Romina Romanelli

ROMINA + PINTURA + MURALISMO SOCIAL

«Me motiva la misión que uno tiene… me motiva descubrir esa misión y entregarme a ella, saber que somos una herramienta para algo más grande, que va más allá de uno mismo y sus intereses personales. Me motiva ayudar, hacer el cambio que pueda en el mundo y encontrar a otros en el mismo camino.»

Romina Romanelli es una artista uruguaya que ha vivido unos años en México. Su obra consiste principalmente en pintura y mural, pero se ha animado a desarrollarse en otras artes como escultura, música, instalación, performance, narrativa y poesía. Desde chica descubrió su interés por la pintura pero más allá de ser una vocación personal “sentí que era una herramienta que no solamente es hacer algo lindo sino que es útil para sacar algo de adentro y mandar mensajes a los demás, hacia uno mismo, y exteriorizar muchas cosas a través de eso. Y quería conectarme con más gente que estuviera haciendo lo mismo. Entré a Bellas Artes con esa intención.”

Si bien su trabajo con enfoque social comenzó en eventos pequeños en plazas y barrios periféricos de Montevideo como La Teja, Peñarol y El Cerro, fue en Dolores, ciudad uruguaya azotada por dos tornados en 2016 cuando el muralismo social pasó a una escala mayor, en el evento ¨Pintó Dolores”. “Me invitaron a una convocatoria durante los tornados con cerca de 80 artistas, hubo que poner más transporte por toda la gente que quería ir e incluso no dieron abasto y pintamos todo el pueblo: más de 60 murales, la gente muy conmovida, muy agradecida, nos hicieron un concierto al final con sus propios músicos. Yo terminé haciendo la música para el video de ese evento. Sabía que iban a recibirlo bien, pero no sabía que así. Nos venían a buscar, nos decían cosas hermosas, nos llevaban a pasear, nos traían café, no era la organización sino la gente, muy generosa. Nos daban de comer. Realmente tuvo mucho sentido para mí.”

Tiempo después se repitió en La Teja, barrio periférico de Montevideo que cuenta con una población muchas veces vulnerada. “Pintamos un barrio que estaba súper gris, una fábrica de jabón abandonada… no habían parques lindos en la zona. El barrio quedó transformado. La gente pasaba y decía “nunca vimos el barrio tan lindo”: realmente te dan ganas de no dejar de hacerlo. Yo no estaba en la organización y supe que hubo cierta problemática con el otro festival a la hora de aceptar o no recursos de la intendencia y darle un tinte político. Ese grupo, que se llamaba Pintó, terminó por disolverse”.

También en 2015 mientras cursaba Bellas Artes crea e imparte un curso anual sin recibir pago, de Artes, Técnicas, Estampado e Historia del Arte en La ONG La Pascua en Carrasco Norte, Montevideo, para niños y adolescentes de contexto crítico, con problemas psiquiátricos o situaciones de violencia doméstica entre otros; un proyecto con muchos retos pero con resultados muy positivos.

Entusiasmada por el efecto generado en varias intervenciones, establece un plan para pintar Castillos, un pueblo uruguayo con la tasa más alta de suicidios a nivel nacional, pero fue pospuesto por su ida a México, donde también se interiorizó en la pintura social, un viaje externo e interno que la llevó incluso a la India tiempo después.

