenaza con borrar una civilización esta misma noche.
Con esa puesta en escena, que la noche nos envuelva en la música hipnótica, siempre con un borde cargado de furia, es una bendición. Míster John Lydon, hoy es un preacher old style. Saco y moño sobre su camisa blanca con los botones prendidos hasta el cuello. Siempre jugó con la ironía hasta en su atuendo.. Las camisas inmaculadas, los cardigans siempre prendidos.
Suben quince minutos pasadas las 9 y comienzan un set demoledor: Home, Know now, Corporate, World destruction. Los Clash nunca sonaron tan políticos como P.I.L. esta noche. Cuando Lydon-Rotten suelta Cor-porate, Mur-derer, no puedo evitar pensar en el negocio de las corporaciones que reconstruyen lugares previamente arrasados por los bombarderos gringos, Irak, Libia, Afganistán, Gaza, ahora Teheran. Vengo oyendo noticas de guerras en esos sitios desde antes de la edición del First issue ¡en 1978!
Ella, que nunca los ha escuchado, y tampoco visto en vivo, está fascinada con la estampa de Lu Edmonds, que con su pelo revuelto de genio loco suelta una sobre otra mil texturas distorsionadas, y mueve pies y cadera llevados por el bajo. La batería es potente, precisa, no gasta un solo golpe, y hace hablar cada plato y cada parche. La voz y el fraseo de Rotten, que va del alarido apoyado en las vocales, a los graves que parecen venir de otro tiempo, emerge cada tanto de ese caldero sónico del que abrevaron con descaro bandas más masivas.
El set salta de This is not a love song y Poptones a Flowers of romance, visitando Death Disco en el medio. Las luces sencillas pero efectivas generan líneas blancas, rojas, violetas, azules, naranjas que o bien apuntan al atril donde Rotten sigue gesticulando con las manos abiertas, o bien lo enmarcan, dejándolo apresado en celdas de luz. Las bases programadas, y los samples aportan pinceladas. Más de una fiesta electrónica ganaría una energía tremenda si algún DJ incorporara algunas de estas gemas.
Cuando encaran Warrior, el No surrender cobra la dimensión de una carrera hecha a fuerza de honestidad y porfía. Ni un paso atrás. Sin transar con un sistema en el que los Sex Pistols contratan un muchachito para que regurgite el mismo viejo disco y otros irlandeses sigan editando canciones de diseño para estadios. Hay una dignidad innegociable en ese viejo que escupe al suelo cada dos minutos, y gana calidez en cada frase irónica que suelta.
Cierran el set con Shoom -donde repiten fuck, y bollocks hasta el hartazgo-, y piden tres minutos. Mientras la mitad del público se va al baño, ella me pregunta qué es lo que me gusta de lo que acabamos de escuchar. No tengo palabras, apenas algunas referencias. Los primeros discos de U2, el costado gótico de los Cure, la melancolía electrificada de Echo and the Bunnymen o The Jesus and Mary Chain. El borde más siniestro de Depeche Mode, el swing inquietante de Love and Rockets…Si el punk fue fecundo, la discografía de P.I.L. no se queda atrás.
Quizá por eso mismo es que han ido juntando un puñado de seguidores, más que un gran público. Los bises son una aplanadora. Los cortes de batería de Public Image son los mismos de God save the Queen, y es entendible, en enero del 78 los Pistols dieron su último recital en Winterland, en diciembre Rotten se reinventaba en P.I.L.
Rise, el hit que todos conocemos pone a la gente a cantar. May the road rise with you. John se dirige al público What is anger? Todos lo saben, todos lo gritan. Anger is an energy. La indignación, la bronca son una energía potente. Demoledora. Con ella, algunos han logrado hacer camino al andar. Otros, miles, son consumidos diariamente por la misma energía.
La banda inserta un snippet de Religion, y vuelve a ese coro que todos siguen coreando. Anger is an energy! Open up sigue siendo una invitación al baile. Los cuatro disparan como una ametralladora, Annalisa, Attack, Chant desatan un pogo breve como un relámpago. Saludan, y se van.
Afuera, la lluvia, inmisericorde, arremolinada nos recibe. Mañana el despertador y el yugo diario volverán por nosotros, pero por un momento, en plena rambla, ensopados y puteando al taxi que no llega, nada importa.
Texto: Edh Rodríguez
Edición: Paola Menta
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