
¿Cuántos recordarán dentro de unos años la noche del 15 de agosto 2025, cuando descendieron por una escalera y encontraron, escondido en un sótano de calle Gaboto, un centro cultural que parecía vestirse de misterio? ¿Cuántos dirán que fue allí, en ese lugar donde no había escenario ni distancia entre el público y lxs artistas, donde de repente comenzaron a mirar la música de otra manera?
Espacio Gaboto abrió sus puertas con esa liturgia discreta de los espacios alternativos: una barra en uno de los lados, frente al lugar donde toca la banda, el símbolo de la banda proyectado al fondo y todos los instrumentos alineados en el piso como esperando una señal. Nada de alturas ni tarimas; la música y el público en un mismo nivel, respirando el mismo aire, compartiendo el mismo suelo.
Minutos antes de las diez, FILO apareció. Marcelo Fernández y Alfonsina al frente de las guitarras y voces; Diego Morales en la batería, sosteniendo con ritmo y canto; Lali Gaspari dibujando climas con sintetizadores; Pancho Coelho sumando otra guitarra y Cototo Cuello, bajo firme en la raíz. Seis voces, seis presencias, un entramado coral que convirtió el sótano en un cuerpo vivo.
El recorrido fue intenso: Línea de fuego, En subida, Sin Voz, Internado, Respiro, Desenfoque, Brillo, Océano de Ruido, Torpe Boca, Sangre Verde, Hombre Gris, Frecuencia fantasma, Hamamelis. Trece canciones que encontraron su tiempo justo. No fue un recital largo ni desbordado; fue un toque corto, práctico, pensado casi a medida de un viernes de agosto. La banda entró, dijo lo que tenía que decir, aprovechó para sacarse una foto con su manager Sabri Silva y Ceci Marconi, la escritora de las letras del álbum Homónimo para retirarse dejando las cosas en su lugar, sin estirar nada más de lo necesario. Un cierre sobrio, eficaz, que mostró que FILO sabe administrar la intensidad y dejar buenas sensaciones y las ganas de escuchar un poco más, de investigarla.

La propuesta que habían anunciado en redes —“No hay escenario. No hay distancia. No hay después. FILO al FILO”— se cumplió al pie de la letra. No hubo misterio; solo un presente compartido, como si la música abriera un respiro en medio de la ciudad, un lugar donde cualquiera podía sentirse parte.
Y lo que se viene confirma el camino, el 26 de agosto 2025 estarán en la Sala Zitarrosa, escenario importante de la ciudad y en setiembre emprenderán una minigira por Paraguay. Recordamos que hace unos meses recorrieron Argentina con sus canciones. FILO se mueve con la naturalidad de quien sabe que cada paso cuenta, desde un sótano cálido en Gaboto hasta cruzar fronteras, la historia apenas empieza, pero ya va dejando huellas.
En conclusión, cada integrante aporta su recorrido y un bagaje personal lleno de historias que los distinguen y enriquecen al grupo, porque esa experiencia está al servicio de la banda. Pero lo que hace que el proyecto respire, que cada nota tenga peso y cada silencio cuente, es la energía que surge al encontrarse, escucharse y responderse como colectivo. Eso transforma a la banda en algo más que seis músicos: en un organismo vivo capaz de transmitir emociones intensas y crear climas que permanecen.
Ver esta publicación en Instagram













































