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Las avant premiere están marcadas por el ADN fijado en el alma de cada película. Si es un blockbuster, verá marcas; si es cine “culto”, una copita de vino; y si es una película nacional, encontrará amigos.
Porque lo que se hace con pulmón une, aglomera a quienes quieren lograrlo y los vuelve un equipo.
Ayer, luego de atravesar el centro del lobby esquivando a una carismática tarotista, sortear un par de jóvenes ávidos de pop y terminar de analizar la mesa del DJ, ataviada con elementos de brujería, logré justamente saludar a un par de amigos y nos adentramos en el mundo de Nath_666, la película de Jorge Pérez Rivero que se estrena este jueves 17 de setiembre de 2026 en la sala Nelly Goitiño.
El director nos escoltó con la mirada, casi paterna. Estábamos adentrándonos a conocer a su criatura y se notaba el entusiasmo en el joven elenco. Hay algo particularmente disfrutable en ese momento previo a una película nacional: todavía no sabemos demasiado de lo que vamos a ver, pero sí sabemos cuánto hay detrás de lo que estamos a punto de ver.
Y Nath_666 tiene bastante de eso.
La película nació originalmente como una serie web y fue filmada en 2022 en apenas 13 días acumulados, aprovechando tiempos libres y fines de semana. KNHO, la productora detrás del proyecto, surge además de un grupo de amigos vinculados al cine desde sus años de formación y que decidió volver a reunirse para hacer una película prácticamente sin fondos y con recursos mínimos.
Quizás por eso haya algo en Nath_666 que excede a la propia historia. Hay una película y hay, también, una forma de hacerla.
Jorge Pérez Rivero la define antes que nada como una película de personajes, más que como una historia de terror. Y esa definición resulta interesante porque el terror funciona acá como una puerta de entrada a otras búsquedas: las que tienen que ver con aquello que nos despierta curiosidad, con lo que escondemos, con aquello que puede acercarnos o alejarnos de nosotros mismos.
Natalia busca. Busca respuestas, busca experiencias, busca algo que compartir y, de alguna manera, también busca ser vista. Las redes sociales son parte de ese universo y el esoterismo es otra forma de canalizar esa curiosidad. El director contó que quería cruzar justamente esos dos mundos que veía tan presentes entre sus alumnos adolescentes: el esoterismo y las redes sociales.
Y ahí aparece una de las cosas que más me interesaron de la película: el terror no necesita estar permanentemente golpeando la puerta para hacerse presente.
Parece que el found footage le sienta bien al cine uruguayo, más cuando el guion se pone al servicio del artificio, haciendo que lo verosímil vaya intuitivamente tomando rumbos inesperados. La cámara no solamente registra lo que sucede: también forma parte de la experiencia. Estamos mirando aquello que los personajes están mirando, y esa cercanía consigue que determinadas situaciones tengan una incomodidad que probablemente perderían en una puesta más tradicional.
Pérez Rivero conoce bien el género y no lo esconde. En su propia declaración menciona La cinta McPherson y El proyecto de la bruja de Blair como referencias importantes para su relación con el found footage, particularmente por esa posibilidad de conseguir mucho con pocos recursos.
Y quizás ahí esté una de las mejores decisiones de la película: hacer que la precariedad juegue a favor del lenguaje y no solamente en contra de la producción.
Eso no significa que todo funcione.
Hay un par de “agujeritos” de guion que se perciben y que, por momentos, hacen que uno salga un poco de la experiencia. No alcanzan para arruinarla, pero están ahí y vale la pena señalarlos justamente porque la película consigue bastante cuando se mantiene dentro de sus propias reglas. Cuando esas reglas se resquebrajan, aunque sea brevemente, se nota.
Pero también sería injusto quedarse solamente con esas grietas.
Porque Nath_666 está bien actuada, está bien ejecutada y tiene algo que no siempre aparece con tanta claridad en producciones de este tipo: entusiasmo.
Se nota en el elenco. Se nota en la manera en que los personajes ocupan el espacio. Se nota incluso en la decisión de sostener planos largos que obligan a los jóvenes actores y actrices a permanecer dentro de una situación durante varios minutos, sin la posibilidad de esconderse detrás del montaje.
Hay un plano de aproximadamente ocho minutos que funciona casi como una prueba de resistencia para quienes están delante de cámara. Y también como una declaración de intenciones: acá hay un grupo de actores dispuesto a jugarse por la situación y un director dispuesto a dejarlos jugar.
No es un detalle menor.
El Festival Montevideo Fantástico reconoció justamente al elenco con una mención especial del jurado, además de otorgarle a la película el Premio del Público a Mejor Película Uruguaya. Antes había pasado por festivales de México, Perú y Chile y, en 2026, obtuvo el premio a Mejor Largometraje en el First Hermetic Film Festival de Venecia y una mención de honor en Los Ángeles.
Pero los premios son una consecuencia. Lo que importa es que, viendo la película, se entiende por qué el elenco puede ser uno de sus principales activos.
Y eso me lleva nuevamente a esa idea que aparece desde el comienzo: el equipo.
KNHO nació de amigos que estudiaban cine, que hacían cortos, que se separaron para continuar sus caminos y que años después volvieron a encontrarse para hacer otra película. De esa reunión salió la posibilidad de volver a jugar. Y Nath_666 es, en buena medida, el resultado de ese juego llevado hasta sus últimas consecuencias.
Hay algo muy uruguayo en eso.
No necesariamente porque la película sea de terror, ni porque transcurra en Montevideo, ni porque hable de redes sociales y brujería. Hay algo uruguayo en esa capacidad de juntarse, inventar una manera y hacer.
Quizás por eso, cuando uno sale de la sala, la película deja una pregunta que va un poco más allá de Natalia y de su mundo.

¿Qué pasaría si este equipo tuviera más herramientas?
Porque queda claro que el capital humano es uno de los mayores activos de un cine uruguayo que muchas veces trabaja con recursos limitados, pero que sigue encontrando la forma de poner una película delante de nosotros.
Y acá vuelvo a los amigos.
A esos que se juntaban a jugar al fútbol en la vereda con una pelota de trapo, armaban los equipos, discutían alguna falta, seguían jugando y al día siguiente volvían a encontrarse.
Nath_666 tiene algo de eso.
La pelota de trapo funciona.
Ahora queda la curiosidad —otra búsqueda, después de todo— de ver qué pasaría si este mismo equipo pudiera jugar alguna vez con una pelota profesional.