
Comenzó la noche Pia Zanella, con su bajo, su loopera y tres canciones dulces que la describen muy bien. Además de sus “monstritos” ilustrados, cuenta mediante la música sus mañas y manías, su cansancio por el miedo, su olvido y algunas otras destrezas que pueden escuchar en el disco “Con La Peor de las Ondas”.
Con una sonrisa enorme y la gracia que los caracteriza, subieron al escenario Kevin Johansen y Ricardo Liniers e hicieron del miércoles, una noche especial. Poder verlos utilizando la música y la palabra no solo para crear sino para transformar, es un mimo al alma. Uniendo lo cotidiano Kevin inspira a Liniers para plasmar su arte a través del dibujo. Lo que hacen es mágico, una especie de fábula. Su vínculo está atravesado por la mirada de cada uno, generando historias dignas de ser contadas antes de dormir para tener dulces sueños.
La cultura imprime características propias en las personas y Kevin viene de muchas culturas, conectando con Liniers en una en común desde el folklor, la gastronomía, el culto al lenguaje, la variedad, siendo de un lado y viviendo en otro (Sur o no sur). Conexión estética y ética que va de la mano, que los hizo tan cercanos y con tanta pasión en su vínculo.
Anduvieron por el norte, y por Montevideo. Fueron a la luna y bajaron a la tierra. Se encontraron con Palomos, vecinos, hamacas, Mc Guevara’s y Che Donald’s, aprovecharon para comer Guacamole. Subtitularon Perfect day (Lou Reed) Modern Love (David Bowie), Down with my Baby y La chanson de Prevert. Fueron Fashion’s, románticos y hasta se dieron el lujo de intercambiar roles (“momento disléxico de la noche”) con un Dibujansen y Liniers al mando del Ukelele siendo un Creep (o “un gil”).
Es difícil lo que logran, puesto que no es para cualquiera poder hablar de lo que nos motiva, lo que nos duele, lo que nos hace reír o emocionar desde la ternura. El arte que genera esta sinergia siempre nos deja con los sentidos a la intemperie, no para etiquetar lo que nos pasa, sino para ir percibiendo y descubriendo quienes somos y sobre todo entendiendo que vamos cambiando, mutando, creciendo.
Lo que suscitan es un caos colorido, alegre, altamente sensitivo, que toma tiempo procesar. Tienen como “La Maga” (Rayuela_Cortázar) un desorden organizado, algo descontrolado a veces, algo bajo control en la zona de confort en la que Kevin se sienta en su sillón y hace nacer ideas, sabores, letras con aromas y texturas.
El ensamble que tienen, es tal que Liniers pinta lo que Kevin no dice y al revés, se nota la amistad que hay entre ellos, la conexión que hace que se pueda creer y crear. Una confianza y una mirada muy cercana, que despierta una chispa de humor sano al instante.
A uno y a otro les gusta celebrar la diferencia con varios personajes y géneros musicales. Aprenden y plasman su impronta, influenciados estampan algo único como este show. Ambos tienen un gusto por la palabra, las palabras bellas sobre todo, reemplazadas por melodías y por ilustraciones mostrando una versión tan humana, y natural que sacude, asombra, estremece, emociona y hace volar aviones por la sala.
El público se queda con esa belleza, con la luz, las canciones que se graban como una marca o señal, como una huella. Ejercitando conectores, los crean con ingenio, con una centella ingenua de infancia. Kevin habla mucho en sus letras de infancia, de sus idiomas, de conocer palabras y orígenes. Liniers a la vez ilustra infancia, cuentos cortos, de historietas que no se acaban, como no se acaban las historias cortas que Kevin cuenta en sus canciones. Aunque la noche tuvo un final, y no podía ser otro que un “Fin de fiesta”.
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