razón - libreria mundos invisibles octubre 2019 foto federico meneses

Pasión y razón

-¿Cuando cree que surge la distinción entre razón y pasión? ¿Es una división artificial o connatural a la constitución del ser humano?

La distinción surge con el inicio de la propia filosofía. Ser filósofo implicaba vivir filosóficamente y esta forma peculiar de existencia significaba, entre otras cosas, un autodominio de las pasiones por la razón. En este sentido, podríamos decir que la división es connatural, pero que el gobierno racional de las pasiones es una construcción artificial que exige un entrenamiento y un esfuerzo constante.

La apátheia del sabio, el autodominio de las pasiones, era la expresión máxima de felicidad y autarquía. Platón nos cuenta de oídas, porque ese día estaba enfermo que Sócrates permaneció impasible y sereno ante su muerte, llegando incluso a bromear sobre ella. Antístenes, que por entonces era uno de sus más queridos discípulos, emuló a su maestro permaneciendo como testigo mudo mientras otros lloraban desconsoladamente, gritaban o pronunciaban maldiciones . Antístenes, tomando como modelo la conducta de Sócrates, describe al sabio como el hombre impasible y autosuficiente que vive de acuerdo con la virtud, que es indiferente a los opinión de los demás y que incluso considera a la impopularidad como un bien .

El término apátheia indica la privación o eliminación de los páthe (las pasiones) y normalmente se traduce como impasibilidad. La pasiones son desórdenes anímicos que surgen en el alma como resultado de juicios irracionales, impulsos descontrolados que generan conductas irracionales.

Las pasiones combatidas por el sabio no son la totalidad de las emociones que un ser humano es capaz de experimentar , sino solo aquellas que destruyen la capacidad de gobernarnos, como por ejemplo el odio, la ira, la ambición o la ansiedad. Este tipo de estados anímicos enajenan el juicio y la voluntad, como bien supo ver Baruch Spinoza cuando advierte que «un hombre sometido a los afectos no es independiente, sino que está bajo la jurisdicción de la fortuna cuyo poder sobre él llega hasta tal punto que a menudo se siente obligado, aun viendo lo que es mejor para él, a hacer lo peor»» . Diógenes aleccionaba a sus vecinos contra la servidumbre a las pasiones. Afirmaba que si los criados son esclavos de sus amos, los débiles lo son de sus pasiones; en este sentido, es muy ilustradora la anécdota que cuenta que al encontrarse en cierta ocasión a uno que intentaba violar a una prostituta, dijo: «¿Por qué quieres conseguir, desgraciado, lo que es mejor perder?» . No sería correcto interpretar la apátheia como una eliminación completa de los afectos, un estado así solo es comparable a la muerte; deberíamos entenderla más bien como una curación de las enfermedades del alma y como una respuesta racional a los impulsos. La respuesta del sabio a las pasiones no es ni instantánea ni inmediata, sino reflexiva, y por ello se asegura un control no solo de su estado anímico sino también de su conducta.

La apátheia es un dominio de uno mismo alcanzado mediante una indiferencia, no insensibilidad, emocional; es un control, no una supresión, de nuestros apetitos y sentimientos. El filósofo no es un ser insensible al dolor o al placer, pero ha conseguido que éstos no afecten su alma en exceso, quedando impasible ante ellos. El hombre sabio siente placer y dolor, pero no siente aquellos que son el resultado de un juicio erróneo. Los cínicos, por ejemplo, consideraban los estados anímicos de impasibilidad (apatheías) y de quietud (heremías) como virtudes propias del sabio, dado que los placeres y los dolores vuelven perversos a los hombres cuando éstos los persiguen o los evitan . En este sentido su máxima fue las de «no inquietarse por nada». Con este vivir reflexivamente, el cínico alcanza una existencia despreocupada, se desentiende de las inquietudes que alteran el ánimo de la mayoría de hombres y se aproxima a una felicidad superior, propia de dioses.

-¿Dónde se sitúa el debate filosófico actual sobre esta distinción entre razón y pasión?

Nuestra época está atenazada por discursos consumistas, nacionalistas y populistas que tienen como fin desatar las pasiones en la ciudadanía para nublar su razón y por tanto su capacidad de autogobierno. Por eso se vuelve no solo necesario, también urgente, recuperar el viejo ideal clástico de la apátheia. Solo desde el ejercicio de esta virtud es posible recuperar la lucidez en el juicio, la capacidad de reflexión y diálogo constructivo. Conviene recuperar el dominio racional de las pasiones en una sociedad infantilizada en la que el individuo es incapaz de distanciarse de su deseo y exige una satisfacción inmediata. Nuestra sociedad que ha construido un sujeto (más bien un sujetado) incapaz de indagar cuáles han de ser los fines de su existencia, incapaz de preguntarse si esto que deseo ahora mismo es lo mejor que puede hacer como ser humano. Deberíamos estar más preocupados de gobernar nuestras vidas que de gobernar a los demás.

-¿Cree que la filosofía ha de ocuparse de este tipo de cuestiones que, en algunos círculos, suelen verse como pertenecientes a la psicología o la neurociencia, ahora tan en boga?

Para responder a este tipo de preguntas creo que lo mejor es regresar a la fuentes: los filósofos griegos actuaron como médicos compasivos, como benefactores de la humanidad. El filósofo antiguo siempre andaba preocupado por la salud moral de sus congéneres, luchaba contra las enfermedades del alma, contra las pasiones, contra los desordenes, contra los vicios, contra los errores de juicio y contra la estupidez; e impulsaba con ello a todos a ser mejores personas. Sócrates encarnó un vida filosófica, es decir, una vida verdadera, una existencia comprometida con la virtud. El objetivo del filósofo no es conocer el bien (éste conocimiento es solo un medio) sino ser bueno. El filósofo no debe distinguirse por su retórica sino por su manera de vivir. La filosofía debería recuperar esta dimensión práctica con la que nació y que le ha sido arrebatada no solo por la psicología, sino sobre todo por la peligrosa “autoayuda”. En cuanto a la neurociencia, la filosofía recuerda que no todos los fenómenos en el ser humano pueden ser explicados bilógicamente. La realidad humana transciende la química. Yo no soy sin mi cerebro pero yo no soy mi cerebro. La neurociencia puede ayudar a entendernos pero puede igualmente conducirnos de nuevo a un cientificismo reduccionista.

 

 

Imagen portada – Archivo – Razón – Librería Mundos Invisibles – Octubre 2019 – Foto © Federico Meneses

 

 

 

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Federico Meneses

Federico Meneses

Por el 2003 surge la idea de armar un boletín electrónico "óbolo cultural" para difundir eventos que poco se sabían. Con el surgimiento de las redes sociales el boletín deja de tener su efecto y nace www.cooltivarte.com A fines del 2010 invito asociarse como co-director a Mauricio Conde, junto a todos los amigos colaboradores que se sumaron a la idea de aportar un granito de arena a nuestra cultura potenciando los eventos y dando más valor al conocer a los artistas mediante entrevistas, artículos de opinión, análisis, reflexión y crítica. Cooltivarte está presente en el medio local comunicando las noticias, críticas, opiniones y entrevistas, tratando de generar un valor cultural conociendo de cerca a los protagonistas, generando una conciencia colectiva y sensibilidad para este rápido diario vivir.