
Viernes 6 de setiembre 2024, a las 20.30 se jugaba en el Estadio Centenario el partido por eliminatorias Uruguay – Paraguay y luego se despedía de la selección nacional, Luis Suárez.
Esto motivó que el show de Morón y los intensos se adelantara para las 19 horas, con invitados y la promesa de terminar a tiempo para ver el partido.
Minutos antes de las 19 se convocó en la sala Hugo Balzo un público variopinto: todo tipo de edades; grupitos de amigos, gente que salía de trabajar, y familias varias.
Nos encontramos con una sala despojada de butacas: todo el piso era escenario, y al centro los instrumentos, micrófonos y parafernalia, “como una especie de ring” había anunciado Martín Morón en la previa, pero me lo había imaginado subido a una plataforma, no a ras del piso.
La gente se fue disponiendo alrededor, curiosa, bañada por una luz ultravioleta.
A la hora señalada empezó a sonar una ópera, creo “El barbero de Sevilla”, generando expectativa, y allí se presentó la banda integrada por Martín Morón, Pedro Alemany, Pablo “Chamaco” Abdala y Nicolás Varela.
No es usual ver un vocalista de banda con un trombón en la mano, pero eso fue exactamente lo que se presentó, intercalando canto, toque y baile, ataviado con unos zapatos bicolores de punta chata hacia arriba que llamaban curiosamente la atención.
Arrancaron con Tanto tiempo, el tema que da nombre a su tercer disco, para luego seguir con Estás en mí, y con la incorporación de Andrea Viera y Paulo Zuloaga en saxos comenzar Vos dirás que añadió en voces a Pedro Dalton “nuestro trovador preferido”. En una dinámica que se mantuvo casi todo el show, la banda recibió a cada invitado para cantar una canción propia y luego devolver la gentileza, cantando una del invitado, en este caso Antenas rubias que sonó muy bien acompañada de una iluminación que construyó una especie de capilla o lugar sagrado.
Morón describió la experiencia como “una inmensa alquimia” y debo coincidir en que la experiencia de escuchar buena música en vivo siempre es maravillosa, pero escuchar cerquita a los instrumentos de viento tiene algo que te genera una euforia, te transporta, te transforma físicamente. Para bien.
Siguiente invitada: Alfonsina y su guitarra, que traía sus propias fans, para cantar Casas unidas y Dos copas de. Versátil compositora y cantante, fue conmovedor verla tomar en brazos a su bebé entre canción y canción.
Es de destacar la impecable labor de los asistentes de escenario, reconocidos al final del espectáculo, junto a la producción, merecidamente. También el nivel de registro audiovisual, lo que supone alguna mega producción en breve.
El espectáculo venía siendo un concierto único e íntimo, accesible para todos en 360 grados, muy inusual e interesante.
En este momento Morón agradeció a la concurrencia: “qué difícil esquivar a Suárez” y solicitó ayuda para los coros de la siguiente canción que volvió a tener los saxos más la incorporación de Martín Buscaglia y su swing, que cantó a dúo Se duerme otra vez y Lirio, coreadas por todos.
Visita a Frágiles del primer disco El agujero para continuar con Nos dijimos todo donde se incorporó Pablo Silvera cargado de su explosiva energía y nuevamente los saxofonistas para Navidad.
Debo decir que ver tan de cerca al baterista tocar y bailar, fue realmente un privilegio. Añadido al placer de ver a un pequeño de 2/3 añitos bailar e imitar sus movimientos…
A puro vientos escuchamos Máquinas que fue seguido del tema de Bajo Fondo El Mareo, cantada por el mismísimo Fernando Santullo, para seguir con Como hacía el Enzo que logró un pequeño pogo entre el público más efervescente.
Antes de terminar el show con Como me alivia el viento (en hora, tal cual fue prometido) Morón agradeció la cuota extra de valentía de artistas y público por participar en un día futbolístico tan especial, y solicitó a los presentes que filmaran en formato horizontal para luego compartir ese registro en el drive https://drive.google.com/file/d/1C41kJqGVaFA-lj3l-Ipjn-jqW-2eoEgO para que ellos “hagan cositas”.
Al finalizar, un extenuado Martín nos permitió una breve entrevista y se declaró “con un gran alivio, porque por 2 días de locura se suponía que el partido era a la misma hora y no iba a querer venir nadie, ni los músicos, ni mi hijo”, así que ver el resultado le quitó un gran peso de encima. Una pena que no lo pudiese disfrutar como merece, realmente.
La banda sonó realmente muy bien, disfrutando cada momento. Con todos los invitados en círculo, se despide Morón y los intensos con gran energía, a las 20.20.
Nos vamos con una cuota extra de felicidad a recorrer una ciudad vacía y fantasmal, con la tranquilidad de que ningún 0 a 0 nos quitará la experiencia ese viernes.
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