
Se juntaron entre invitaciones cruzadas, llamadas telefónicas y unas cuantas melodías de Marcelo con letras de Cecilia Marconi.
El momento llegó luego de largos ensayos esporádicos. Ahí fue donde se materializó la fórmula. Base de climas de ensueño y pura lírica. Y todo creció, se fueron encontrando como unidad, se dio el espacio necesario donde el placer por lo que estaban creando, y ya con aportes de todos sus integrantes, pudieron completar el repertorio. Luego comenzaron los ensayos fijos, pautados, que los llevaron de los pelos hacia el disco. A ese poder que cargan las composiciones se sumó la decisión de presentarse sobre un escenario. En vivo. Una banda.
Lali Gaspari, sintetizadores-voz, Alfonsina, guitarra-voz, Pancho Coelho, guitarra-voz, Marcelo Fernández, guitarra-voz, Cototo Cuello, bajo-voz y Diego Morales, batería-voz. La Banda.
Parados en semicírculo, Pancho, Alfo, Marce, Diego en la bata, Cototo y Lali. El sonido de la viola de Pancho como una sirena anunció el renacer en una nueva travesía. Luces blancas y azules descargando flashes implacables sobre las/os músicos. El sonido avasallante. Estaban ahí. El comienzo.
El resultado fue mucho más que alentador. Pura energía puesta al servicio de la creación. Fue el brillo de violas-aguijones, de climas densos y sofocantes que taladraron la oscuridad buscando luz (Internado), procurando caminos y salidas cuando se aceleraban los golpes de la batería. Ahí llegó la fuga, el intento de quemar los puentes (Sin Voz), llegó el sonido rutero que nos transportò con vientos nuevos. Llegó el brillo en los ojos, el brillo que nace de un placer estimulante y misterioso (En subida). Es que el misterio siempre estuvo ahí, tensando la línea, la línea de fuego. El Filo.
La banda dió vuelta sus cartas marcando los puntos oscuros, las mentiras (Hombre Gris, Sangre Verde, Fuckall, Filo). Buscò encontrarnos respirando sobre un colchón de teclados y guitarras volátiles, puras, desde el latido de una dupla bata-bajo contundente y desde fraseos descarnados, que remarcan la potencia de las letras (Respiro). Y la fe, sobre todo fe en la música, en la que cura y salva (Océano de Ruido, Brillo).
Filo encontró una veta luminosa en la oscuridad sofocante. Encontraron un camino a seguir lleno de nuevas y hermosas canciones, además de las que están en el disco. Vuelcan en esta etapa de sus carreras (todas/os con un bagaje muy importante en la música) toda la experiencia de sus recorridos, de sus experiencias sonoras. Lo que están explorando seguramente los llevará a otro lugar del que estaban parados. Debemos seguirlos. Es el comienzo y sobrepasan la línea de flotación. Nos tiran su luz. Vamos? El disco está ahí.
Al final del toque, en la calle, salimos caminando en brazos del viaje residual, en un insondable estiletazo quirúrgico, milimétrico, directo al corazón, al subconsciente. Es el poder de las canciones tras destellos de luces naranjas. Vamos? El disco está ahí. Escuchemos a través del Océano de ruido.
Filo, gracias por la música. Salu.
fino.
La Lista: Lìnea de fuego. Hombre Gris. Sin voz. Filo. Fuckall. Hamamelis. Entre Sombras. En subida. Internado. Respiro, Sangre verde. Desenfoque. Torpe boca. Frecuencia Fantasma. Ocèano de ruido. Brillo.
Luces: Patricio Tejedor – Sonido: Gastón Ackermann (Aplausos para ambos).













