En México conocí a otro artista llamado Curiot y empezamos a pintar en un festival: éramos cerca de 10 artistas y pintamos una cuadra entera, se arreglaron las casas, se sacó basura, hicimos varios murales… Cuando te juntás por una causa común sabés quiénes son los que están ahí, es desde un lugar desinteresado, es un gran filtro, se agrupan personas muy valiosas y humildes, que saben que pueden transformar mucho con el arte, que no sólo es el arte, sino cambiar las cosas con una intención. A Curiot lo invitaron a un festival en la India llamado St+art India, que tiene un concepto revolucionario, “Arte para todos”: llevar el arte a las castas más bajas que no suelen recibir invitaciones ni regalos. Era trasgresor pero desde el amor. Ahí la gente sigue sus tradiciones, no hay mucha libertad para expresarse, los artistas tradicionales no eligen serlo sino que les toca por linaje, y no eligen qué pintar. Hicimos toda una instalación en el puerto de Mumbai y venían 1000 personas por día aproximadamente, gente del barrio, pescadores, las mujeres pescadoras a hacernos sus danzas tradicionales. Duró tres meses. Queríamos trabajar materiales y técnicas locales e hicimos una escultura enorme de un dragón y mandamos a los gitanos a tejer canastas para el cuerpo. Fue muy mágico. Nos pidieron usar la mitología marítima local y le dimos nuestro giro a la historia de Lord Varuna. Hicimos un museo/ templo “falso” con un dragón marino volador, ¨Shunya¨ (que significa el vacío metafísico en sánscrito y Cero en indi), que era quien cuidaba del mar. Diarios de distintas épocas, de navegantes y de una niña, con relatos sobre avistamientos de este Dios Dragón y la historia de los objetos del museo, que los hicimos con libros antiguos de hasta 90 años, en las páginas en blanco escribiendo con pluma y tinta… Un huevo de dragón, un diente, una lágrima hecha cristal, murales. Pusimos telas, lámparas, plantas, pintamos las paredes, el piso; creamos un mundo, te metías en él, no era sólo verlo de frente. Pusimos hasta un guardia de seguridad falso en la puerta. Se llamaba:¨Museo Ensueño presenta: Criaturas Olvidadas: Shunya”. Y muchos pensaron que era real, preguntando cómo habíamos conseguido esos objetos tan preciados. Fue una vez más ver cómo se puede hacer magia con el arte o con la herramienta que uno tiene en las manos. Pensamos que sólo le gustaría a cierto tipo de gente pero tuvo mucho alcance: fue invitar a la gente a soñar otra vez, a meterse en ese mundo imaginario que quizás es también real. La ilusión, lo mágico, lo místico. Generar ese espacio, contar una historia. Pintamos luego en otro festival también, en Goa, que es una colonia portuguesa. Esta vez se trataba de que la gente recuerde sus orígenes: la gente no conoce su historia y había escasez de información. Pintamos cosas transgresoras pero queriendo nuevamente mostrar lo bello. La piel, la etnia, la conexión con la naturaleza, la dualidad, pintamos a un hombre y una mujer negros-indígenas hermosos con ropas tradicionales y con el Dios de la naturaleza; se llamó ¨Memorias internas de nuestras raíces”. Hay demasiados problemas de racismo y clasismo allí, de contaminación, desconexión, la gente sólo sabe la historia conveniente para algunos, que fue la que les contaron. Reconectar con esas personas, y a ellas con su valor.”

