
Montevideo, 10 de enero 2025
4:30 am
Ojos ya abiertos aunque no del todo, valijas y playeras cargadas en el baúl. Playlist, mate pronto y a la espera. Ella y yo subimos al taxi. Un hombre de unos 50 y poco nos lleva por Bulevar Artigas rumbo a Tres Cruces.
—¿Vacaciones? —pregunta a modo de saludo mañanero.
—¡Sí! ¡Una semanita!
—Va a hacer calor, dicen. Precioso para irse a la playa.
—Mercedes, amigo. Vamos a Mercedes.
—¿Hay playa ahí?
—De río, preciosa. Pero nosotros vamos al Jazz a la calle.
—¡Ah! Va siempre gente para ahí por estas fechas.
—Sí señor. Ya es nuestra tercera vez.
—¡Que lo disfruten!
Montevideo, el mismo 10 de enero pero 5:30 am
El ómnibus inicia su trayecto para salir de la ciudad y tomar la ruta 1. En Rosario, la ruta 2 nos llevará hacia el norte. Las pocas nubes se tiñen de un rosa que luego será blanco brillante en un cielo limpio como pocas veces.
El 17mo Encuentro de Jazz a la calle comienza hoy sábado a las 22 horas. Abrirá la Orquesta de la escuela Jazz a la Calle. Las veces anteriores que la vimos, hizo versiones preciosas de los standards de las décadas del 30 y el 40. Big Band, muchos vientos, y espacios para que cada músico pueda destacarse y ser especialmente aplaudido mientras solea frente a audiencias donde melómanos de todas las edades y de varios países disfrutan sentados en playeras, pareos, o derecho viejo, se paran a bailar bajo las estrellas. Nada más importa.
Quién sabe con qué se despacharán hoy.
La luna se anuncia llena para el lunes, pero desde anoche reina en el cielo. Trepa sin apuro por encima del Río Negro que serpentea manso desde alguna sierra en el Brasil, hasta fundirse, un poco al oeste de Mercedes, en el Uruguay.
Los mercedarios lo sabemos desde el nacimiento: El río no está “cerca”, el río “es” la ciudad. Lo aprendemos cada verano, cuando es la única salvación de estos calores húmedos que invaden nuestra tranquila aldea apretada entre el cerro y la costa, en una hondonada larga y gentil. Lo sufrimos cada dos o tres inviernos cuando el río se desmadra y sube sin conmiseración ocupando toda la rambla, y dos o tres calles paralelas.
A diferencia del mar, que está siempre llegando, el río es un compañero que viaja sin detenerse, a tu lado. Se vuelve parte del cuerpo, como las arterias y las venas. Con sus humores, como todo compañero, como el mate bien cebado o un cigarro mañanero, puede provocarte un buen susto o un ataque de risa, o de tos, pero siempre está allí.
El sonido del mar es el del trueno apagado, el del río el del suave golpetear de los dedos sobre un cuero.
Mercedes, 10 de enero 2025
23 hs
La estela de la luna sobre el río, más negro y más brillante que nunca es una delicia. En la playlist que acompaña el vino suenan Mingus, Brubeck, Rollins. Ella dice que la estela de la luna es como un éxodo de pececitos que se aleja hacia otra dimensión. Yo miro el puente al este de la ciudad, los camiones que pasan cada tanto. Comparo luminosidades. Recuerdo noches enteras de caminatas invernales o conversaciones caña en mano hasta bien entrada la madrugada.
Jazz a la calle es la excusa que me dio la vida para volver siempre a ese río, donde sin dejar de moverse, siguen firmemente ancladas mis raíces.
Mercedes, 10 de enero 2025
10 a.m
—Bienvenidos —el hombre al volante tiene sesenta años ya bien entrados. Recién afeitado, despliega, sin mirarnos sus encantos de anfitrión.
—Roosevelt y Brasil. Si es que se siguen llamando así —digo, creyendo que diez palabras alcanzan para mostrar que uno conoce, aunque sea a todas vistas un recién llegado.
—Ahora es Wilson Ferreira Aldunate ¿ha venido antes?
—Nacido y criado, aunque hace años que no vivo acá.
—¡Ah!
Ella acota que, para ser Mercedes, casi que ni calor hace. La brisa está preciosa.
—Sí —confirma él— todavía está respirable. Pero, cuando aprieta la calor… aprieta. ¿vacaciones?
—Unos días.
—Acá tienen la playa, y algún paseo. El Castillo Mauá, alguna ida a Villa Soriano o a Fray Bentos, si avisan con un día, les puedo hacer precio.
—Vamos a estar acá nomás.
—Será playa entonces. Porque, mucho no hay… Aunque ahora está el bicharraco ese. Yo no entiendo. Se juntan de todos lados y tocan. Pero yo nunca entiendo eso que tocan.
El coche se detiene a metros de la sede del Racing.
El bicharraco este, nos espera.
Les dejo un adelanto de lo que podremos ver y escuchar hoy. Mañana seguimos.










































