
La ola de calor instalada como un asistente más en el 17 encuentro de músicos Jazz a la Calle habilita otra noche de aire libre, charlas, brindis, encuentros y reencuentros. No faltan en la fiesta los momentos para saludar a los músicos que se prestan gustosos a recibir las impresiones de lo que su arte genera, a responder consultas, en ocasiones iniciar amistades.
Algo similar sucede en los toques callejeros, donde disfrutamos un ensamble de jóvenes que se están conociendo y combinan sonidos y tradiciones. Batería, piano, trompeta y bandoneón, hacen dos candombes, antes de encarar algunos standards de los 40s y -con el agregado de bajo, saxo y pandeiro- se suman dos voces excelentes que cantan Fly me to the moon, o Hit the road Jack! con una soltura y un sentido del humor envidiable.
La manzana 20 es un espacio verde, con tres niveles producidos por un escalón largo, de ladrillos colocados de canto. Sobre el lado norte, de espaldas al río y a la luna gigantesca y brillante, el escenario sobrio y elegante es el centro de todas las miradas. El logo de este año, con una estética y una paleta de colores que recuerda a la de Yellow Submarine, ocupa el fondo, dando marco y luz a lo que ocurre. Sobre los costados dos pantallas permiten ver las imágenes en vivo que se transmitirán en el canal oficial de JALC en youtube.
El sonido, como cada año, es inmejorable. Amplificar -al aire libre, y en plena ciudad- un espectáculo donde se pasa de un dúo a una big band, no es tarea sencilla. Jamás entenderé los misterios del arte del sonido, ni su ciencia. Pero está hecho de tal forma que permite generar la intimidad más grande, o la expansión de la fiesta. La iluminación como cada año, delicada y sobria, toma la paleta de colores del logo. Planificada además para las necesidades de cada día
Anoche, sobre la izquierda estaba el Kawai y el Yamaha desde los que Hernán Jacinto fue cocinando el sonido que camina a la par de la guitarra y la voz del brasileño Fabio Cadore. El paulista estuvo aquí por primera vez hace 15 años, y el cariño por la ciudad estuvo presente durante toda la actuación. Tras el tema inicial, pasaron por Acto 1, que juega con los dos idiomas, y que es de las primeras composiciones del dúo.
Recorrieron clásicos, como una versión juguetona y apurada de Desafinado de Jobim, a la que no le faltó sentido del humor. Porque a los clásicos, cuando el talento sobra, los músicos los pueden poner a chivear, como niños jugando con agua en medio del calor de la tarde. Paixao solar dio lugar a que comentaran cómo estos tiempos que corren permiten componer a distancia. Maravillas de la tecnología.
Ella dice que la sonoridad del dúo nos instala en algún lugar donde habitan Djavan, Paulinho Moska, Gilberto Gil y donde Pedro Aznar sería siempre un invitado. Yo le creo.
El toque de Cadore te coloca en los oídos una percusión que no está, pero se escucha. El piano de de Jacinto da la tónica sin invadir, teje una trama delicadísima, que no renuncia jamás a las raíces tangueras aunque juega sin complejos en ritmos cariocas o bahianos. Un piano que puede pasar de la zamba al samba como quien camina por las arenas de Los Arrayanes, al otro lado del río.
Instalados en una celebración intimista, convocaron a Ramiro Flores que con su saxo coloreó un poco de río.
Llegando al cierre, hicieron una versión preciosa de Seus olhos se fecharon, así como lo está leyendo, en portugués. Porque, lo sabemos, Gardel cada día canta mejor. Ella dice que prefiere la versión del tacuaremboense inmortal. Para el bis, reservaron Mi elemento, del flaco Spinetta,
Antes de tocar y cantar en Mercedes, lo habían estado haciendo en Costa Rica. Hoy ya están en el este, haciendo un minitour uruguayo.
La Orquesta de JALC inició su presentación dirigida por Alan Plachta, quien fue presentando a los músicos entre tema y tema. Es el tercer año de vida de la orquesta, y anoche tocaron con muchísimos invitados, de Argentina (Buenos Aires, Rosario) y Costa Rica.
Iniciaron con un inédito –Trigo, de Guillermo Klein– y continuaron con Otra así de Nicolás Ibarburu, está vez con Agustín Pardo en la dirección. Entre tema y tema, el escenario es un desfile de músicos que entran y salen. La orquesta trabaja como la escuela, combinando ritmos, estilos, haciendo lugar al jazz más tradicional, al candombe y cuanta música se cruce. En medio del disfrute se pueden palpar las horas y horas de trabajo y dedicación que cada músico pone a su formación. No en vano, anoche hicieron dos candombes compuestos para una orquesta de Hamburgo, con la participación de Tigran Tatevosyan que estará el sábado con su trío.
Después de una hora completa de música, la noche se cerró en clima de fiesta.
Hoy veremos a Eloá Gonçalves trío de Brasil
y a Agustín Scala Quinteto, de Argentina












