Diez meses después de irme a México e India, en abril de 2018 volví a Uruguay con la misión de pintar Castillos, sin dinero ni publicidad: las marcas no querían donar, y no teníamos nada, pero yo quería hacerlo. Los artistas ya estaban convocados y entusiasmados. Las psicólogas de Castillos de la Mesa de Salud Comunitaria estaban muy ilusionadas también, trabajando por fuera de su horario y sin ganar dinero: nadie ganó nada monetario en ninguno de estos proyectos de Uruguay. La organización fue estresante, se venía la fecha y entré en desesperación porque nadie daba pintura ni dinero, todo se trancaba…  ¿por qué? Pregunté al cielo, si estoy queriendo mover algo lindo desde el amor, la misión y el desinterés, para ayudar, ¿por qué se tranca? En ese momento sonó el teléfono y me llama Rosario, una de las psicólogas diciendo que habían $12000 en donaciones, se consiguió transporte, la gente local nos prestó el club para dormir, los pacientes de ellos nos cocinaban, comíamos en el Comedor Municipal. El espacio cultural que usamos se llama “2 de Mayo”, la fecha de mi cumpleaños, mucha sincronía. Fue muy mágico ponerse mucho sobre la espalda sabiendo que se puede, y que si nadie lo está haciendo hay que hacerlo. Pusimos rezos de tabaco cuando llegamos, en un círculo y nos abrazamos todos en espiral y cuando nos soltamos salieron cientos de palomas volando del árbol de encima. Y los rezos se cumplieron. Todo fue fluyendo, muy espontáneo: gente que llevaba el sonido, otros que hacían talleres… Hasta armamos talleres de plantas nativas, con degustación de frutos, usos culinarios y medicinales. Talleres de tejido, de danza, seminarios de Reiki, toques en vivo en la plaza, malabares con fuego. Rap, breakdance. La gente al principio no entendía nada pero después no querían que nos fuéramos. Pintamos en escuelas, Caifs, hospital, Secundaria, UTU, un hogar de niños con capacidades diferentes, mujeres víctimas de violencia doméstica, algunos en la calle. Hicimos 48 murales en dos días. Fue hermoso el compromiso de todos. Por las noche queríamos estar juntos, tocar música, nos acostábamos tardísimo y al otro día a las 7 u 8 estábamos parados pintando a pesar de dormir muy poco. Incluso el Alcalde al principio no quería que lo hagamos y luego quiso colaborar. Me dio un reconocimiento enmarcado. Después me fui de Uruguay pero me enteré que antes el tema de conversación en Castillos eran los suicidios y ahora se hablaba de los murales y las cosas que se habían hecho. El evento se llamó «Castillos de Colores”.

Después de eso, en 2019 volví a México y me invitaron a pintar en un proyecto que se llama ¨Muralismo y Arte por Nuestrxs Desaparecidxs», del colectivo de familiares «Hasta Encontrarlxs CDMX¨, que se trata de hacer retratos de personas desaparecidas donde las vieron por última vez, desde un lugar luminoso, de que la persona sigue presente, y en compañía y por iniciativa también de sus familiares y otros artistas… son sobre todo niñas y adolescentes, y algunos niños y adultos, por temas de trata de personas, secuestros, explotación y otros temas muy complejos. Es muy fuerte y conmovedor, la última vez terminé llorando con la mamá de la chica que había desaparecido, abrazándola. Ese proyecto sigue sucediendo, ahora un poco pausado por la situación mundial.

Ese mismo año le comenté a alguien lo que estaba haciendo y se le ocurrió un proyecto de muralismo y charlas, que primero era sobre el embarazo no planeado en la adolescencia y sus tremendas repercusiones en el país y luego tomó otros giros también ante otras situaciones graves que atravesaban los adolescentes de las zonas marginadas del país, así que elaboramos “Pinta tu Escuela de Amor”, en 11 bachilleratos del Estado de México, donde trabajé con 5000 adolescentes, averiguando las problemáticas de cada lugar y dando más de 50 charlas de consciencia sobre violencia, igualdad, sexualidad, medio ambiente, vínculos, sueños y proyectos de vida. También pinté en los 11 liceos sobre los problemas de cada centro, ayudada por ellos, y ellos a su vez reflexionaron y llenaron las paredes con sus pinturas y frases de consciencia, se hicieron más de 100 murales en los 4 meses que duró. También canté en el cierre del proyecto. Fue impresionante el efecto, y la posibilidad de tener acceso a tantas personas tan dejadas a un lado y en otro país, en ese momento tan clave de la vida que es la adolescencia. Me di cuenta de que al final era ver a miles de personas que el contexto les dice “ No valés, no importás, no tenés un lugar, no hay lugar para tus sueños ni sentimientos”, y decirles entre líneas: “Sí valés, sí tenés un lugar, yo creo en ti, tus emociones y sueños importan, a mí me importan, y vamos a cumplirlos”. Lo entendieron perfectamente. A veces pensamos que hay situaciones que son inabarcables, imposibles de resolver, y a veces cambiarlas es tan simple como eso. Darle un lugar al otro sin juicio, dar un poquito de amor. Saber escuchar y acompañar. Mueve montañas. La falta de amor, contención y buenos referentes nos deja locos, enfermos, autodestructivos, violentos. Pero según mi experiencia es reversible.

