
Esta noche en Sala Verdi es la última función de Zombi Manifiesto, obra que fue escrita para recordar el cincuentenario del golpe de Estado en Uruguay. Su autor y director, Santiago Sanguinetti, creyó que desde el humor era una buena manera de hablar de estos temas, tal vez porque aparentan menos crueles o porque con humor son más fáciles de digerir. Y no le erró, la obra trata sobre torturas, traiciones, abusos militares, burócratas ejemplares, cadáveres desmembrados que aparecen tirados en el cementerio, y siempre el humor está presente. Humor para todos los gustos, humor inocente, humor grosero, humor fino, humor político, humor social. Es una obra con mucho ritmo, elementos absurdos, una trama coherente con personajes muy atractivos, parlamentos inteligentes, y cuatro muy buenos actores.
En Zombi Manifiesto el escenario no es solo un cementerio o una oficina o la sala de una casa, es un campo de batalla entre ideologías y falta de sentido común. La obra, dirigida con un ritmo frenético nos lanza de entrada a un universo donde el delirio no excluye la lucidez, y el humor convive con el horror y el asco. En la primera escena, una entrañable pareja de jóvenes amigos, analizan un brazo desmembrado que encuentran tirado en el cementerio. Luego de un profundo examen antropológico y social del brazo, se dan cuenta de que es un brazo militar pues lleva puesto un uniforme con el escudo nacional. El diálogo delirante entre los amigos nos hace saber que Pedro fue criado por una abuela rusa con nostalgias soviéticas, según él, la más comunista en 200 kilómetros cuadrados. Pedro heredó de su abuela la devoción por el marxismo, su utopía es visceral, casi infantil, pero profundamente sincera. Su amiga Matilde es una guerrera, ya sea en la lucha contra el maltrato animal o contra sus propios padres, ella encuentra una revolución. Juntos en el cementerio local y cuando Pedro lee en voz alta el Manifiesto comunista, ven levantarse un muerto de la tumba en el panteón militar que deciden llevarse con la intención de reeducarlo y regalárselo a la abuela de Pedro.
Las escenas pasan de unas a otras luego de un rápido cambio de escenografía hecho por los actores, algunas se reanudan donde habían quedado y así el espectador transita junto a ellos en ese pueblo llamado Trinidad, yendo desde el cementerio a una casa, desde una oficina volvemos al cementerio para escapar hacia otra casa llevando un muerto revivido en zombi en un auto robado.
Los valores, o la falta de ellos, están muy marcados e impuestos como dogmas únicos, esto ayudado por el componente absurdo que atraviesa la obra sin perder el foco en la realidad social y política de la que se habla. El personaje de Juanita, encargada de la oficina de fosas y tubulares del cementerio, es una mujer de rígida moral castrense, devota del régimen militar, que cita reglamentos como si fueran salmos, ella siente en sus venas ese linaje y se desespera al descubrir que en el cementerio los militares salen de sus tumbas, y quiere solucionarlo «porque soy una buena burócrata». Su padre, un general retirado, viejo y cínico, es el asesino del zombi resucitado que pide venganza. Las vueltas de tuerca en la historia son varias y sutiles, a diferencia de la realidad nacional, acá los muertos que exigen justicia son militares, el cuerpo del que se apropian los jóvenes es militar, la tortura la ejercen los civiles.
Se desencadena una locura sin tregua con un zombi educado en el marxismo que persiste en su sed de venganza y que mezcla conceptos recién aprendidos con su vida militar, lo que resulta una mezcla de ironía e ingenio.
En el final, es acertadísimo que la música elegida sea la versión de Palabras para Julia que interpretan Los Suaves, con una fuerza acorde a la obra que se acaba de disfrutar.
Es super recomendable, es otra forma de recapacitar sobre lo sucedido en este país, es una exhumación simbólica del pasado reciente desde el humor negro. Hoy, a las 20.30 horas es el último día que se presenta en Sala Verdi. Esperemos que invadan otras salas de la ciudad y del país con esta representación destacada y diferente que combina a la perfección componentes tan heterogéneos.
Ficha técnica
Elenco: Mateo Altez, Carmen Laguzzi, Carla Moscatelli, Rogelio Gracia
Diseño de escenografía: Laura Leifert
Diseño de iluminación: Laura Leifert, Sebastián Marrero
Diseño de vestuario: Johanna Bresque |
Diseño de sonido y música original: Fernando Castro, Federico Zavadszky
Asistencia de dirección: Damián Gini
Texto y dirección: Santiago Sanguinetti












































