
14 de abril 2024
En los últimos años cada recital de Fernando Cabrera genera una pequeña conmoción, se despierta cierta avidez entre sus admiradores que agotan las entradas rápidamente o colapsan los lugares donde se presenta en forma gratuita, como sucedió en el Cabildo en el ciclo Late. Muy atrás han quedado aquellos tiempos en que se lo podía ver en boliches o salas pequeñas como Bluzz, Espacio Guambia o el Nat Capiloncho. Esta expectativa se vio aumentada con el anuncio de esta simbiosis, de este recital conjunto entre dos generaciones, dos estilos, dos formas de encarar la música que quizá tienen su mayor punto de contacto en el rigor, el buen gusto y la excelencia con la que encaran la música.
Diego Cotelo hace un buen tiempo que viene acompañando a Fernando y Bolsa de naylon en la rama de un árbol (banda que Diego fundó en 2019) grabó con Cabrera de invitado una versión de «Bandera amarilla», llevada a la estética de la banda pero respetando bastante la forma e ideas originales.
Bolsa, como abrevian el nombre quienes integran la banda, combina el jazz experimental con el rock alternativo y sazona esto con ritmos tradicionales de nuestro país.
Esta experiencia de trabajo conjunto, ocurrida en noviembre de 2022 lo dejó pensando, ¿por qué no aplicar el mismo método a un repertorio más extenso? Le envió un correo electrónico a Fernando con la propuesta y este aceptó, pero las agendas de la banda y de Cabrera se comieron prácticamente todo el 2023, recién pudieron encarar el proyecto en noviembre pasado cuando comenzaron a trabajar en las maquetas de los temas y los arreglos, así llegaron a los primeros meses de este año a la sala de ensayo.
Diego entiende que para la banda este recital en conjunto era un sueño hecho realidad, una oportunidad de tocar con un músico del que son fans, que también lo fueron sus padres. Las canciones de Cabrera forman parte de la banda de sonido de la infancia de quienes integran Bolsa, por lo que «tocarlas fue muy fácil, fluido y disfrutado», afirma.
La elección del repertorio también corrió por cuenta de la banda, en principio primó un gusto destacado por las canciones que integran el disco Viveza, después decidieron tomar algunas de las que Fernando y Diego venían haciendo a dúo en los espectáculos y por último optaron por mantener algunas de las versiones más íntimas del autor para que contrastaran un poco con los arreglos que la banda hizo de otros temas.
El recital comenzó con «Querido amigo», donde Cabrera, como un crooner aparece en el centro del escenario rodeado, respaldado por toda la banda. Observo este comienzo y me pregunto si alguna vez vi a Fernando sin su instrumento, sin el escudo que le otorga su guitarra o su cajita de fósforos Fragata con los palitos contados.
No hay palabras, solo música y canciones conocidas, pero nuevas en su tratamiento, en los arreglos, las sonoridades y la presencia de instrumentos poco habituales en los recitales de Cabrera, algo de eso viene aportando Diego desde hace un buen tiempo, pero ahora suma una ayudita de sus amistades.
Continuaron con «Los Eduardos» en lo que fue un pequeño set dedicado al disco Viveza. Siguieron con «Un par» y «Lisa se casó», en las que se sumó la guitarra de Fernando. La banda utiliza todos sus recursos, el silencio en la platea es casi absoluto, el público degusta atento lo que va ocurriendo y explota el aplauso al final de cada canción.
Es el momento de un clásico, «El viento en la cara», pero en la fantástica voz de Elena Ciavaglia. Ella editó una versión de esta canción a través de Little Butterfly en 2022 acompañada solo con el piano. En este caso, la versión es a dúo con Fernando y toda la banda acompañando. Por momentos, Cabrera toma un pequeño megáfono para nombrar a los distintos equipos de ciclismo, quizá emulando el sonido de antiguos voceros de su infancia.
Es el turno de «Mudanza», la canción que para su grabación Fernando invitó al Darno. En este recital la segunda voz le corresponde al baterista Juanma Cayota, la presencia de los amigos, de los colegas que ya no están prosigue con «Por ejemplo», la canción que grabó junto a Eduardo Mateo en 1987.
Cabrera saluda por primera vez en la noche, aclara que este show se enmarca en la celebración de los 25 años de la Sala Zitarrosa, recuerda cuando estuvo presente en la inauguración y cuando formó parte de una especie de consejo asesor de la programación de la sala junto a Fernando Condón y Daniel Viglietti.
Es el momento de que el repertorio se acerque a estos tiempos con una canción de Simple, el último disco. Fernando cuenta que la siguiente canción se llama «La estancia» y trata de un establecimiento que tiene la característica de poder trasladarse en el tiempo y el lugar. Buena parte de la banda se retira, Cabrera queda en el escenario acompañado por el trío de vientos. Me dio la sensación de que la anécdota sobre la canción generó más interés que ella misma.
El recital tiene una carga emotiva muy fuerte, es quizás una recopilación de éxitos, de esos con los que Cabrera podría hacer varios recitales sin repetirse, son muchas las canciones que no estuvieron, pero las incluidas ya son clásico.
Es el turno de «Puerta de los dos», una de las más hermosas canciones compuestas por Fernando en los últimos años y quizás una de las más versionadas por colegas de todas las generaciones incluida en el disco Bardo.
Con «Tobogán» el tiempo retrocede poco más de treinta años para llegar al disco Fines de 1993 iniciando el segmento más íntimo del recital que con solo los vientos se engancha con «Décimas de prueba» acompañado solo por el bajo y unas secuencias de sonido programadas a cargo de Diego Cotelo.
El apasionado lector de historia que es Fernando Cabrera se presenta en esta canción.
El cierre del segmento es con «Viveza», Cabrera solo con su caja de fósforos mantiene la magia. El aplauso así lo corrobora.
Fernando tomó la palabra para agradecer e informar que Diego diría algo muy importante. Tras las buenas noches y aclarar que esto no estaba guionado, anunció que esta sería la última canción, se trata de «Bandera amarilla», la que propició todo esto, otra de las canciones de Viveza.
En el momento de los bises, Diego presentó muy rápidamente a los integrantes de Bolsa de naylon y a alguien que compuso las canciones, pero no recordó su nombre. Tras los aplausos abren con «Estaba en otra vida», el sonido pop por momentos invade a la canción, rememora al Cabrera de los ochenta, el de los discos Buzos Azules o Autoblues, quizás sea solo un guiño, pero suficiente para recordar qué bien se le da el pop con aromas a The Police.
«Generación», otra de las canciones que integra Bardo fue la última del concierto. Poco más de una hora fue suficiente para que todo el público se retirara satisfecho, con la sensación de haber sido parte de uno de esos recitales que como un punto cardinal indican un trayecto posible, un camino a recorrer.
Diego fantaseaba antes del recital con grabarlo y luego editarlo. Con el resultado a la vista, ojalá se concrete.
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