En 2020 volví a Uruguay y le comenté a un amigo de este proyecto en los liceos, que ya fue diferente a los otros porque ésta vez el contexto humano no sólo recibía el arte sino que también lo creaba y pintábamos a la par. Permitió otra cercanía más profunda e íntima. Éste amigo que dirige una ONG, “La Pascua” en Carrasco Norte, donde di el curso de arte en 2015, se vio muy interesado por el proyecto y resultados y se nos ocurrió traducirlo a algo aplicable en la ONG, armé el proyecto, lo presenté a INAU y a las horas ya estaba aprobado y un par d días después ya tenía 7 grupos de niños y adolescentes a mi cargo para darles un taller de murales y que pintemos juntos. Con niños nunca había trabajado y fue muy fácil, los adolescentes estaban más apáticos y vi cómo nos vamos haciendo eso como sociedad, venimos llenos de ideas y expresividad y vamos creciendo y nos van llenando de miedos e inseguridades que nos traban.

Trabajé con ellos casi todo el 2020, y también con los chiquititos del CAIF, pinté murales junto a niños de 2 o 3 años, súper capaces, expresivos y seguros. Poco a poco los jóvenes se fueron abriendo capa por capa, y ganando confianza, dejándose experimentar y mostrarse vulnerables, pintamos toda la plaza de la cruz de Carrasco, murales, bancos, mesas, columnas, limpiamos la basura, se empezó a llenar de familias después. También pintamos adentro de la ONG, e invitaba a quién se acercara a mirar y pintaron varios niños del barrio, educadores, y hasta un día vino uno que estaba súper adicto a la pasta base, le costaba hasta hablar, pero se puso a pintar un faro y una playa preciosos y fue como un hechizo, conectar con esa luz, esa inocencia, en medio de tanta oscuridad, estaba muy sorprendido de sí mismo y fue muy amoroso también. El arte tiene ese efecto, hace puentes entre unos y otros, entre el adentro y el afuera, el consciente e inconsciente, sortea obstáculos para unir.

Ahora estoy pintando un retrato de una persona desparecida en la dictadura uruguaya, que es parte del proyecto “Encontrarte con ellos”, de apoyo a los familiares de desaparecidos , con 200 artistas, uno por persona, para una muestra colectiva, luego le regalaré el cuadro al hermano del retratado, a quien visité y me compartió historias y fotos, y también presenté un proyecto al municipio F y estamos pintando murales en Carrasco Norte con mis ex alumnos de la ONG y quien quiera participar.

Sigo queriendo hacer cosas así en todo el mundo y a todo quien sea artista lo invito a que se de cuenta de la herramienta que tiene en sus manos, una pared en blanco en la que uno puede intervenir. Es mucho poder en realidad, que usado de buena manera puede ser un gran aporte. Algo que puede cambiar el día de alguien. Es también una gran responsabilidad. Cuando usamos la calle para expresar lo que queremos decir tenemos que tener cuidado, porque si estamos tristes o enojados tenemos que saber que esa imagen la van a ver miles de personas… al final somos anónimos, no ven nuestras caras, sólo lo que está pintado, nuestro mensaje, por eso, usémoslo bien”.

(Visited 356 times, 47 visits today)



Melania Geymonat

Desde chica me he sentido motivada por contar historias, escribirlas, diseñarlas, actuarlas... ¡todo lo que pueda! Por ello en paralelo a mi carrera en Medicina he estudiado arte en diversas formas. Gracias al modo en que crecí tengo mucho aprecio por el valor de las pequeñas cosas, de la simpleza, del valor humano. Es lo que busco en las historias: personas que llevan a cabo aquello que les motiva más allá de las adversidades, ¡o con todo el viento a favor! Artistas que buscan la comprensión. La expresión. La comunicación. La contribución última a una sociedad de la que somos parte. Sentir que el mensaje que agregamos a este mundo, tan colapsado de información, es necesario. Importa. Motiva. Contribuye.